Por: Alejandro García
Lo que hubiese dado este mortal por haber compartido paisaje con Monet en el río Sena, cuando Friedrich caminaba sobre un mar de nubes en Suiza, o admirando la misma luna que Van Gogh en su Noche estrellada, pero no.
Debemos conformarnos con apreciar la posteridad. Sin embargo, a pesar de que el arte contemporáneo no se pueda empatar con aquellos pintores de antaño, siempre florecerán talentos inigualables que la vida nos da la gracia de conocer.
Talentos así también habitan en Guatemala. Otros, sin embargo, logran de vez en cuando emigrar al lado nuestro. Hace unos días, el talento búlgaro de Ignat Ignatov deleitó a un reducido número de curiosos con la virtuosidad de sus pinceles.

El talento europeo aprovechó la multiculturalidad y colorido de nuestro país para aumentar su portafolio. Cosechando de esos rostros y rincones que solo este país puede ofrecer, Ignat se contagió de la psicodelia en su fugaz visita.
Un vistazo a Ignat
Nacido en Veliko Tarnovo, Bulgaria, desde temprana edad este joven pintor demostró su habilidad e inclinación sobre el lienzo, el color y los momentos que luego capturaría como profesional.
Como dibujante, pintor y escultor, el entonces adolescente fue admitido en la Escuela de Artes de Tryavna, alma máter de los artistas más emblemáticos de Bulgaria en pintura y, en una época, en madera tallada.
Durante los años siguientes, el talento emergente de Ignat continuó emigrando a diferentes escuelas de arte en Europa, hasta lograr costear su mudanza a Estados Unidos, en 1997.
Como maestro, alumno y artista, el lienzo del búlgaro continuó afinándose en detalles, tonos y texturas hasta alcanzar la obra perfeccionista que conocemos hoy. Abandonando previas labores, como la de escultor, este artista se enfocó exclusivamente en el dibujo y la pintura, en retratar esos fugaces rostros, momentos y lugares.
Como fiel descendiente de otros gigantes como el ruso Nicolai Fechin, el italiano John Singer Sargent y el sueco Anders Zorn, su ferviente adicción es la de trabajar retratos, aunque también coquetea con paisajes y trabajo figurativo.
El lienzo de Ignatov se alimenta constantemente de nuevas experiencias, por lo que la poética y diversidad de Guatemala no podía dejar de infectar la tinta del búlgaro, tal y como él mismo lo definió: “Un viaje sumamente enriquecedor”.
Compartiendo intimidades
El aspecto más interesante y enriquecedor de su visita fue el hecho de permitirnos ser testigos, durante cuatro horas, del talento del pintor. Ante un salón poblado de artistas, aspirantes y alumnos, Ignat desenfundó pincel y lienzo para que pudiesen degustar de su habilidad en vivo.
“Fue increíble compartir con un público de esa manera y ver un interés genuino en el arte”, comenta. “Yo doy talleres constantemente, así que el trabajar frente a un grupo es algo normal para mí”, añade.
Uno de los más grandes aportes, retos incluso, durante su visita, fue la de poder capturar el caleidoscopio visual que ofrece Guatemala. Contrario al sombrío y melancólico portafolio que maneja el búlgaro, la modelo presente durante su demostración se presentaba como uno de los elementos más coloridos que ha enfrentado en su carrera.
“El reto en pintar algo así yace en sus patrones y detalles”, afirma. “La complicidad de la ejecución es tratar de simplificar la escena, para capturar su esencia.”
A pesar de su atracción magnética a nuevas tierras y experiencias, Ignat admite ser seducido con mayor frecuencia por los retratos que por los paisajes. “Hay algo único en la figura humana que no encuentro en ningún otro lugar”, afirma.
“Cada tema tiene sus propias características y puede ser abordado de diferentes formas, pero es la vida de un rostro la que proyecta ese reto”.
El resultado final de esa sesión de cuatro horas, si bien no es una fotografía exacta y precisa de la modelo, captura con elegancia las texturas, matices y tonos no solo del personaje, sino de la escena en sí, toda la arquitectura visual alrededor de ella, es decir, iluminación, sombras, gestos, sensación, sentimientos, profundidad, etc.
“Pude captar fácilmente su forma de hacer arte”, afirma Frank Pineda, poeta y estudiante de arte presente durante la sesión en vivo de Ignatov. “Es increíble tener la oportunidad de compartir con un artista y disfrutar de técnicas tan frescas y modernas.
Te abre la mente a nuevas expresiones y formas de pintar”. La escuela y academia Atelier de Arte fue la encargada de fichar a Ignatov para esta fugaz visita. “Fue sorprendente la reacción del público y mis alumnos ante la experiencia.
Es importante para el guatemalteco común y para artistas principiantes el estar expuesto a este tipo de actividades”, sentencia Sergio Antonio, director de la academia.
Sergio, como artista de trayectoria bajo la instrucción de otros artistas, admite no haber sido impresionado tanto por la técnica del búlgaro, pero resalta el hecho de mantener una mente abierta y estar dispuestos a recibir conocimientos del extranjero. “Debemos enterrar los celos profesionales para compartir conocimientos y así mejorar el nivel artístico de Guatemala en general”.
La visita del creativo no solo tuvo impacto en los alumnos y testigos de su talento. La riqueza de nuestro país terminó también por infectarlo. “En la vida de un artista, el camino que atraviesa sin duda afecta sus creaciones”, afirma.
“Estoy seguro de que este viaje inspirará positivamente mis futuras creaciones”, afirma el pintor búlgaro, quien vagabundeó por ruinas mayas, las orillas del lago Atitlán, el mercado de Chichicastenango y demás rincones de Antigua. Al despedirse llamó a este país “una genuina fuente de inspiración y creatividad”.
Publicado por: Axel Natareno
Fuente: dca.gob.gt