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Arte y Cultura > Fotografia  

Viaje al sol o la estética de lo mismo
02 Mar, 2009 - 17:00:19
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La mirada del extraño en la fotografía sobre América Latina

El 7 de febrero fue inaugurada, en el Centro de Formación de la Cooperación Española en Antigua Guatemala,

la exposición del proyecto fotográfico de Juan Manuel Castro Prieto, Perú, Viaje al Sol, que terminará para seguir su viaje el 29 de marzo. Se exponen 81 fotografías sobre el Perú, sus poblados, sus gentes.

Lo que la muestra expone es una técnica fotográfica impecable, difícil de manejar, que requiere de una habilidad y experiencia extraordinaria. Juan Manuel Castro Prieto ha sido un reconocido impresor de los negativos de otros famosos fotógrafos, de allí que fuera contratado para hacer los positivos del excepcional fotógrafo peruano Martín Chamba (1891-1979), en 1990. Este trabajo lo llevó en 11 ocasiones a Perú y lo acercó a la estética del maestro, e inevitablemente, a la imagen de América Latina que ha contribuido en mucho a formar la fotografía.

Un poco de historia
La fotografía en Latinoamérica ha tenido una larga historia. En 1805 Esteban Martínez logró por medio de una cámara oscura y solución de plata sobre una plancha de metal reproducir la fachada de la iglesia de Santo

Domingo, en México. En los mementos en que Daguerre inscribía el invento de la fotografía, a principios de 1939, atribuida a Nicephore Niépce, Esteban Martínez realizaba dibujos fotogénicos, como los llamó, utilizando la luz solar. Previamente a estos experimentos aislados, en Brasil, según Boris Koosoy, el francés Hércules Florence en 1933 logró realizar impresiones fotográficas sobre papel. Es decir, la fotografía, cuando llega con el daguerrotipo en diciembre de 1839, a Veracruz, ya tenía sus propios antecedentes en América. En el mismo año Ángel Calderón de la Barca , nacido en Buenos Aires, realizó daguerrotipos en La Habana y México. El nuevo invento llegó a Brasil en 1940, a partir de ese momento la fotografía se instala en el Continente. El invento tendría una historia ganada en Latino América, documentó la “llegada del progreso”, el desarrollo de las nuevas ciudades, la exuberancia del paisaje, los grupos étnicos, las guerras, la mirada de científicos y viajeros. La fotografía ha tenido siempre una vinculación íntima con la tecnología y con los negocios, debido al valor testimonial del registro.

La fotografía llega a Colombia y al Perú en 1842, país que nos interesa, por obra de Maximiliano Danti. Los primeros en ser atraídos fueron los pintores, sobre todo los retratistas, por ejemplo en Colombia, casi todos los fotógrafos eran pintores. Por eso pronto fue sustituido el retrato pintado por la fotografía. Esto hizo proferir a Diego Rivera: “Estoy seguro que si don Diego Velázquez volviera a nacer sería fotógrafo”. La mayoría de los fotógrafos de aquellos años eran extranjeros. La curiosidad y el afán de mostrar lo desconocido, o lo nuevo ante sus ojos, hizo que fuera un encuentro revelador para un mundo que apenas se gestaba. Ellos también dieron a conocer la arquitectura de las civilizaciones precolombinas y sus objetos de culto, al mismo tiempo que forjaron una imagen muchas veces manipulada de un lugar que apenas se comprendía. La comercialización de las postales y los daguerrotipos hizo que se comenzara a ver este lado de la Tierra. A veces las fotos se tomaban en

Guatemala, por ejemplo, pero eran producidas en París. Las postales de Perú y Bolivia, del arequipeño Max T. Vargas (maestro de Martín Chambi) eran editadas en Alemania. En esta expansión de la visión de Latinoamérica cabe señalar la importancia que tuvieron los antropólogos en sus inicios, tal es el caso de Charnay, Catherwood, Squier y Waldeck, que dieron a conocer la vida de los habitantes, sus rasgos principales, sus espacios habitados y los paisajes que los circundaban, desde un punto de vista más objetivo.

Fotógrafos como W. Oliver en Chile, H. C. White en Cuba y Rosauer en Argentina contribuyeron a formar una imagen del continente, marcada por las costumbres, que devino durante gran parte del siglo XX en un estereotipo.

De esta manera se agolpan miles de fotografías en una misma línea temática desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Ahí están Maudsley, Francisco Luis Rayo, Guismondi, Valdeavellano, Hugo Brehme, Valleto, Wilfredo Layza, C. Jordi, Paul Strand, los hermanos Vargas y Martín Chambi.

Tanto Chambi como Strand practicaron, desde diferentes puntos, lo que Strand llamaba la foto directa, una captación del ambiente y su poesía. Esta fotografía “honrada, sin trucos ni manipulaciones” también fue impulsaba por Tina Modotti.

El siglo XX trajo años de ebullición fotográfica para Latino América. Los hermanos Vargas en el Perú (Max construía los equipos al carecer de suficiente dinero para mandarlas a traer del exterior) formaron el grupo Aquelarre que junto a José Santos Chocano y Abraham Valdelomar, insistieron en captar más “la espiritualidad de la personas antes que el aspecto propio de cada figura.”

La fotografía en América Latina está llena de esas figuraciones testimoniales, etnográficas, geográficas, naturalistas, retratos que nos han llevado a grandes fotógrafos. Hace unos escasos días el Instituto Guatemalteco

Americano mostraba el documento fotográfico de los músicos de Todos los Santos, de Hans Namuth, quien desde 1946 a 1987 visitó Huehuetenango y retrató a sus artistas. Igual lo han hecho muchos otros, como dice Daniel Chauche, fotógrafo franco-estadounidense radicado en nuestro país desde finales de los 70, “existe una buena cantidad de grandes fotógrafos que han trabajado en Guatemala y que se desconocen”.

Lo mismo ha de suceder en muchos otros países del Continente, eso más o menos lo sacó a la luz, hace poco, la exposición Laberinto de Miradas, curada por Claudi Carreras, que también estuvo en el Centro de Formación de la Cooperación Española.

Sin embargo, todavía se le da espacio, dentro de este repertorio, a un tipo de fotografía extranjerizante, que mira al otro a través de la distancia y devuelve su incomprensión ante lo que ve, en estética. Este es el caso de José Manuel Castro Prieto, otro de los fotógrafos actuales que se debate entre el arte y la técnica, y busca una idealización conceptual que lo haga artista, como si su arte no fuera la técnica.

Fotografía

Las fotos de Juan
Manuel Castro Prieto
La exposición de Castro Prieto abre con dos retratos, un hombre, Hombre de Callacancha, y una mujer, La señora Cartagena, que bien pueden ser de cualquier meseta del altiplano suramericano, en ellos se destacan los rasgos indígenas que habitan toda la Mesoamérica , desde México a Bolivia y parte de Chile incluso. Luego en la sala principal llama la atención la fotografía de la carretera de Nazca, Otras líneas de Nazca, con su asfalto garrapateado, señalado por los viajeros, por donde un carro pasa. Esta imagen bien podría confundirse con las carreteras del norte de México donde la gente también deja su nombre como trazo mágico que le permitirá sobrevivir el paso de la frontera. En la foto del Lago Titicaca es impresionante no advertir el tipo de barca, pareciera cualquier lugar del mundo donde se desplaza la gente a fuerza del viento. Otra foto que se convierte en un lugar común, por parecerse a muchos de los caminos que rodean un pueblo de cualquiera de nuestros altiplanos, es la titulada Hacia Machu-Pichu: La carretera angosta, el pavimento húmedo y el caminante solitario con su chamarra, a la vera del camino las casas pobres nos remiten a un entorno cercano, quizá guatemalteco. Igual el Perro flaco, que no podría ser jamás solamente del Perú, sino de todo estos países tercermundistas donde el mejor amigo del hombre y la humanidad misma tienen hambre y están olvidados para trabajos peores que posar. Igual la Niña embozada, la Escuela de la Jalca , La orquesta de Chinchero, las Vías de Tinta, Sipán, Pavo Gerente, la Maja de Belén, la Familia de Ninamarca, la Iglesia Evangélica de la Jalca y el Niño de la llave, sobre un lodazal del camino. Todas estas fotos podrían ser de cualquier parte del mundo empobrecido y olvidado de Latino América, o de otros lugares, Europa del este, Asia o el Tibet.

De las 81 fotos de perfecta factura, solamente Compartiendo coca, Barquero del Titicaca, La casa de María Reiche, El Colibrí de Nazca, Corazón del Perú, La noche de Iquitos, Cholas Pilsen y Huiloc, nos sitúan en el Perú, en uno de sus bosques, en el Titicaca, en el trabajo de Maria Reiche, en la extrañeza del Nazca. Y queremos indagar qué pasó con las demás 73. Un 90% de las fotos hablan de lo mismo, plasman lo que sucede en todas las partes del mundo pobre, convierten a esos pueblos que han de tener sus diferencias, sus contrastes en relación con otros altiplanos, en un estereotipo, una constante de la superficie, que bajo una exquisita técnica, sigue escondiendo las particularidades y el carácter de cada lugar en el mundo.

No se descubre un ápice más. Es muy corto el camino al sol, no parece sino un pueblo visitado por un turista que sabe de fotografía, pero que nunca deja clara su posición de turista, de gente de paso, y va armando alboroto y despertando la curiosidad por sus 440 libras de aparato fotográfico. Otra vez la fuerza gravitatoria de convertir todo en lo mismo, otra vez la presentación de las condiciones de pobreza, pasándolas como exotismo, convirtiéndolas en un folklor que se mira como una estética. Algo que se comprende desde un ojo que arranca hasta la verdad de estos fenómenos sociales y los cubre, los envuelve en la visión de una mirada estetizante, los vela, y en esa veladura descubre que cada lugar padece lo mismo.

Fuente: amazings.com


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