Cada vez crecen los núcleos incompletos, ensamblados y de quienes deciden vivir solos
A lo largo de las últimas décadas, en Latinoamérica se han dado transformaciones demográficas, sociales, económicas y culturales que han afectado las formas de vivir en familia y las dinámicas de la vida familiar.
Dichos cambios han alterado tanto los gustos, preferencias y orientaciones de los individuos como las estructuras de oportunidades a las que tienen acceso, señala un informe realizado por Marcela Cerruti y Georgina Binstock, investigadoras del Centro de Estudios de Población de Argentina y consultoras de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Por consiguiente, según destacan las expertas, la creciente heterogeneidad en las formas familiares no solo se debe a la modernización de los vínculos sociales y de creciente autonomía individual, sino que es también el resultado de las crisis, del crecimiento económico desigual y de una mayor inequidad en la región.
De ahí que, según resalta el análisis, las familias han tenido que enfrentar y adecuarse a las nuevas circunstancias en función de los recursos y los activos disponibles, y muchos de estos vinieron acompañados del empobrecimiento de la oferta, calidad de los servicios públicos y apoyo institucional.
Como resultado, los cambios en las pautas de formación, disolución familiar y en los estilos de vivir en familia han tenido un impacto en los contextos hogareños en los que niños, niñas y adolescentes crecen y se desarrollan.
El impacto ha sido tal que, en la última década, prácticamente en todos los países de la región aumentó la proporción de menores de 15 años que viven donde la mujer es la jefa del hogar. “Las únicas excepciones las constituyen Guatemala, Honduras y República Dominicana, regiones donde dicho porcentaje no se alteró o levemente descendió”, señala la investigación titulada Familias latinoamericanas en transformación: Desafíos y demandas para la acción pública.
En Argentina y Uruguay, naciones con población significativamente más envejecida, el porcentaje de quienes viven solos supera al de los hogares monoparentales, que son aquellos en la que los hijos viven solo con el padre o la madre.
Por el contrario, en los países con una fecundidad aún elevada o en los que ha descendido recientemente, la proporción es expresivamente más baja.
Tal es el caso de Nicaragua, Honduras y Guatemala.
Conclusiones
Del estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe se resume que son más frecuentes las familias con núcleos incompletos, las familias ensambladas y los hogares de quienes deciden vivir solos.
Además, cada vez es más fecuente que los varones y mujeres opten por elegir la unión de hecho en lugar del matrimonio, por lo que a la par se ha incrementado la probabilidad de separación de las
parejas. Y el informe destaca que en la región son cada vez menos las mujeres, particularmente las cónyuges, que dedican su tiempo exclusivamente a tareas hogareñas. A la vez se indica que, con cierta independencia de su posición de clase, las mujeres por elección y/o necesidad deciden desarrollar trabajos remunerados.
Por consiguiente, a la fecha surgen nuevas demandas para el cuidado de los niños a partir del aumento de los hogares donde la pareja trabaja para el sostenimiento, por lo que se acude a las guarderías o a familiares.
El informe menciona
La creciente heterogeneidad en las estructuras familiares se debe a transformaciones sociales causadas por la modernización de los vínculos sociales, una mayor autonomía individual, un diverso crecimiento económico y la desigualdad social.
“En general, la vida se ha prolongado, la entrada a la etapa adulta se ha retrasado, los jóvenes se mantienen más tiempo dentro del sistema educativo y las personas son más libres de decidir el número de hijos que prefieren tener y de manifestar diversas orientaciones sexuales”, señala el estudio de la Cepal.
Fuente: dca.gob.gt