22 Oct, 2009 - 16:27:18
“Aunque no quiera parecelo, esta es una obra de ficción”.
La última narración de Rodrigo Rey Rosa es la descripción de la vida en Guatemala, su universo de violencia, desde las entrañas de las instituciones, que se hicieron con el único propósito de controlar a la sociedad. Esa violencia puede encontrarnos o buscarnos y caer sobre un transeúnte de sus calles, o en el habitante de una casa residencial que se considera blindada. Es una posibilidad que siempre está allí. No importa que se viaje y se halle un escondite, la violencia está internalizada y desde allí avanza hacia una exterioridad que invade.
Guatemala es uno de esos lugares que son indicios de la configuración social que ha propiciado el capitalismo y el Estado fallido que a este le interesa. El problema que resulta es una maquinaria antihumana que funciona sola y que va cubriendo todas las actividades humanas, incluso el sueño.
El tema principal de El material humano es el archivo de la Policía Nacional, que contiene, como si fueran los del temible jefe de policía francesa, Fouché, (Benedicto Tun para nuestro relato) el registro de cientos de ciudadanos, muchos de ellos desaparecidos. Al mismo tiempo es la puerta hacia la fábrica de terror construida para mantener oscuros intereses que no se aclaran nunca y aparecen como fuerzas mitológicas que se enfrentan, pero ninguna a favor de las personas, que son consideradas simple material de horrores.
La técnica que utiliza Rey Rosa es la escritura de una bitácora de acontecimientos, escogidos para formar una estructura íntima que devela cómo se convierte la pesadilla del terror en parte de la vida psicológica de las personas, transformando sus pláticas, su vida onírica y su vida erótica hasta llegar a ser parte de su cotidiano. Esto lo va acompañando de citas de los libros que va leyendo. Por ejemplo, el citado genio tenebroso de Fouché, o las pequeñas alusiones a guatemaltecos que estuvieron en Francia. Sus vidas forman parte de ese ambiente de terror que los circunda. El cuñado de Jacobo Rodríguez Padilla, el famoso pintor, se suicida tirándose de un montículo del zoológico, mientras que su amigo, el pintor Miquel Barceló, en la obra, es el comprador de la biblioteca de Paul Bowles y vive opulentamente. Solo los guatemaltecos son presas de esa psiquis que persigue y que nos hace evocar una ficción borgiana o de Thomas De Quincey (relacionados entre sí en un intricado esquema): una sensualidad corrompida por la violencia, sea esta por el opio del británico o por la extraña concupiscencia metafísica del argentino. De todas maneras, con esta forma de narrar, Rey Rosa nos adentra en los misteriosos mundos de las vidas de los chapines, siempre en agonía, próximos a una muerte horrorosa, y, al mismo tiempo, rodeados de mórbidos erotismos. (¿No es impresionante tomar como crimen político el dejar la prostitución?).
El carácter de la narración es lento, sumido en lo cotidiano. Poco a poco nos hunde en el mundo subterráneo del perseguido, sea cualquiera el motivo: el secuestro, la llamada anónima nocturna, el sobresalto de encontrarnos perseguidos. La narración es uno de los mejores trabajos de Rey Rosa. El minimalismo que lo caracteriza es alcanzado esta vez plenamente.
ficha del escritor
Rodrigo Rey Rosa nació en Guatemala en 1958. Es escritor y traductor. Después de terminar sus estudios en Guatemala, residió en Nueva York y posteriormente se trasladó a Tánger, Marruecos.
En su primer viaje a Marruecos conoció a Paul Bowles en uno de sus talleres de escritura. Bowles le tradujo sus tres primeras obras al inglés. Su relación y amistad con el escritor estadounidense lo marcarían profundamente. También mantiene una amistad con el pintor español Miquel Barceló. En el año 2004, el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala le otorgó el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” y concedió el dinero para que se instituyera un premio de literatura indígena, uno de los gestos más nobles que se han dado en el país para promover el desarrollo de nuestra literatura.
Fuente: dca.gob.gt
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