Por: Alejandro García
A milímetros de las fauces de un cocodrilo, escapando de un elefante africano o anidando en la espesura de la selva para obtener apenas un guiño de un quetzal, la paciencia, dedicación y tremenda habilidad del fotógrafo Sergio Izquierdo han logrado inmortalizar el bello lienzo del planeta y sus habitantes.
Curioso y terco, ha conseguido inmiscuirse en la intimidad del reino animal, producir oro puro y ser uno más de esos monjes de la fotografía capaces de alardear de los orígenes de sus viñetas.
Primeros paisajes
Influido por su progenitor, desde pequeño Sergio demostró curiosidad por la fotografía. “Mi papá tenía una antigua cámara Miranda. De los cuatro rollos que compraba, me regalaba uno”, relata. Sin embargo, de ese carrete de 36 fotos, todas eran borrosas, movidas, blancas u oscuras.

No fue sino hasta el año 2000 cuando vería algún avance significativo. Durante un viaje con un primo, trasteaba una cámara digital de antaño, a base de diskettes aún. En las faldas del volcán Pacaya fotografió su “primer chucho” de calidad. Aun hoy Sergio utiliza esa foto para demostrar que no se necesita la mejor cámara para hacer buenas fotos.
El primer instrumento propio que tendría en manos sería una cámara RCA. “Empecé a tomar fotos ya en serio y me metía a concursos locales comenta—, pero me daba cuenta de que siempre ganaba el primo o hermano del organizador”.
Frustrado por el nepotismo, trasladó su trabajo a certámenes internacionales en Internet. “Los sitios web que utilizaba destruían las fotos cuando las subía”, ríe. Cada aspecto, tono o ángulo resultaba tema de discusión. Eventualmente Sergio logró escalar a primeros y segundos lugares.
Para costear equipo y proyectos, vendió su alma realizando fotografías de bodas y demás actividades pagadas. Pero entonces, suficientemente arriesgado, decidió probar suerte.
Hola, soy fotógrafo de National
“No me van a contestar —pensaba Sergio—, pero quise intentarlo”. El fotógrafo envió correos pidiendo una oportunidad, con parte de su portafolio y enlaces a sus páginas, a National Geographic, National Geographic Travel y Discovery.
“Para mi sorpresa, a los cuatro días me contestaron”, sonríe. Izquierdo ofreció su trabajo sin necesidad de ninguna remuneración. Su relación con el zoológico nacional y otras organizaciones como Defensores de la Naturaleza y Abima (Asociación de Biología Marina en Guatemala) propició la diversidad de su material.
El correo advertía que National recibía de tres mil a cuatro mil correos con propuestas al día. La revista tiene la política de no contestarle a nadie. Sin embargo, vieron las fotos de Sergio, ingresaron a su sitio web y se dieron cuenta de su potencial.
“Los fotógrafos que ingresan a la revista son ya de renombre. Corresponsales de la Casa Blanca, por ejemplo. Sin embargo, la compañía maneja una división de nuevos talentos en donde mi trabajo tenía un lugar”, comenta.
Entre los proyectos que ha trabajado Sergio con Nat Geo figura uno sobre la teoría del fin del mundo según los mayas. Actualmente se encuentra gestionando un nuevo proyecto para retratar el peligro de extinción de los jaguares en Petén. Izquierdo tiene la oportunidad de realizar ocho publicaciones y recibir propuestas de la compañía.
Visión
“La fotografía no solo es apertura, velocidad e ISO”, afirma. Su ojo afinado no nació de la noche a la mañana. Si bien Sergio nunca ha recibido cursos o clases durante su carrera, admite que las críticas y su perseverancia han sido su mayor motivación y escuela.
“Necesité esas críticas constru-destructivas para lograr sacarme el jugo”, continúa. “Aún así, siempre debes seguir exigiéndote cada vez más. Y aunque haya llegado a lugares inimaginables para algunos, sé que puedo ser mejor”, agrega.
“Me gustan las emociones fuertes”, admite el fotógrafo. “Me gusta la aventura, la adrenalina”. Desde pequeño, desde esos intentos fallidos en que saturaba el lente de luz o sombra, Sergio siempre apuntó a retratar la naturaleza y la conservación de animales.
“Cada vez estamos perdiendo más y más especies, siguen creciendo los proyectos de casas y la gente se olvida de la naturaleza. Es por eso por lo que peleo”, comenta. “Los animales conservan su inocencia. El ser humano llegó a ser tan inteligente que ha trabajado en cosas que van a acabar con su propia existencia”, resalta.
Predicando los valiosos recursos y especies del mundo, la labor de Sergio trasciende lo estético de la imagen. Es un bello y al mismo tiempo dramático vistazo al precioso reino animal, un lienzo que poco a poco hemos desgastado hasta probar sus límites.
Del curioso y experimental aficionado en las faldas del Pacaya al intruso en la selva, el lente de Sergio ha trascendido a dimensiones inimaginables. Brillante fotógrafo impresionista, con complejo de Monet, Izquierdo firma uno de los estilos más exigentes e intensos del arte visual.
Con un lienzo que se ha ido tiñendo de oro hasta convertirse en las escenas de cristal de hoy, Sergio Izquierdo es uno de los artistas más impresionantes de la actualidad. El portafolio del chapín nos deja cortos de aliento. “No hay imposibles”, sentencia, y sin duda su trabajo es prueba de ello.
Publicado por: Axel Natareno
Fuente: dca.gob.gt