18 Sep, 2009 - 12:06:46
La toma de decisiones está influida por procesos implícitos, que en la mayoría de ocasiones no alcanzan la conciencia.
Las situaciones que experimentamos a lo largo de la vida reordenan los circuitos cerebrales, lo que nos ayuda a tomar decisiones complejas. Pero al momento de decidir suelen pesar más las emociones que las razones.
Para tomar una elección, ¿nuestra mente funciona más como un superordenador o acaso lo deja a la suerte? A la hora de escoger si vamos hacia la derecha o hacia la izquierda, ¿damos prioridad al corazón o a la razón? Las anteriores interrogantes están siendo examinadas por investigaciones recientes, que centran su atención en el estudio del funcionamiento cerebral, para lo cual se usan equipos de diagnóstico por imagen que captan la más ínfima actividad eléctrica de las
neuronas.
Un equipo de científicos de la Universidad de Birmingham, del Reino Unido, ha tenido avances significativos y ha logrado establecer de qué manera la experiencia reorganiza los circuitos cerebrales y ayuda a tomar resoluciones complejas.
El informe científico establece que el aprendizaje a partir de la experiencia cambia los circuitos cerebrales para que la persona pueda establecer con rapidez las categorías de lo que observa y así pueda tomar una determinación o aplicar las acciones adecuadas.
Zoe Kourtzi, científico que dirigió la investigación, enfatizó que “el aprendizaje, a partir de la experiencia pasada reorganiza nuestro cerebro para que podamos categorizar las cosas que vemos y responder de manera apropiada a ellas en cualquier contexto”. Los investigadores intentaron descubrir los mecanismos del cerebro que intervienen en la toma de resoluciones por medio de la enseñanza, lo cual no se comprende bien a pesar de que se sabe que las decisiones de éxito se benefician de la experiencia previa.
Para llegar a conclusiones valederas, los expertos utilizaron imágenes cerebrales en combinación con técnicas matemáticas para extraer información sensitiva de las señales cerebrales que reflejaban la elección del
voluntario.
“Hemos descubierto que somos mejores en la tarea de reconocer una cara familiar entre una multitud, y que la experiencia previa puede entrenar circuitos en nuestro cerebro para reconocer las categorías percibidas”, agregó Kourtzi.
Algunas conclusiones
De los resultados que obtuvieron los científicos de la Universidad de Birmingham, se deduce que la información aprendida acerca de las categorías se retiene en circuitos de las áreas posteriores del cerebro. Después se traslada a circuitos en las áreas frontales que convierten dicha información en decisiones flexibles y acciones apropiadas en función de los requisitos y el contexto de cada tarea.
Punto de vista
De acuerdo con Facundo Manes, neurólogo argentino y miembro de la Federación Mundial de Neurología, en la toma de decisiones influyen el estado de ánimo, el sexo y hasta ciertos patrones de activación del cerebro. Por eso “tomamos decisiones continuamente, y la velocidad con la que nos suceden las cosas imposibilita que haya espacio para racionalizar los pros y contras de cada decisión. Estas dependen de qué región cerebral surge victoriosa de una batalla entre los centros emocionales y racionales”, señala el experto.
Resoluciones emotivas
Muchas teorías suponen que las determinaciones derivan de una evaluación de alternativas de los posibles resultados con un análisis de costo-beneficio, pero la evidencia científica indica que decidimos, básicamente, con las emociones, explicó el neurólogo Facundo Manes.
Investigaciones recientes demuestran que la toma de decisiones es un proceso que depende de áreas cerebrales involucradas en el control de las emociones, como lo comprobaron psicólogos de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, quienes estudiaron cómo las personas tomaban algunas conclusiones acerca del dinero y establecieron que las emociones pueden anular el pensamiento lógico.
Fuente: dca.gob.gt
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