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Literatura
El Hurto de la Luz
17 Feb, 2010 - 08:51:26

La contidianidad de la familia en su encrucijada Histórica es investigada en este nuevo libro .

Por: Rodolfo Arévalo

El filósofo argentino Dardo Scavino (1964), cuando nos habla de los problemas que enfrenta en nuestro presente la metafísica, nos propone el trabajo de la poesía. Dice, en su libro El señor, el amante y el poeta (2009),  aludiendo a la vieja metáfora de la luz como verdad, que es como el sol: mientras más puro es su encuentro, menos lo vemos, por la intensidad de su manifestación, y esto produce que la misma luz se convierta en una especie de velo. Ese proceso de velar y develar, de encubrir y descubrir, casi al mismo tiempo es el trabajo reservado a la poesía. No nos extrañe que no podamos entenderla a primera lectura. O quizá, si la entendemos, puede que revele otra oscuridad-luz que no nos permitimos ver. Al cumplir esta doble función, el poeta puede desatinar, confundirse, contradecirse y por supuesto fantasear: ver apariciones que no se muestran. Es por eso tan común que un poema que nos gustó una vez, nos disguste o irrite otras veces, y nos damos cuenta, con asombro, que la aparente cordura de una buena comprensión pueda ser el inicio de la pérdida irremediable de la poesía. Difícil comprender este trabajo que nos lleva siempre por senderos nunca conocidos y confusos, porque las señas son las mismas. Siempre se usarán las mismas palabras con las que hablamos. Pero en el poema develan escondiendo.

El libro de Circo y estadística de Paolo Guinea (1975), publicado por la editorial Magna Terra, 2009, es una clara muestra de este fenómeno. En este caso es lo frecuente que esconde lo extraño o lo insólito que descubre lo habitual. Paolo nos hace vivir cómodamente lo desacostumbrado. Por esto, acertadamente Sequén-Mónchez dice del trabajo de Paolo, en el prólogo que precede la obra: “…se mantiene ajeno a las pedanterías y a las servidumbres mediáticas.” Y advierte: “Este signo resulta doblemente nocivo. Por una parte, distorsiona al mostrarlo como un amateur que escribe ocasionalmente; por otra, da la perniciosa idea de que no encontraremos ninguna profundidad.”

Scavino agregaría, tratando de explicar desde la filosofía llena de aporías, esta condición “poética” de los humanos: “Los frívolos charlatanes” hábiles en calificar, en escribir alabanzas o en establecer comparaciones son, desde luego, los poetas. Pero al propio Avicena, (y agrego: como cualquier otro filósofo) no le queda más remedio que incurrir en el discurso que él mismo está condenando… “Solo se puede hablar de aquella arjé (principio del cual se derivan todas las cosas) velándola ligeramente u observándola a través de una figura.”

Este proceso de esconder y revelar, esta demostración en que solo de soslayo se puede ver de frente, es la que nos hace encontrar sentido a la vida y su experiencia, porque vista directamente, sin el lenguaje que lo oculta, no encontraríamos sino la entera realidad, que unida o desunida, formando un todo o un caos, nos absorbería y seríamos otra cosa entre las cosas. Pero entonces poetizamos, interpretamos: encontramos alcances, relaciones, caminos. Literalmente inventamos del mundo y así lo trascendemos, por la significación que le damos. Esta vez es Paolo el que nos da su glosa, realizada desde el afecto de la familia, pero hurgando desde ella lo inaceptable.

Acertijos
Nunca precisarás mi estado
soy puro ojo abierto
palpitando en la lágrima.

Solo quizá desnude el brillo de mis arterias
como prueba de un pulso agónico.

Soy la piedra que se estacionó
en medio de la espera
soy el invencible patio terco.

La curva del durazno donde se resbala
la saliva y combate el rocío.

Me miras tal vez como la rama rota
con la que juega un niño a héroe
mientras trae las nalgas sucias y desnudas.

Soy, dime tú, cualquier secreción de la noche
(camada cruel de circos y voluntades).

Haz añicos el esfuerzo, porque no tendrás
ni  tino, ni buen olfato para adivinarme.

Mientras miro al cielo, pienso en el agua
cuando ésta me toca, abono las praderas
regla ortográfica para decantar la vida.

Fuente: dca.gob.gt


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