19 Oct, 2009 - 08:54:40
Una caja para guardar el cielo y un zapato para el tiempo.
El tiempo pasa y los espacios se quedan allí, esperando a que lleguemos o resueltos a ignorarnos. Ninguna de estas dimensiones nos logra intimidar: ni el pesado tiempo, que cada día hace un pequeño borrón a nuestra existencia, ni el espacio, que sin límite se extiende aun fuera de nuestro mundo. Nosotros intentamos comprenderlos, dominarlos. En esta época, que pasará como de las más ilusas, hasta los tratamos de comprar. Pero ellos siguen sin sentirnos, impávidos, moviéndose dentro de su propia historia, dentro de sus propias temporalidades y sus mismos espacios. Ellos hacen el Universo que conocemos, su drama y su silencio. A veces consideramos nuestra tragedia al acercarnos a sus confines. Intuimos su lejanía, nuestro limitado entendimiento. Como un reloj despertador cuya carátula no tiene sino líneas que recuerdan el suelo de un desierto rajado por el sol, y sin minuteros ni segundos, nos evoca que la existencia se quiebra como delgada superficie o se vuelve los puntos de las estrellas de la noche. No hay manera de medir el tiempo, pero hacemos el intento. Asombrosas maquinarias, delicados mecanismos, incluso tan costosos como la completa vida de un humano, para calcular no sirven. Se escapan por otros linderos, se desbordan y nos mantienen embrujados con el movimiento de los cuerpos sobre el espacio sin fin.
Estrategias para medir el universo es una muestra de 22 obras de tres artistas de los más representativos de Comalapa, Chimaltenango: Ángel Poyón, Juan Fernando Poyón y Édgar Calel. Sus obras nos relacionan directamente con el misterio de la materia, con nuestro íntimo cuestionamiento, con los objetos que han llegado a significar otros conceptos, con nuestro cuerpo que ve y siente un mundo que ha ido siendo trasformado por la cultura y nos entabla un despotismo. ¿Quién dijo que teníamos forma? ¿Cómo hemos aprendido a tenerla y a transformarla? Igual que los relojes-joyas, ¿hemos aprendido a valorar a unos más que otros por el puro capricho de la imaginación? Allí está esa balanza de Ángel Poyón que intenta descifrarnos la inexistencia de todo lo que prejuzgamos de nuestro cuerpo. Porque carezco de forma es que existo, así la titula. Suspende un plato de balanza de un reloj redondo que simula el registro del peso. Este es el segundo marcando a un compás diferente: no hay nada para ser pesado, es solo el pensamiento que pasa por un momento las cadenillas del recipiente de la balanza y se ríe del intento.
El espacio también puede ser ironizado y vuelto al revés. Con Édgar Calel caminamos sobre el cielo y encontramos que este puede ser atrapado en unas cajas. Se nos imagina que también podemos regalar cielos, cajones de nubes, enviar lejos los movimientos de las alas de una parvada de pericas. Bien dice Emiliano Valdés, curador de la obra que se exhibe en Sol del Río: “Con un trabajo técnicamente mixto, pero que se apoya en el objeto, estos jóvenes artistas apelan a la poesía de la forma y de los significados existentes que, combinados con una especie de intuición instantánea…, sugieren aspectos de la naturaleza intrínseca del mundo y sus habitantes…, deforman lo suficiente el sentido de las cosas, parafraseando a Bachelard en su Poética del instante, para obtener lo abstracto de lo concreto, para permitir al pensamiento evadirse de las cosas”.
En esta resignificación de los objetos seguimos encontrando ese guiño humorístico: un péndulo que es un zapato (el paso del tiempo) y se titula Día verde, un mapa extraordinario en que todo ha cambiado de posición. Estados Unidos es parte de América del Sur, pero ya no es más América, es vecino de la India, Guatemala aparece cerca de Japón. Todos los países están completamente dislocados, pero formando una primigenia Tierra. Se titula In situ, es decir, en el sitio, como una investigación realizada en el verdadero lugar. No puede dejar de habitarnos el humor cuando nos acercamos a estos mundos en los que este trío de comalapenses nos invita a habitar y jugar para deconstruir el universo que nos circunda.
Introducción del Curador Emiliano Valdés
Medir el universo es complicado. A menudo no sirven las unidades habituales. Las distancias, el tiempo y las fuerzas son enormes, y como es sabido, es muy difícil medirlas directamente… Aún así, el ser humano se ha afanado por calcular los cuerpos, las fuerzas, las trayectorias, ponerles nombre a las cosas e intentar de ese modo comprenderlo todo: acaso fútil pero irrenunciable impulso por domesticar aquello que le sorprende, que le asombra, en fin, que le supera. Sus estrategias se han complejizado con el paso del tiempo y el desarrollo de la ciencia hasta crear mecanismos extraordinarios y conseguir resultados humanamente satisfactorios que, pese a todos los esfuerzos, no han podido explicar, al menos no del todo, uno de los enigmas más elementales pero más difíciles de resolver: la simple existencia humana y su sentido…
Esta exposición es un intento por recrear ese universo a través de la visión de estos tres artistas; un mundo complejo, lleno de ideas y elementos, de formas, de técnicas. No busca la exactitud, sino la posibilidad. Entrar a estas salas, en esta ocasión, significa abandonar un poco los parámetros normales que rigen nuestras existencias y estar dispuestos a ejercer otras formas del conocimiento: más intuitivas, menos exactas y, por lo mismo, probablemente más cerca de nosotros. Es a través de la obra de Ángel, Fernando y Édgar como podemos hacer un ejercicio de fe e imaginar ser capaces de medir el mundo, aunque sea por un instante.
Fuente: dca.gob.gt
©
deguate