Por: Alejandro García
Si fracasamos tan rotundamente al tratar de definir una ciudad como Guatemala, ¿cómo podríamos acaso hacerlo con una metrópoli de casi 20 millones de habitantes? Sin embargo, la diversidad, pasiones y contradicciones de la urbe estadounidense permiten un sinfín de lecturas e interpretaciones para quien se sumerge en ella. Bajo esta premisa, se une la visión de estos dos testigos para exponer las infinitas y fugaces historias que ofrece Nueva York.
Morena Pérez Joachim, guatemalteca, comunicadora social y fotógrafa documentalista. John Sevigny, estadounidense, escritor, y fotoperiodista. Ambos diferentes entre sí, no obstante comparten la misma curiosidad y atracción magnética a callejear con cámara en mano.
Jungla de Concreto es la muestra fotográfica a iniciarse hoy, con los rastros vagabundos de ambos artistas visuales. Un vistazo a la versatilidad de ambos y cómo se complementó la puesta en escena a partir de la narrativa de los fotógrafos.

Dentro del laberinto
Se supone una tarea ardua e intensa el anidar temporalmente en las fauces de New York. Es una ciudad vasta, enorme y con potencial destructivo, pero si logra aceptarte en su seno, sin duda te devolverá las más finas joyas que cualquier artista quisiese tener.
“Ya había ido a Nueva York” comenta Morena. “Sin embargo, muchas veces fui por la simple inercia de estar viajando”. Como una de las fotógrafas urbanas más importantes de Guatemala, supo a cabalidad transmitir su visión a las calles gringas. “Es un lugar muy multicultural y diverso”, continua. “Es obvio que nunca duerme: en cada esquina puedes ver un personaje que te cuenta su historia, tan solo con su estilo.”
Morena resalta lo impredecible de la ciudad. “Es como una obra de teatro en la calle”, afirma. “Por ejemplo aquí, la zona 1 es muy monótona, sus habitantes se mueven y se comportan de cierta forma. Igual en San Martín Jilotepque, por ejemplo.
Cambian por región, pero dentro de la misma todos son muy similares. Nueva York es una ciudad en constante movimiento”. Por otro lado, la exposición contrasta la visión forastera y alienígena de Morena con la casi hogareña cotidianeidad de Sevigny. “Es una ciudad mágica”, comenta John. “Un 90 % de los fotógrafos profesionales han trabajado aquí, y quienes no lo han hecho desean hacerlo.”
A pesar de ser dos autores tan geográfica y generacionalmente distanciados, ambos comparten similitudes en su visión de trabajo y portafolio. Tanto John como Morena trabajan constantemente la fotografía social, humana y callejera con algunas diferencias.
“Ella ve cosas que no veo, tiene diferentes intereses, pasiones que si bien comparto no las exploto como ella”, afirma Sevigny sobre el trabajo de su compañera. “Yo no hago obras de arte”, puntualiza Morena, “yo hago historias impresas”.
A través de esa narrativa visual, de empatar ambas posturas e inmortalizar los pintorescos personajes que rondan las calles neoyorquinas, nació Jungla de Concreto, una visión dual de los protagonistas de la violenta, acelerada y adictiva capital del mundo.
Los laberintos de la región escupieron a sus habitantes para que guiaran el lente de estos fotógrafos: punketos, hiphoperos, músicos callejeros, empresarios, familias en asistencia social, maratonistas, policías, ancianos escuchando a James Brown, latinos, asiáticos, newyorkers y demás rostros que conforman la urbe.
Planos y planes
Si bien la exposición es la culminación de la relación entre Sevigny y Pérez, debemos resaltar el hecho de que no trabajaron juntos desde un principio para la realización de Jungla de Concreto. “Al viajar llevo conmigo la visión que trabajo acá”, admite Morena.
“Me dedico a tomar fotos todo el tiempo, pero en ningún momento decidimos trabajar específicamente para montar algo”. El resultado es más un momento fugaz que quedó inmortalizado.
Como fotógrafos activos era imposible dejar pasar desapercibida la novela que se escribe todos los días en la metrópoli. “No debemos exagerar”, advierte John. “No fue una clase magistral. La exposición sí es una colaboración, sin embargo, la obra no lo es”. Sevigny resalta además que sus imágenes dentro la exposición no fueron tomadas en compañía de Morena y viceversa.
La puesta en escena es un hecho casi accidental, que nace de haber coincidido en el mismo momento y el mismo lugar. “Si alguien en 50 años quisiera analizar cómo fue Nueva York en el 2011, podría tomar nuestra fotografía para ejemplificarlo”, comenta John. Como testigos y cómplices, la dupla resulta en la compleja variedad, contradictoria incluso de la región, en ocasiones fácilmente transmisible a Guatemala.
El glamour y decadencia de un sector tan industrial, multipolar y multicultural no puede evitar dar vida a semejante antología visual. Si bien es apenas un trozo de la inmensidad, son documentos perfectos que reflejan la industrialización, sobrepoblación, agresividad y narrativa caótica de Nueva York, vista desde los ojos de un casero y una inquilina, nos inclinamos al visor que nos acerca a la meca del urbanismo.
Publicado por: Axel Natareno
Fuente: dca.gob.gt