Por: Alejandro García
¿De qué grieta, sombra o cenicero nació el espectro que se hace llamar Álvaro Sánchez? Seguramente de uno muy gris. Con Bukowski de niñero y Tom Waits cantando canciones de cuna en noches de luna llena, los espantos que pusieron casa en la mente de este fantástico ilustrador terminaron por desangrarse de los dedos de su autor.
La visión poética de Sánchez termina en un lienzo pervertido y corrupto cargado de ideas y pesadillas que dan vida a una obra perversa y fracturada, pero sin duda brillante.
La macabra visión de Sánchez es la perfecta arquitectura de un edificio colapsado. Es un incisivo y preciso caos controlado. Esta decadencia no es más que la culminación de una legión de influencias igual de sucias y terribles.
Si Sánchez fuese poeta, sería Ginsberg; si fuese cineasta, sería Lynch; si fuese músico, sería Reznor o Manson. Si bien, poseído por todos ellos y más, llegó de heredero un oxidado y desgastado ilustrador que goza de gran proyección y un material inevitable de voltear a ver.
Primeros engendros
De noche, en un oscuro rinconcito con mouse en mano, Mark Lanegan u otro ícono del rock alternativo cantando desde las bocinas, Kerouac descansa a un lado con las páginas forzadas por una reciente lectura.
En medio de esa orquesta trabaja su maestro de ceremonias, un inquieto e impredecible ilustrador, el títere del titiritero musical en turno. La obra de Sánchez ha atravesado una serie de accidentes, autores y estilos hasta alcanzar el portento que es hoy.
“Yo no soy buen dibujante. No sé dibujar o pintar”, aclara Álvaro entre risas. Su carrera visual comenzó cuando el autor estudiaba Publicidad y Comunicación. Sin embargo, cual oveja descarriada, terminó por inclinarse por el diseño. “Me gustó estar enfrente de la computadora y crear lo que la imaginación me permita. Es una libertad inimaginable”, confiesa. Desde mediados de los 90, trabajaría para agencias publicitarias, lo que agilizó su trabajo.
“Entonces empezaba por hacer collages que, con el tiempo, se convertirían en mi principal manera de expresión. Me gustó la idea de tomar elementos y descontextualizarlos”, comenta. Entonces, gracias a los contactos con el mundo publicitario, Sánchez logró infiltrarse a la revista Comunication Arts de Los Ángeles, California.
“Ahí te dan las propuestas de ilustradores de agencias, de sepa de dónde diablos, y mirabas unas cosas impresionantes. Ahí te vas formando la idea de que puedes hacer algo más que un miserable volante”, afirma. Entonces, el diseñador de Marlboro fue corrompido por el arte.
Con el auge del Internet, otras publicaciones como Urban Collective, de Australia, captaron la visión todavía embrionaria de Sánchez quien, ya con portafolio en mano, empezó a subir sus trabajos, que obtuvieron buenos comentarios. Diferente de las obras oscuras que hoy le conocemos, el siempre collage en cuestión tendía a rayar en el pop art, un discípulo más de Andy Warhol.
“Entonces no tenía concepto fijo. Simplemente experimentaba”, comenta. De sitio en sitio, aterrizó en el oasis de los diseñadores, en Alemania: Bastard Magazine. “Yo decía quiero estar ahí. Entonces mandé y mandé hasta que me publicaron, y entre colaboraciones se pasaron cuatro años”, cuenta.
Fuera del capullo
La exposición en estos y otros espacios terminó de afinar y madurar el trabajo de Sánchez. “Lo hacía porque quería ver en dónde estaba mi trabajo en relación con diseñadores extranjeros. Ahora, estoy confiado.
Lo que hacía antes no es ni la sombra de lo que es hoy. Y todo es gracias a ese recorrido”, afirma. Su don de vagabundeo lo llevó a Anti Magazine, de Italia, a una exposición a la Casa del Mango en Antigua, en 2008, y así sucesivamente.
A través de este coctel de imágenes, Álvaro ha encontrado el punto de ebullición de las frustraciones y rebeldía que se añejan dentro. “Mi parte contestataria encontró finalmente cómo salir. Ese es el objetivo de mi trabajo: un golpe en la nariz.
Yo veo mis obras como pequeñas canciones de punk”, afirma. Este material deviene del apetito voraz de Sánchez por la literatura, su eterna devoción a la música y a la que considera su mina de oro, Guatemala misma. “Este país no me deja de sorprender. Las casas del centro, el óxido, las paredes gastadas y las texturas. Este es un país sumamente surrealista”, afirma.
Vale la pena resaltar que, si bien Álvaro es un artista visual, durante su proceso creativo se aísla de cualquiera de sus pares. Reconoce que admira a creativos como Stanley Donwood, quien ha trabajado con Radiohead; el pintor irlandés Francis Bacon; el diseñador David Carson o Peter Seville.
Autor de la portada Unknown Pleasures, de Joy Division (la que, a propósito, llama su carátula favorita. Sin embargo, prefiere ahondar en la música y la literatura como inspiración. Como fiel devoto de la generación beat y el rock industrial, Álvaro considera que su velada más romántica sería leer The Naked Lunch, de Burroughs, con The Downward Spiral, de Nine Inch Nails, en el estéreo.
Esperemos entonces, con semejante compañía, no menos que su Mona Lisa. “Mucha gente usa la música solo para ambientar una situación. Para mí, va paralelo con lo que estoy trabajando. No puedo trabajar sin música”, resalta.
Actualmente, Álvaro comenta que trabaja en una serie en la que retomará su infancia y juventud. “Quiero rendirle tributo a esas cosas que me hicieron tan no popular. Con un toque retro, gastado y roto quiero reencontrarme con esos recuerdos que me formaron”, relata.
El futuro de Sánchez, al igual que su pasado, está en las calles. “Te vas dando cuenta de que las galerías no son necesariamente el punto de reunión. Quiero ver mi trabajo en todas las carteleras y revistas posibles y, sobre todo, quiero seguir haciendo esto el resto de mi vida”, concluye.
Con esa visión única que lo infecta, la obra sucia y decadente de Sánchez ofrece una poética intensa y macabra. Es un interesante acercamiento a cómo las frustraciones, gustos e influencias confluyen en una narrativa cargada de elementos, sentimientos y personajes.
El profundo trasfondo de cada imagen termina siendo exteriorizado a través de esas terribles pesadillas, con lo que lo convierten en un brillante y sombrío narrador visual.
Publicado por: Axel Natareno
Fuente: dca.gob.gt