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Cortamática reflexiones en torno a el discurso del loco: Cuentos del Tarot
01 Mar, 2010 - 16:26:18

El cuento como otra más de las paradojas que nos circundan

El libro de cuentos regularmente se construye a sí mismo, como una consecuencia tardía de la vida individual de cada uno de sus componentes, un ejercicio editorial a posteriori y no una preconcepción.  Los escritores suelen escribir cuentos, pero no es usual, en la historia de la literatura, que escriban un libro de cuentos. Ese es el punto de partida de la publicación de  El discurso del loco (2009, editorial F&G), de Carol Zardetto, que no es un evento común y hay aquí mucho más de lo que a primera vista resulta evidente.

En primer término, hay varias interrogantes: ¿por qué el cuento, como género?, ¿por qué el ciclo, tan insospechadamente inusual?, ¿por qué la cartomancia cómo vehículo?  Creo que solo atendiendo las decisiones implícitas en estos ámbitos es posible adquirir conciencia de las consecuencias de esta obra.

Henos aquí ante la autora de una exitosa, compleja e importante novela, justificadamente premiada, que se vuelca voluntariamente, no tan solo al mal llamado género menor del cuento, sino a la estructuración de un libro de cuentos dotado de una visión arquitectónica propia que trasciende con creces el sentido práctico de la recopilación. Pero el argumento del sentido catártico, purificador, asignado a la alternancia entre obras mayores y menores, el supuesto de que el trabajo inusitado que puede haber representado la creación de Con pasión absoluta, haya inclinado a la autora a buscar en seguida un formato más ligero, se derrumba fácilmente en presencia del resultado final.

Con pasión absoluta (2005, editorial F&G) es un trabajo ciertamente mayor, reconstituye la novela autobiográfica transformándola en una suerte de biografía cultural del mundo que la autora habita, del que procede, que analiza, desmenuza y reconstruye con diversos niveles de objetividad e introspección que todos sus contemporáneos y coetáneos reconocemos y en el que nos sumergimos dolorosamente. De alguna forma pertenece a la familia de obras tan disímiles como las memorias de Canetti o las de Pamuk, pero continúa siendo una novela y ejerce propuestas técnicas, no lineales y no unitarias, que pueden trazarse a Joyce. Pero el hecho es que El discurso del loco no  produce un resultado menos complejo, porque la diversificación del género, el paso aparente de lo mayor a lo menor, es ilusorio.

El cuento es aquí solo aparente como bloque particular para la construcción de un todo mayor, permite la disociación de realidades, accede a la discrecionalidad de la realidad. De otra forma, Con pasión absoluta ejerce el mismo criterio: la realidad nunca se integra del todo, da saltos a lo largo del continuo espacio-temporal, que es discreto en la medida en que nos aproximamos al microcosmos y solo se unifica en la gran perspectiva. Pero, de cualquier forma, en tanto que la tendencia de la novela es, por su densidad, entrópica, la autora responde con una mayor ilusión de integralidad, de tejido que mantenga unidas las piezas y el desenlace, también unitario (el retorno a casa de la tonalidad de base, si se quiere).

Esto no se da en la misma forma cuando recurre al cuento y lo concibe como unidad de construcción de un todo mayor. Es la técnica del mosaico llevada un paso más allá: conserva la identidad e integridad de las partes, pero finalmente genera un cosmos con sentido y arquetipo propio.

 
Carol Zardetto, autora del libro.
Un cuento es una pieza aislada en cualquier universo. Un ciclo de cuentos, por el contrario, genera una obra tan compleja como una novela, salvo que tiende naturalmente a la expansión, al movimiento perpetuo porque su ilación interna, su génesis, se lo permite: las partes dan movimiento al conjunto, pero no lo disuelven.

Creo que este es el más fundamental rasgo del trabajo que Carol Zardetto nos propone. No es un producto catártico ni representa purificación alguna. Constituye una pieza que se construye sobre el ejercicio de la novela autobiográfica y la trasciende.

En síntesis, este no es un libro de cuentos; tampoco es una novela; pero es una estructura orgánica “mayor” con derecho propio; y si utilizo el término de “ciclo” es por convención y porque esta noción, entre los siempre insuficientes taxomas literarios, me parece menos inapropiada. Ciclo preconcebido, además, que revela un método y no simplemente una ansiedad taxonómica del crítico. Y esta es, precisamente, para mí, la primera gran decisión que es necesario celebrar en El discurso del loco.

La segunda es la metodológica, que tampoco es trivial y que contiene mucho más de lo que aparenta el recurso del Tarot. La simpatía por la cartomancia está implícita. Claro que el Tarot es irrelevante por sí mismo. Lo que cuenta son las relaciones que permite la articulación de un esquema, de un paradigma. Este es un rasgo propio de los instrumentos oraculares en todas las culturas: los catálogos del destino son forzosamente finitos, sintéticos, pero tienen que lograr la posibilidad de las interpretaciones infinitas, de la paráfrasis perpetua; a la vez deben reducir, para recurrir a Jung que es inevitable en estos temas, el sentido de la causalidad al de la casualidad; esto es, trasladar nuestras formas de interpretación de una lógica racional, secuencial, a otra basada en las coincidencias o en lo que él llamó la sincronicidad.

Ciclo de narraciones, catálogo paradigmático, organización sincrónica: hacer converger estas tres aproximaciones son otra clave de la originalidad inusitada de esta obra y de su radical diferenciación. Revelado el método se siguen varias consecuencias.

Primero, que, a diferencia de la organización vertebral de la novela, el ciclo corresponde más a una visión discreta, discontinua, de la realidad, acorde con ese gran principio universal de nuestra imposibilidad cognoscitiva, la paradoja de Russell. Segundo, que el catálogo oracular aportado por una organización como la del Tarot se multiplica en diferentes formas de transformación e interpretación de cada elemento del paradigma, de cada arcano.

Particularidad es  la pequeña excepción temporal o espacial en donde las reglas del universo dejan de actuar. En un orden esperadamente racional, la particularidad es el momento o el lugar en el cual nuestras explicaciones racionales, donde nuestras estructuras lógicas, son insuficientes. No fungiendo la racionalidad es inevitable que prevalezca lo irracional, lo mágico. Así, mediante la convergencia de método y contenido, de estructura y discurso, estos Cuentos del Tarot se articulan en esas particularidades en las cuales la secuencia lógica de la realidad se rompe.

La vida, sus actores y sus situaciones, como nos lo prueba Carol Zardetto, son siempre particulares y por ello ejerce la multidimensionalidad de su mazo de cartas de diferentes maneras, como si en cada lanzamiento la realidad se transformara en agujero negro y diera lugar a la corporeidad de la carta, de su signo o de su interpretación. El método, por cierto, forma parte de la confesión del final, adscrita a la última carta (¿o la primera?), nunca numerada, de los arcanos mayores del Tarot.

Finalmente, el discurso es lenguaje y también se metamorfosea bajo su propia dinámica, en referencia a tiempos y espacios pero, también, y esto refleja el ejercicio de un oficio que se consolida cada vez más, a la literatura misma, a su historia, a sus recursos, a sus potencialidades.

Épocas, geografías, lenguajes, técnicas narrativas: la exploración, la experimentación que abundan en el ciclo y que le dan una dinámica múltiple,  revelan a una autora que solamente puede existir después de Joyce, pero que ni lo niega ni se deja aplastar por él, como tantos otros. Las partes tendrían poco sentido si no pertenecieran a una estructura que se revela en la identidad única que las expande y, para utilizar una imagen peregrina, las captura de nuevo en la misma red.

Esto es, si la novela de Carol Zardetto es autobiográfica en el gran sentido, no por expiación ni por narcisismo, sino por sentido interpretativo y constructivo de su historia individual, social y cultural, El discurso del loco no lo es menos, salvo porque aquí la autobiografía invade terrenos más extensos, más heterodoxos, en los que la apropiación transfiere, a su vez, una interpretación sincrónica de la realidad, de sus imbricaciones y de sus derroteros. ¿Qué otra cosa podría esperarse de un libro que se evoca a sí mismo como oráculo?

Pero todo este aparato conceptual, técnico, metodológico, tendría poco sentido, estaría vacío, si la autora no tuviese, en efecto, algo que decir. O mejor, muchas cosas que decir.  Las cartas del Tarot son, al final de cuentas, un pretexto: son el vehículo de la cartomántica para ejercer su derecho de interpretar el mundo que contempla pero en el que también actúa; de barajarlo y reordenarlo sobre su mesa, de reconvertirlo una y otra vez para multiplicar las explicaciones; son su forma de tirar de los hilos que nos mueven, como lectores físicos, emocionales e intelectuales.

La función de la cartomántica es inventarnos de nuevo, dotar a nuestras historias, a nuestras coincidencias, de una ilusión de pasado y de futuro. Al lanzarnos las cartas, Carol Zardetto, la cartomántica, hurga en ella y en nosotros, en nuestras fascinantes similitudes y diversidades, en nuestras incompletitudes e incoherencias, y nos devuelve metamorfoseados, vulnerables, abiertos, capaces de preservar y reproducir nuestra perplejidad. Sabe que ese es el sentido de su oficio.

*Es escritor y destacado hombre de teatro guatemalteco.

Fuente: dca.gob.gt


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