05 Ene, 2010 - 08:47:00
El ardid consiste en ilusionar a la víctima para que invierta en lo que se le ofrece.
Por: Luis Felipe Palacios
Los sueños de llegar a ser actor en Hollywood, piloto o azafata de vuelo son algunos de los ganchos con los que casi 5,000 nicaragüenses han caído víctimas de estafas piramidales.
El 12 de mayo de 2005, Agave Azul, S. A., de supuesto capital salvadoreño, abrió sus puertas en Nicaragua bajo la fachada de una comercializadora internacional de tequila mexicano y ofreció “jugosas ganancias” a quienes invirtieran su dinero para ser socios o promotores de esa nueva compañía.
Dicha empresa, dirigida por el mexicano Óscar Arturo del Valle y el nicaragüense Félix Alejandro Bolaños, se encargaba presuntamente de distribuir el mejor tequila mexicano en países asiáticos y europeos y ofrecía a los nicaragüenses hasta un 25% de interés mensual por cada US$100 que invirtieran en ese negocio.
A la vez prometían hasta un 50% de ganancia, cada 30 días, si captaban un nuevo socio o promotor para la empresa.
Las fabulosas ganancias ofrecidas, con cuyos pagos se cumplía en un inicio, hicieron que miles de nicaragüenses apostaran su dinero, hasta que seis meses después las autoridades detectaron que la firma evadía impuestos y sacaba dinero hacia Estados Unidos por medio de una financiera dedicada al envío de remesas familiares.
Algunos casos logran ir a juicio, pero ello no garantiza que las víctimas recobren su dinero. Los cabecillas de los fraudes logran huir y las consecuencias recaen en quienes son sindicados de encubrimiento.
La empresa logró estafar a 2,444 nicaragüenses, que perdieron un total de US$2.74 millones, según la acusación presentada por el Ministerio Público. “Yo deposité US$2,000 y, a pesar de que hubo un veredicto de culpabilidad, no recuperé mi dinero”, declaró Oswaldo Areas, una de las víctimas del fraude.
Otro centenar fue estafado por un peruano, Juan Orestes Ramírez Lazo, que ofreció a los nicaragüenses hacer realidad sus sueños.
él fundó primero una organización no gubernamental (ONG) de carácter altruísta y sin fines de lucro con el objetivo, según sus estatutos, de ayudar a los portadores del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), a madres solteras y a desamparados. Y también creó la Universidad Particular en Ciencias del Mercado (UCM) sin autorización del Consejo Nacional de Universidades (CNU), la que utilizó para organizar sus actividades
fraudulentas.
El sujeto en mención ofreció, por medio de anuncios publicitarios, clases para que los nicaragüenses fueran actores de cine en Hollywood, para que personas comunes aprendieran a pilotar grandes aviones comerciales y para que las mujeres llegaran a ser finas y bellas azafatas.
Sus víctimas fueron mayoritariamente jóvenes que pagaron US$150 al mes por aprender a volar aeronaves o que compraron acciones, por ese mismo precio, para ser socios de una línea aérea privada que el peruano decía poseer y que estaba en trámites de constitución.
Modus operandi
El modo de operar en los fraudes, según Alejandro López, fiscal especial nicaragüense, ha sido el mismo: comienzan cumpliendo lo prometido en sus promociones para captar más clientes y, una vez logrado su objetivo, huyen con todo el dinero sin dejar ningún rastro.
Lo barato sale caro
Otro ejemplo de como puede darse una estafa lo sufrió Yoselyn Rueda, de 22 años, que soñaba con tener su automóvil para no tener que alquilar uno cuando su marido, que reside en Estados Unidos, visitara Nicaragua.
Por este hecho se ventila juicio contra Marca Móvil, S. A., que dirigía el mexicano Jorge Tirado Chávez, pues supuestamente perjudicó a unos 1,800 nicaragüenses, quienes perdieron US$1.36 millones a cambio de automóviles y motocicletas que nunca les llegaron.
Y según explicó el fiscal especial Alejandro López, de la Unidad Anticorrupción y Crimen Organizado del Ministerio Público, la empresa, que está legalmente registrada, ofrecía carros a US$2,000 cuando su valor real en el mercado es de US$10,000. También prometía motocicletas a US$200 cuando el precio de esos vehículos supera los US$1,000.
El gancho que hacía creer a los que confiaron su dinero es que, a cambio de recibir los automotores a tan bajo precio, debían exhibir publicidad en ellos una vez al mes formando caravanas durante cuatro horas y por distintas provincias. Con eso, les decían, pagarían la diferencia del precio.
Fuente: dca.gob.gt
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