Por: Alejandro García
Es siempre lamentable la partida de alguien. Sin embargo repercute de forma mundial el deceso de una figura pública, y más si es una tan controversial como Amy Jade Winehouse, quien falleció el pasado sábado. A tan solo días de finalizar su gira europea y con un tercer disco ya en el horno, la música se viste de luto (nuevamente) al despedir uno de los actos más frescos y paradójicamente añejados del pop y R&B contemporáneos.
Más allá de los demonios con los que lidió en vida Amy, o de cualquier otro esqueleto que tuviese escondido en su clóset, la cantante de 27 años produjo uno de los discos más importantes desde el cambio de milenio. Junto con otras exponentes como Norah Jones y Joss Stone.
Winehouse rescató de entre los estantes, gabinetes y empolvados tocadiscos géneros que quedaron rezagados por aquellos más populares. Con sabor a los años 50 y una tremenda resaca, el estilo y sonido de esta fantástica cantautora evoca viejos espíritus y canciones que parecen haber sido compuestas hace décadas.

En vida
El debut de Amy llegó originalmente en el 2003 con su disco Frank, un álbum sencillo y accesible. Lejos del misticismo que la acompañaría dos años después, su primer trabajo trajo comparaciones con Macy Gray y un rythm n’ blues más digerible y pegajoso.
Incluso la portada de Frank nos muestra a una Amy más pulcra y limpia en comparación de la antiheroína que crearía Winehouse desde su corte Rehab. Fue entonces un disco pop con intentos de jazz, pero desde ya mostraba la versatilidad de su voz y rango vocal.
La Amy que aman y odian, ese personaje irreverente, llegaría con su disco del 2006 Back to Black, que significaría la perfecta tarjeta de presentación para la cantante. Lejos de la belleza y delicadeza que representa Billie Holiday, Ella Fitzgerald o incluso una contemporánea como Madeleine Peroux, Amy es más una macabra y lúgubre cantante de cabaret, el lado más oscuro de Nina Simone.
Toda esa amargura y melancolía es de la autoría de la misma Winehouse, por lo que no queda duda alguna del talento de la cantante, y con este disco se confirma su transición de una suave cantante de salón a una decadente vampiresa del soul, la hija descarriada de Motown, que sí, de vez en cuando regresaba al glamor heredado por Marvin Gaye. “Soy un chico negro en el cuerpo de una chica blanca”, comentó.
En raras ocasiones nos topamos con discos que arrasan los charts. Al mismo tiempo complacen la crítica, tal como lo hizo Back to Black. La segunda producción de Amy sin duda cumplió con ambas, siendo un fracturado y encantador disco bien elaborado.
Perfectamente estructurado, pero igualmente accesible y agradable para complacer a ambos lados de la moneda. De MTV a los Grammys, Rolling Stone llamó el disco una maravilla poco probable, Pitchfork alabó la oxidada voz de Winehouse capaz de transformar sus sentimientos mundanos en algo poderoso.
Un gran número de revistas listaron a Back to Black entre los 10 mejores discos del año. Time Magazine, por ejemplo, lo posicionó en el primer lugar. También ganó varios Grammys incluyendo álbum del año, mejor disco pop vocal del año y canción del año por su autobiográfica Rehab.
El canal americano VH1 lo nombró el décimo mejor disco de la historia y Rolling Stone lo situó en el puesto 20 de los mejores discos de la década. No había mayor éxito para la carrera de Winehouse, y tristemente no lo habrá.
Un nuevo aliento
Luego del éxito sobrecogedor de Back to Black y la correspondiente fama que trajo consigo, ese reconocimiento se transformó en infamia a causa de su vida y malos hábitos.
Sin embargo, obviando lo que fue una vida y carrera llena de tumultos, es la música y la trascendencia artística de Amy por las que vale la pena recordarla. Si bien llegó la autodestrucción antes de una exitosa rehabilitación, la carrera de Winehouse no terminó con Back to Black. Es más, estos últimos meses la cantante tenía varios planes por ejecutar y otros ya en ejecución.
Un par de canciones sueltas como It’s my Party, parte del tributo de Quincy Jones, o un dueto con Tonny Bennett continuaron complaciendo a la creciente legión de fanes de la vocalista. Winehouse estaba en pláticas sobre formar un grupo con el baterista de The Roots, Questlove.
Y finalmente una nueva gira parecía lo más cercano a una recuperación para la cantante. No obstante, la mayor esperanza para todos era un regreso al estudio y la promesa de un nuevo disco que se rumoraba desde el 2008. No obstante, finalmente confirmado, el sucesor de Back llegaría este año.
Durante su última entrevista, que fue cedida al portal televisivo ITV, dio comentarios al respecto: “La última vez fue muy…”, “Al diablo contigo, todo salió mal, haré lo que yo quiera”, “Este disco es más…”, “Al menos lo intentamos”, “Siempre quiero reflejar lo que escucho y siento”, afirmó. “Escribo sobre el amor, sobre aquello que me choca y siempre lo hago de forma biográfica”, dijo. De momento quedan esos bootlegs durante conciertos en vivo y la incertidumbre hasta el estreno de lo que será ese Amy Winehouse III.
“Soy verdaderamente una persona amorosa y muy materna. Pero el alcohol simplemente me posee. Si alguien piensa que estoy loca, entonces comprarán mi álbum”, afirmó Amy durante esa misma charla.
De igual forma comentó sobre las ventajas de ser una imagen y un ícono controversial. Es esa irreverencia la que llevó a Amy al extremo. La última aparición en público de la cantante fue el 20 de julio en Camdem.
Londres, donde hizo una presentación sorpresa al lado de la niña prodigio de 15 años Dionne Bromfield, cantante de soul, R&B y jazz. Su cuerpo sin vida sería descubierto tres días después. La causa de muerte aún está por ser determinada. Sin embargo se sospecha que sea a causa de una sobredosis.
El club de los 27
Para los roqueros a lo largo de la historia, esta edad parece maldita. El llamado Club de los 27 consiste en todos aquellos músicos que se toparon con la muerte a esa edad. La lista es tan grande que pareciera no ser una simple coincidencia.
Ahora la más reciente inducida es Amy Jade Winehouse, muerta el sábado a menos de dos meses de su cumpleaños número 28. Otro determinante en este grupo es el infame y controversial deceso de sus miembros, algo aún por determinar en el caso de Amy, pero cuyas experiencias previas prometen adecuarla.
Los cinco miembros más importantes del grupo son uno de los fundadores de los Rolling Stones, Brian Jones, quien se ahogó en una piscina; Jimmy Hendrix, asfixiado en su propio vómito; Janis Joplin, quien bien podría ser la predecesora de Amy, pues pereció por una sobredosis de heroína; el vocalista de The Doors Jim Morrison, a causa de un supuesto fallo cardíaco; y finalmente Kurt Cobain, de Nirvana, quien se suicidó en 1994.
Otros más que engordan la lista son Ron Mckerman, de The Greatful Dead; Dave Alexander, de The Stooges; Jeremy Michael Ward, de The Mars Volta; el abuelo del blues Robert Johnson, quien se considera comenzó la maldición en 1938; y el cantante de reggae, líder de Inner Circle, Jacob Miller. La lista reúne padecimientos respiratorios, presión sanguínea, asesinados, accidentes aéreos y automovilísticos, gastritis y fallo renal al constante abuso de drogas. La lista asciende a un total de 44 víctimas.
Si bien la muerte de Amy fue una fácil de predecir, es igualmente lamentable perder semejante talento. Como vocera del soul en el nuevo milenio, Amy Winehouse fue una brillante intérprete y talentosa compositora que nos deja una magnífica estela artística.
Mucho ha pasado desde aquella niña que oía a su padre cantarle canciones de Frank Sinatra a la malograda figura pública que construyó una vez famosa. Sin embargo, con dos discos en su haber, un tercero aún por ser publicado, un sinnúmero de presentaciones en vivo y grabaciones son el testigo perfecto del talento innegable de la cantautora. Un último adiós a la heredera del blues y un final a su peregrinaje del soul.
Publicado por: Axel Natareno
Fuente: dca.gob.gt