11 Sep, 2009 - 08:03:41
Debido al costo del agua y jabón, la ganancia de quienes lavan ropa es mínima en comparación con su intenso esfuerzo físico
A las cuatro de la mañana, mientras unos duermen, el día laboral ya ha comenzado para Manuel Pu y su familia. Él se dedica a cargar bultos en el mercado de La Terminal; su esposa, Marta Julia Castro, lava ropa de personas que trabajan por el mismo lugar. Arrodillada en el piso de su hogar y comiendo una tortilla con sal, procura la comodidad de los visitantes ofreciendo una silla de plástico rota y un banco de madera que es también su mesita de comedor, en donde diariamente se reúnen a compartir en familia.
El humo en el techo indica que el pequeño cuarto que habitan sirve a la vez de cocina, comedor y dormitorio, pero eso no impide que dejen de sonreír y luchar muy duro cada día, por ganarse honradamente la vida y procurar los Q550 del alquiler. “Hace tres años vinimos de Totonicapán”, comenta ella. “Allá tenemos casa pero la necesidad nos hizo venir a buscar trabajo, no tenemos nada, sin embargo, luchamos por ganarnos la vida” dice, entre tanto acaricia la cabeza de Joel, su hijo de ocho años.
Don Manuel, hombre de pocas palabras, afirma que tiene ya algunos clientes fijos y por su labor gana casi Q25 diarios. Cada día ella lava unas 100 prendas de vestir, lo que le representa una ganancia de Q120, pero no todos los días hay para lavar. “Ya me duelen mis manos, quiero ir a una clínica para que me den algo pero no hay dinero; quiero ir a un dispensario para que me den unas vitaminas o algo para mi brazo”, agrega mientras refleja su dolor en el hombro.
Ingenio por necesidad
En una tienda un trozo de jabón vale Q6 por lo que se ve en la necesidad de comprar virutas y pedacitos para armar una bola que le dura para un día de faena. “Aquí viene un señor y me vende a Q2 la bolsa (de trocitos de jabón) y a veces le pido fiado porque no hay trabajo; después, cuando puedo, le pago”. De igual manera el agua que utiliza en su hogar, primordial para su trabajo, tiene un costo de un quetzal el tambo y con Q5 llena un tonel.
El futuro
Doña Marta comenta que Joel está en primer grado y que gracias a que la escuela es gratis lo puede mandar a educarse. De otra manera sus ingresos no se lo permitirían. “Espero que estudie mucho para que tenga un buen trabajo más adelante”. Observa al pequeño con esperanza y añade, en referencia al padre e hijo, que “los dos me ayudan pero a él (su esposo) no le gusta tender la ropa y la Municipalidad no nos deja tender en la calle, porque se ve mal”. “Ya me tengo que ir a traer la ropa”, advierte. Luego de un recorrido por los lugares y clientes habituales se dirigirá al tanque municipal Las Cañitas, en donde compartirá tertulia con otras mujeres que lavan su ropa y exprimen cada centavo para proveer a sus familias.
Fuente: dca.gob.gt
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