El jade es el término genérico que describe a dos minerales similares: la jadeita y la nefrita.
De estos dos, la jadeíta es la forma de jade más preciosa y la única que entra en la calidad de gema, ya que, por la composición de sus elementos, es más dura y densa y posee bellos y brillantes colores, razones por la cuales es también la más escasa.
La Jadeíta es encontrada en Birmania, Rusia y Guatemala en abundancia y en pequeñas cantidades en Japón, Suiza, y California en Estados Unidos esta ha sido tallada por las culturas prehispánicas de Centro América desde antes de la época de Cristo.
La Nefrita, la más antigua de las dos piedras, es conocida desde la historia de los chinos, por lo menos hace 5000 años.
Esta clase de jade sólo se encuentra en cuatro lugares del mundo: Burma, California, Japón y Guatemala, y la nefrita únicamente en China.
El jade forma parte de la historia de las culturas indígenas que se desarrollaron en la región.
En la cultura maya el jade verde simbolizó el maíz fertilizado, plumas de quetzal, la abundancia, y sobre todo el poder, simbolismo que contribuyó a adjudicarle un alto valor hasta el punto de comercializarlo entre ciudades mayas, por muy distantes que éstas se localizaran.
Pero durante la conquista española las canteras se abandonan y desaparecen entre la selva. No es sino hasta 1950 que fueron hallados los primeros vestigios del uso de esta gema y posteriormente fueron localizadas las principales canteras en regiones como la zona del Motagua, la del Polochic , el Lago de Izabal, Valle de Chixoy, sierra de las Minas, Chuacús y la de los Cuchumatanes.
Esto dio lugar al surgimiento de una nueva industria: la manufactura de joyería y objetos elaborados con jade.
En La Antigua Guatemala existen varios talleres que se dedican a elaborar joyas con esta gema, algunos de manera fabril elaboran piezas en serie, aunque también existen artesanos joyeros que elaboran piezas únicas.
Fuente: DeGuate.com