Un libro que nos acerca a los años y al lenguaje de la caída.
Por: Rodolfo Arévalo
Hace uno días, David Unger presentó en Sophos un libro titulado Ni chicha, ni limonada, un dicho chapín que significa “ni lo uno ni lo otro”. La frase abre de lleno la brecha de la inconsistencia de la identidad. Los humanos somos personas, más allá de los fenotipos, las etnias y las etiquetas que nos pone el poder que en el momento domina, los que pueden hablar o escribir y se les escucha.
En esta obra Unger describe al que no puede hablar porque está fuera de contexto, el que balbucea con una jerga de hace tres décadas, que todavía podemos sentir como el eco de lo que se perdió. Ni chicha, ni limonada somos todos los que pudimos escapar y escondernos en la rendija que deja la duda. También el soldadito que recibió órdenes y nunca supo qué hacía, la dicha de los inadvertidos.
También “fueron ni chicha, ni limonada” todos los hipócritas que sabiendo lo que pasaba: que se estaba cambiando la libertad de un pueblo por unos pequeños intereses económicos, se plegaron a esa fuerza y dejaron que ocurriera la primera Gran Desgracia guatemalteca. Ni los nicas dejaron que se instruyeran órdenes desde Washington, se defendieron con piedras.
Pero a los chapines de Castillo Armas eso ni les importó. Ni les molestó la carga de muertos que provocó. Siguieron siendo ni chicha, ni limonada, sino ese ínter.
Esos valores que debieron ser los guías de esos momentos son los que ahora tratamos de alcanzar, pero es imposible. Esa limpieza de Estado es la que ahora falta y se emborrona entre corruptelas heredadas de esa época.
De nuevo el ni una cosa, ni la otra envuelve todas las narraciones, como un fantasma que nos engulle. Ni Gabo logra salvar el martini compuesto por deseos, ni el amargo ginebra.
Guatemala y América Latina se hunden, y sabemos que no somos ni chicha, ni limonada, sino lo que el momento determine sin mención del futuro. En este libro de Unger la religión suena igual que la Doctrina Monroe. Está atrás de todo, juega al bando contrario a la vida, no se entiende ninguno de los inútiles rituales. Lo único cierto es que atrás esconden un misterio, y ese misterio cuesta sangre.
El lenguaje del libro repite dichos ya idos, habla con una jerga que se nos fue alrededor de los setenta y se llevó a los últimos que hablaron de sus sueños en cantinas de las que apenas quedan dos o tres, afamadas y mantenidas con historias fantasmales de un lapso al que nadie escapó. Guatemala tendrá que decidir entra la chicha y la limonada. A ver qué pasa.
ficha del artista
David Unger es un guatemalteco estadounidense, autor y traductor. Nació el 6 de noviembre de 1950 en Ciudad de Guatemala. En 1955 emigró a Florida con sus padres.
Unger se graduó de la Universidad de Massachusetts, en Amherst, con un BA y recibió un MFA de La Universidad de Columbia. En la actualidad es profesor en la City College de Nueva York y es el representante de Estados Unidos para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Él es el autor de Ni chicha, ni limonada (FyG Editores, 2009), La vida en el trópico (Wisconsin University Press, 2004), que ha sido publicado en español (Plaza y Janés, 2004), China (Locus Publishers, 2006) y Ni Caterpillar ni tampoco Butterfly (Es Que Somos Muy Pobres Press, 1985).
Ha traducido más de una docena de libros, entre ellos tres de la guatemalteca Rigoberta Menchú (Groundwood Libros), dos de la cubana Teresa Cárdenas (Groundwood libros), la Love You Promised Me, de Silvia Molina.
(Curbstone Press), Primer amor, de la mexicana Elena Garro (Curbstone Press) y Las hojas muertas de la mexicana Bárbara Jacobs (Curbstone Press).
Es el editor y traductor principal de los poemas de Nicanor Parra y La lucha contra-Poems (New Directions), la colección más completa de este importante poeta chileno.
Fuente: dca.gob.gt