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Fotografia
El azar en la fotografía de José Manuel Mayorga
26 Ene, 2009 - 14:32:38

La mirada del chapín flota sin posarse sino inesperadamente

En la XVI Bienal de Arte Paiz del 2008 se expusieron, en el parque Centenario, unas grandes fotos de la vida de ese centro de reunión de la comunidad capitalina, con sus desfiles, sus festividades, su ir y venir de gentes. En ellas aparecen escenas de la vida diaria, de lo que le acontece a las personas entre vendedores, adivinos, predicadores, carteristas, policías, soldados, a las sombras de los edificios.

En un primer momento se pensó que estas fotos pronto iban a ser rasgadas, robadas, o destruidas de alguna forma. Pasaron los días y la obra permaneció el tiempo que se había planificado para ser apreciadas.

Las fotografías resultaron ilesas, nadie las tocó y diariamente se miraba a los transeúntes admirar y reconocerse de alguna manera como parte del paisaje. El fotógrafo era José Manuel Mayorga Saravia, y su mirada se había posado en un niño que corre entre los soldados, una reina engalanada, unos hombres jóvenes, parejas en romance…en el paisaje sin ninguna otra cosa más que las personas y sus actividades. Las que han de ser vistas y formar parte del anónimo presente, de lo genérico, perdiéndose dentro de la muchedumbre de lo urbano, de la ciudad con sus espacios trasformados en brechas, en estelas que apuntan a lo desconocido. Mayorga capta momentos cotidianos donde la vida transcurre en su simpleza.

El pavo real durante la XVI Bienal de Arte Paiz.

El equipo de Edyma, 2007. Proyecto Mundo Cápitol.

El tiempo presente, Bienal Paiz XVI, 2008.
 
No los compone sino registra con ironía la complejidad de las aglomeraciones de la gente, de las cosas o su interactuación. La invitación es hacia esa parte casual en que nuestra mirada se detiene porque allí hay algo que nos desdice o dice cómo vivimos en esta ciudad abigarrada, plena de contradicciones y rutas extraviadas que al final se reducen a una apariencia, que también es transparencia de todo la trasformación que se experimenta. Hacia esos segundos que muestran el incesante movimiento, la lucha del día a día que cambia, innova pero también desencaja, interpreta, vuelve a inventar.

José M. Mayorga comienza a mostrar sus fotografías a un público abierto en el 2005, en la exposición Impresiones de New York. Desde esa serie ya se advierte su intención por compartir una imagen del paisaje: un corredor sobre la orilla sur de Central Park, los anuncios de Broadway, una mujer tras su capucha de invierno…

La libertad con que José hace sus fotos es más fiel a sus descubrimientos mismos como persona, que a alguna estética o idea preconcebida. Precisamente ahí está su punto, él muestra su propia inquietud.

Sus imágenes son un fruto del azar de la mirada y del capricho relacionado con el deseo. Aquí el deseo revela lo difícil de su aprehensión y lo desesperado de su búsqueda. En el 2007 presentó Revisitaciones.

Tarjetas de visita de la ciudad capital 1992-2006. Una vuelta a las tradicionales tarjetas de visita, que antecedieron devuelve como una revista de su mirada por la ciudad de Guatemala. Además, los textos o nombres que acompañan a las fotos muestran un sentido del humor que transforma la percepción sobre la realidad reflejada, de otra forma resultaría extrañas o dolorosas: Un calcomanía del Che Guevara bajo la marca de Toyota, sobre un carro, dice ¡Con una gota Che!, y un niño dormido, sobre las piernas de un adulto preso de la historia, en el Palacio Nacional, se titula Día de la Revolución , como una manera sutil de enmarcar el devenir del tiempo que ha negado la revolución. Esta colección presentada en la galería Sol del Río es como un juego de cartas, un juego de la suerte. Ella resume todo el sentido que tiene su fotografía: La casualidad de posar la mirada, de posibilitar la coincidencia, y así descubrir lo eventual que llena el espacio. José Manuel en esta serie nos habla de cómo ese albur dispone del espacio y también de la historia. La vida con su diversidad aparece y este resultado es el que se encuentra en las imágenes.

Este documentalista de lo cotidiano, en el año 2008, fue invitado por Thelma Álvarez-Lobo a formar parte del equipo de trabajo de Mundo Cápitol. Este proyecto que intentó hacer un trabajo multidisciplinario, tuvo como objetivo hacer un registro de la vida diaria de este centro comercial, una manera de reflejar la diversidad y las trasformaciones a que está sujeta la sociedad y el mundo contemporáneo.

El resultado de este estudio fue mostrado en el Artecentro Graciela Andrade de Paiz. Esta vez, José mostró de nuevo la habilidad de su lente vagabundo, que habla de los universos posibles, el mundo que se viste y trasviste, que se esconde y al mismo tiempo se exhibe. Además, este trabajo evidenció que en la experiencia urbana de Guatemala existen estos puntos de eclosión en donde nuevas maneras de coexistencia se evidencian. A través de sus fotos nos encontramos ante una ebullición de nostalgia y descubrimiento de lo que emerge, se quiera o no, que debe entenderse entre la extravagancia y la lucha que genera la sobrevivencia. En suma, el trabajo fotográfico de estos escasos tres años de José Manuel Mayorga es de una dedicación por tratar de encontrar el equilibrio entre lo fugaz y lo perdurable, entre lo aparente y el tumulto de fenómenos que se esconden detrás. Todo esto bajo ese sino que el azar determina junto al deseo. Dos cosas contradictorias que en este fotógrafo se convierten en una unidad que tiene que ver con la exterioridad, o el mundo.

Lo relacionado con la mirada es paisaje, como dijera Jim Dine en una entrevista sobre Pop Art. Por eso él encontraba extraordinaria la pintura de Edward Hopper, las gasolineras, los domingos por las mañanas, la calles ruidosos, eran el objeto de sus pinturas y eso lo acercaba al por art. En alguna medida hay en esto un conocimiento de de las cosas y las situaciones, un conocimiento exterior. En su comentario también hacía alusión a que ese paisaje comienza a cerrarse por exceso del consumismo y la violencia con que se presenta su artificialidad. Los que trabajan con él tienen que resistirse. A José lo encuentro aquí, en esa búsqueda de que el paisaje no se cierre sobre sí mismo, que nos deje entablar un acercamiento al sentido del humor, al tránsito de un lugar a otro lugar y de allí a otros seres que deambulan, haciendo de la imagen una articulación hacia una mirada menos deshumanizada.

Fuente: dca.gob.gt


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