13 Jun, 2008 - 12:06:28
En este momento es cuando comenzamos a reorganizar nuestra existencia desde una perspectiva diferente, en la que deberíamos situarnos a nosotros mismos en el epicentro. Sin embargo, esta etapa puede ser peligrosa, porque muchos tienden a asimilarla con el libertinaje y el “todo vale”. Y aunque el refranero popular suela ser muy sabio, no siempre un clavo saca otro clavo…
Los cambios bruscos van a caracterizar el momento en el que el duelo ya está desapareciendo. Aquellas personas a las que la ruptura no sólo haya significado el fin de la pareja sino también el de la convivencia, se enfrentan a muchos otros cambios, desde económicos hasta de vivienda, pasando por amistades, familia…
Pero poco a poco, las aguas van volviendo a su cauce y la situación se normaliza. Todo es cuestión de tiempo. Y de apoyos. El contar con un grupo de personas (si es reducido, pero de mucha confianza, mejor que mejor) a nuestro alrededor, será muy útil para poder superar los duros momentos a los que nos tendremos que enfrentar.
No sólo vamos a necesitar un hombro sobre el que llorar, sino buenos consejeros que nos muestren la realidad tal y como es, que no nos digan sólo lo que queremos oír, sino lo que debemos, que sepan ponerse en nuestra situación pero que tengan la suficiente perspectiva como para ver las cosas con distancia. Que nos distraigan, pero que no nos inciten a poner “parches” a nuestros sentimientos en vez de procurar cortar el problema de raíz. Además, será bueno que, con la distancia que sólo el tiempo puede dar, sepamos quedarnos con la parte positiva de lo pasó.
Se recomienda también que retomemos antiguos hábitos que habíamos dejado aparcados, que viajemos, que intentemos conocer a gente nueva y que volvamos a buscarnos a nosotros mismos.
Y es que, una mala experiencia sentimental no tiene porqué significar que le cerremos, definitivamente, las puertas al amor.
Fuente: Con información de: www.hoymujer.com, mujer.com