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Deportes : Basquetbol  

El undécimo cielo (III)
05 Jun, 2008 - 11:47:00
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Nunca unas Finales de la NBA lo fueron sin sus verdaderos protagonistas. Ellos son los naturales sucesores de la incontable pléyade de figuras que enfrentó a lo largo de tres décadas diferentes a las dos franquicias más emblemáticas en la historia del Baloncesto profesional americano.

Además del asalto al anillo, todos al completo saltarán a pista sabiendo de la poderosa presión que continúa ejerciendo el pasado sobre esas camisetas sagradas que toca defender, una vez más, en el escenario ideal para el que fueron diseñadas.

Allen
Ninguno de los presentes atravesó peor calvario para llegar hasta aquí. No se verá libre de la lupa a que se ha hecho acreedor. Sus dos últimos partidos ante Detroit han sugerido que lo peor ya pasó. Es necesario. Porque resulta imposible pensar que los Celtics puedan hacerse con el título 1) con la sombra que en mayo ha llegado a ser o 2) sentado por ese motivo. No cabe mejor revancha para lo ocurrido que cumplir en estas series, que es lo mismo que decir que recuperar al Ray Allen de toda la vida. Su forma física es asombrosa y técnicamente sigue siendo la misma delicia de siempre. Ray se ha visto atrapado en un abismo psicológico y a nadie como a él debería haber favorecido más esta semana de descanso. Los Celtics necesitan perímetro vivo, acciones de falta para tiros libres y ayudas en el marcaje a Bryant y los pequeños amarillos. Los Celtics necesitan a Ray Allen.

Brown
A sus 38 años y mil batallas recorridas P.J. está recordando una vez más que el equipo que se hace con sus servicios acierta. Jamás hubo Finales -y muy en especial en esta década- libres de juego estático y duro, de isolation y confusión bajo tableros, de colisión interior y trinchera. En esos minutos P.J. Brown será una de las piezas más importantes de los diez jugadores en pista. El recuerdo de Kevin Willis debiera proseguir con él. No es posible visitar tus primeras Finales cerca de los cuarenta años y salir muerto sin haber matado antes. Odom y Gasol sufrirán en sus carnes lo que ello significa.

Bryant
Ya la prensa se ha apresurado a recordar que no hay ningún jugador a quien estas series pueda redimir en igual grado que a Kobe Bryant. Liderar a su equipo al anillo. Liderarlo él, sin Shaq a su lado. Kobe nació para este momento. Y hasta llegar aquí ha desplegado en mes y medio su camino soñado. A través además de su doble versión. Sus 39 puntos en el partido decisivo ante San Antonio son la mayor cantidad anotada por un jugador angelino en unas WCF desde que en 1973 Gail Goodrich hiciera 44 a los Warriors para colar a los suyos en las terceras Finales de la década. Bryant no ha perdido un solo ápice de su poder anotador precisamente cuando menos motivos tiene para abusar de él. "He has a lot more faith in his teammate now", reconocía Winter cuando sabe que por fin los tiene. Sobre ese doble máximo presupuesto tan sólo puede frustrar a Bryant su sueño una matemática defensiva verde muy próxima a la que sufrió James.

Caso de alcanzar el anillo con un Bryant a la altura, la cima mental con la que no deja de soñar y que sigue teniendo a Jordan como objeto de superación habrá escalado suficientes enteros. Con él, hay demasiado en juego y tan sólo una cosa clara: hasta Boston no habrá conocido una tortura igual. "Apply pressure on Kobe", titula ya la pizarra verde.

Cassell
Una de las biografías más extrañas de la historia. Campeón de la NBA en sus dos primeras temporadas -antológica su sonrisa de 'novato' en los tiros libres decisivos en el Madison- se encuentra nada menos que 13 años después con un último cielo que llevarse al recuerdo. Sólo que nunca como ahora habíamos visto a Cassell tan castigado, falto de forma e inusualmente fuera de lugar. Pero sigue siendo, a sus 38 años si es que alguna vez tuvo menos, uno de esos carísimos killers a quienes no parecen pesar los errores cometidos si de consumar un par de tiros decisivos se trata. Rivers lo sabe aun cuando el viejo Sam se haya convertido en un problema de pista en algún partido de la serie. Cassell es siempre un recurso y no habrá mejor forma de calibrar la marcha de la serie que su discurrir de banquillo, donde sigue pareciendo el novato que nunca fue.

Farmar
No hay mejor prueba de los distintos caracteres de Jackson y Rivers que Jordan Farmar. De haber sido verde, su presencia ante San Antonio habría corrido serio peligro. Como es pupilo de Jackson, generoso de confianza en su propio provecho, tuvo ocasión de renacer ante los Spurs de su depresión de juego ante Utah. El pequeño Farmar, de piernas y hormonas parejas a Rondo, es el antídoto ideal contra el férreo juego posicional que tratarán de instalar los Celtics en su beneficio. De la segunda unidad angelina el más duro examen volverá a ser para él.

Fisher
Esta brillante actualización de Lionel Hollins, objeto de adoración por los grandes técnicos, es la viva imagen del factor seguridad allá donde ha prestado servicios. Incluso atraviesa un momento de mayor peso en el equipo que en los años de la trilogía. Se mostró extrañamante precipitado y fallón en la serie ante San Antonio cuando venía de cumplir con creces ante sus ex de Utah, una vez más molesto ante bases rápidos y verticales. Pero con Fisher no caben fallos sin motivo. Sabía que el slow pace favorecía a los texanos y actuó de vanguardia a la ruptura por velocidad. Con marcadores igualados Fisher es el segundo cerebro angelino, el jugador más importante del perímetro si Bryant no puede recibir y la posesión se agota. Sobreviene ahora un nuevo problema a su brillante carrera: las jóvenes piernas de Rondo.

Garnett
Hay demasiadas razones que invitan a pensar que estamos ante el jugador de estas series, el auténtico protagonista del undécimo cielo, los hombros de las Finales, la figura ideal del legendario espíritu verde, el sueño del anillo número 17, el jugador sobre el que recaen toneladas de historia, tan firmemente comprometido con el momento más crucial de su vida que hasta los Celtics han exprimido el simbolismo concediéndole un hermoso tete-a-tete con Bill Russell estas últimas semanas.

Todos y cada uno de sus cerca de mil partidos disputados, todos y cada uno de sus innumerables gestos, los océanos de sudor derramados y la vuelta al mundo de un lado a otro de pista; sus sueños del rabioso niño que nunca dejó de ser, los deseos de sus miles de seguidores y los de sus miles de detractores, adquieren por fin sentido a partir de este momento. ¿Un perfil técnico de Garnett? ¿Aquí y ahora? Ya lo será a partir del salto inicial. No es éste el momento. Bastaba contemplar su narcosis sobre el mismísimo parqué del Palace una vez había consumado su primera parte del sueño. Force. Passion. Expression. Desire. Eso fue siempre Kevin Garnett. Sólo que ahora todo ello se eleva al cubo.

Garnett habría vendido su alma al diablo por contar con una tercera parte de lo que Bryant ya dispone. Por eso no son comparables ambas presencias en estas Finales. A la Historia pesará más la de Garnett, cabeza visible del ardiente deseo de toda una plantilla de veteranos sin corona diseñada para un único asalto al anillo. Y muy en especial, para el suyo.

Gasol
Aunque todas las portadas de este país le hubieran sido dedicadas desde el día mismo que se supo la noticia, aun esa atención habría quedado corta. Que un jugador español dispute como titular unas Finales de la NBA (Celtics-Lakers para mayor colmo), en todos aquellos nacidos antes de 1975, debería ser el equivalente a que un nacional pusiera sus pies en la Luna. Mucho ha debido de avanzar el deporte español para no darnos cuenta exacta de semejante hazaña.

En menos de un mes Gasol se habrá medido a los dos mejores interiores del planeta. En su fuero interno tiene que estar luchando tanto a favor del anillo como contra esa vulgar etiqueta de soft que más de una voz le atribuye. Como apuntaban Thorpe y Moreau con acierto puede que Pau no sea el poste más físico de la liga, pero ni mucho menos el más suave. A estas alturas la porción más mostrenca de analistas americanos debiera saber que Gasol no es un interior al uso ni nunca lo fue. Pau sigue siendo motivo de sospecha porque adora la defensa sin falta y los espacios allá donde más caros resultan. Pero sus muchas virtudes, de poderoso arraigo táctico, compensan con creces esa aparente finura que desprende cuando el juego cae bajo el aro y con exceso de tráfico en la pintura.

Prueba de su importancia es que con seguridad el hombre que tras Kobe Bryant mayores atenciones defensivas despertará en Boston será él. Gasol tampoco habrá conocido hasta ahora más difícil prueba, sobre todo sabiendo que los Celtics pretenden hundir el ataque amarillo a la colisión interior, donde llevan ventaja. Gasol hará además de último muro a las penetraciones verdes.

House
Una incógnita. No tanto su rendimiento cuanto su presencia en pista. Caso de pisarla, todo lo que no sea actuar de revulsivo en su primer minuto -como contra los Cavs-, dará con sus pasos en el banquillo. House ha sido en estos playoffs una de las pruebas más explícitas de las dudas de Rivers y de que el Garden favorece a unos más que a otros.

Odom
Hace tiempo que Lamar abandonó aquel mito de convertirse de manera natural en un point forward, no más allá de un ocasional efectismo de galería. Básicamente porque sus prestaciones fueron siempre mayores cuanto más cerca del aro aprovechara su agresividad. Odom atraviesa en estos Lakers el momento más sólido de su carrera. Pero al mismo tiempo sigue pecando de irregular y metiéndose con sospechosa facilidad en problemas de faltas. Los Lakers precisan de su aportación más allá de esos minutos de ardor que suele ofrecer camino de la remontada. Su relación con Gasol en estas series habrá de pasar por el microscopio.

Perkins
Nadie como él representa mejor el hustle verde. La quinta noche ante Detroit pareció resucitar al mismísimo Dave Cowens. Perkins concentra en sí mismo el doble añadido de Davis y Powe caso de foul trouble. Ha liberado notablemente a Garnett de sufrimiento interior pero precisa ahora de más ayuda que nunca para proteger el aro verde de las embestidas al rebote ofensivo de la pareja Odom-Gasol. En apenas cinco semanas Kendrick Perkins ha avanzado cinco temporadas de carrera, al punto de dejar en nada los 15 años de diferencia con su compañero P.J. Brown. En suma, la peor prueba posible para borrar a Pau el soft de su etiqueta.

Posey
El factor X de los de Boston como ya lo fue en los Heat campeones. La peor pesadilla de Kobe como lo fue la de James. El perro de presa, el todoterreno, el depredador de estrellas, un auténtico espectáculo defensivo del que tal vez sólo Bowen pueda dar cuenta en el mundo. Cuando el perímetro verde brilló por su ausencia, Posey no supo de crisis. Así sus triples, por el momento en que acostumbran a caer, suelen valer más de tres puntos. Es imposible un equipo campeón sobre Posey, pero más difícil imaginar a unos Celtics campeones sin él.

Pierce
Pocas paradojas como la suya. "Pierce, who grew up in Inglewood, Calif., in the shadows of the Great Western Forum (who hated de Celtics), has always saved his best for the Lakers". Hace tiempo que Pierce dejó atrás su más violenta versión anotadora, cuando no había forma de detener su tiro en movimiento de media distancia y parecía por ello improbable imaginar un equipo del que no fuera primera espada. Su actual versión, la más madura conocida, sólo es concebible rodeado del equipo con que ha dado en suerte. Todo parece apuntar a que Pierce haga las de tercer hombre en estas series, un favor más que digerir en silencio cuando fue el hombre clave en el decisivo ante Cleveland y en el decisivo ante Detroit, cumpliendo con creces ante James y repitiendo ante Prince. Es difícil si no imposible imaginar una sola victoria de los suyos en junio sin que Pierce sea para ellos el hombre decisivo. Comparte además junto a Garnett el valor metafísico que para ambos representan estas Finales.

Radmanovic y Vujacic
Juntos no tanto por su origen y equipo como por el hecho incontestable de haber alcanzado su momento óptimo casi simultáneamente en estos Commitment Lakers. Ambos son el ejemplo perfecto de ascenso radiante cuando el entorno es favorable. Jackson ha sacado de ellos sus máximos. Salvando las distancias pero concentrándolas tan sólo en el tiro abierto remonta esta pareja europea al felino perímetro que acompañaba a Isiah Thomas en 1989. Rivers sabe del peligro real que ambos representan, muy en particular cuando aguardan el pase a distancia libres de marca. Precisamente eso mismo tendrán que evitar ellos de sus pares al otro lado.

Rondo
Llegados aquí el joven 'uno' de Kentucky, tan a menudo confuso y como acelerado, ha pasado con creces un examen que no pocos le habían suspendido de antemano. Su felina concentración y una entrega contagiosa atenuaron los muchos errores cometidos. Boston dispone con él de la más valiosa llave para abrir espacios, lo que compensa su todavía escasa fiabilidad desde el tiro exterior. Cada vez que los Celtics escapen a posesiones largas y juego a media pista, lo será con toda probabilidad por alguna de sus penetraciones, muchas de ellas nacidas desde la viva defensa al perímetro. Puede que Rondo sea más problema a Fisher que a la inversa, pero también más problema a su propio equipo cuanto mayor sea su consumo de balón.

Turiaf
De costumbre sólo los aficionados angelinos, y aun no todos, conceden al francés su verdadero valor. Allá donde hubo un Jackson hubo un Turiaf; donde hubo megaestralla hubo un enforcer. Allá donde hubo segunda unidad, escoltas del sagrado descanso titular sin riesgo para el marcador, hubo exactamente un jugador como el francés. Y por último, y no por ello menos importante, allá donde hubo necesidad de motivación y comunión de vestuario, hubo un Ronnie Turiaf, probablemente la única respuesta individual de los Lakers a la aparente dureza que vendrán a emplear sus rivales.

Walton
El hijo de esa leyenda también verde que consumó su segundo sueño en Boston comparte con su padre la extremada inteligencia. Walton es el factor X de los amarillos, el peso que añadir cuando la balanza de un partido corre ávida a decantarse a un lado. Pocos jugadores de la segunda fila han interpretado más fielmente el subterráneo del Triángulo de Jackson como Luke Walton. Del banquillo angelino él debiera reclamar en los de Rivers una atención prioritaria. Con Walton fracasan las ayudas porque su lectura y calidad de pase darán con seguridad con el hombre libre. Vale recordar ahora sus palabras tras la derrota final en 2004: "Fue el peor momento de mi vida". Y era novato.

RED AUERBACH
Como recordaba Buckley en el Herald: "Red is absolutely going to be a presence". Se crea o no el mito mayúsculo de la leyenda verde estará muy presente en estas series, que sin éxito soñó volver a contemplar en sus últimos 20 años de vida. Se trata de una ecuación muy sencilla pero mucho más sagrada de lo que pueda parecer en el imaginario Celtic. Una victoria angelina destronaría a Auerbach como el entrenador con mayor número de anillos en la historia de la NBA. Una victoria verde iría a él completamente dedicada.

Hay, en suma, demasiadas cosas en juego.

Let's the party begin! -corearán Johnny Most y Chick Hearn desde el cielo.


Fuente: Eurosport

 

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