Desde principios de siglo se han investigado muy intensamente las capacidades mentales de los seres humanos.
Desde principios de siglo se han investigado muy intensamente las capacidades mentales de los seres humanos y así se han englobado bajo el término de fenómenos PSI toda una serie de manifestaciones extrasensoriales de las cuales la telepatía, la precognición, la retrocognición y los fenómenos paranormales son las más conocidas.
Se trata, en definitiva, del desarrollo de capacidades mentales si bien éstas no tienen por qué estar necesariamente unidas a un desarrollo intelectual sino al de las áreas del inconsciente y subconsciente.
Se pueden desarrollar estas percepciones con ejercicios que faciliten la anulación temporal del consciente, es decir, relajar la parte racional sin ponerla en primer lugar y tratar de percibir del ambiente las energías que en él se mueven.
Según parece, el principal handicap para que estas facultades se desarrollen no está tanto en practicar ejercicios para aprender lo nuevo como en desaprender lo viejo. La conciencia actual de que el mundo real está encuadrado dentro de las tres dimensiones y que los acontecimientos se desarrollan de forma lineal, que el pasado conduce al presente y éste desemboca en el futuro, que la materia obedece sólo a unas determinadas leyes que rigen en el Universo, es el marco de referencia donde nos movemos. Admitir la Teoría de la Relatividad de Einstein -donde se plantea la posibilidad de una cuarta dimensión espacio-temporal- o que el Universo no está compuesto por materia sólida -como postula la Física Cuántica- supone un salto difícil de dar para cualquier persona de nuestro tiempo, máxime cuando desde que nacemos todo el sistema educativo está encaminado a desarrollar nuestra capacidad razonadora (hemisferio izquierdo).
Admitir la posibilidad de "ver" sin utilizar los ojos físicos, de "trasladarse" a otro lugar u otro tiempo sin moverse del sitio, de "percibir" a través de otros órganos que no son los sentidos, etc., es un reto difícil de superar. Es decir, se considera normal a toda persona capaz de reproducir exactamente el mundo objetivo externo admitido por la ciencia newtoniana y todo lo que se sale de ahí se interpreta como una imaginación desbocada o un trastorno mental.
Es probable, en cualquier caso, que en los próximos años asistamos al descubrimiento de nuevos paradigmas científicos que tengan repercusión inmediata en nuestra vida cotidiana y nos proporcionen el nacimiento de una nueva visión del Universo, de la Naturaleza y, por supuesto, del psiquismo humano.