08 Oct, 2009 - 08:47:27
La estrella del feeling cubano casi medio siglo después.
Gorda, negra y pobre, Fredesvinda García Herrera (1935-1961) se ganaba la vida como criada en las casas de la gente rica de La Habana. Había nacido en un pequeño pueblo de la provincia de Matanzas y de allí emigró a la capital en busca de una vida mejor. Soñaba con cantar y viajar por el mundo llena de fama y fortuna, como una estrella.
En sus noches libres iba al bar Celeste, en Infanta y Humboldt, en el mismo circuito donde se encontraba el mítico Club Las Vegas y otros recintos nocturnos que dieron fama a la noche habanera de los años cincuenta. Allí iban a parar casi siempre los versátiles protagonistas de la novela Tres tristes tigres, de Cabrera Infante.
Allí se daban cita los personajes del ocio, el juego y el entretenimiento que hicieron de la isla un paraíso turístico y un escenario musical que consagraba, sobre todo a los músicos de Latinoamérica. Una noche, en el Celeste, le pidieron que cantara, apagaron todo, los equipos de sonido y la dejaron cantar a viva voz, a cappella.
Conocía los boleros más populares de la época. Los había aprendido en aquellos mismos lugares. Desde entonces comenzó a cantar en aquel bar. No mucho tiempo después aparecería publicado un comentario sobre ella en una revista de shows y farándula. Del cabaré del hotel Capri fueron a verla. Fue entonces cuando surgió su primer contrato y su vertiginosa y fugaz carrera. Era 1959, un año marcado por la épica y el cambio. Visitó Venezuela, México, Estados Unidos y Puerto Rico. Cantó en Tropicana y grabó un único disco, Ella cantaba boleros, en el que aparece Freddy, el tema que le escribiera la famosa compositora Ela O’Farril y que era el sobrenombre con el que se conocía. En 1961 murió. Desde entonces, su historia quedó solo en la memoria de los más viejos. Hace un par de años, Jaila, una joven cantante cubana más apegada a la salsa, ha vuelto a reinterpretar este tema y con ello ha despertado el mito.
Corría la voz hace un par de años por La Habana de que en realidad Ela O’ Farril había sido invitada a una cena en la casa donde trabajaba Freddy. Mientras esta cocinaba, cantaba. Fue entonces cuando la famosa compositora la escuchó y se acercó a ella. Le dijo a quienes la contrataban que ella no podía seguir allí, que tenía una voz única, y la llevó a la vida nocturna.
Acompañado por una jazz band, el volumen de voz de la cantante llena todo el ambiente, resuena triste e inmensa, sublima brevemente el momento. Dicen que Cabrera Infante la vio y por eso la convirtió en el personaje de Estrella Rodríguez de su famosa novela. La describe gorda, con una hija, en la habitación oscura de uno de los apartamentos de Infanta, por donde acostumbraba trabajar. Caminaba de manera torpe por un universo negro. El aura de esta misma mujer la retomará en una de sus últimas novelas, Ella cantaba boleros, en la que dice, refiriéndose a ella: “El efecto total era de una belleza tan distinta, tan horrible, tan nueva…”.
Ficha de artista
Eso explicaba por qué había puesto en su voz la propia historia de su vida en la canción Freddy:
Soy una mujer que canta,
Para mitigar las penas.
De las horas vividas y
[perdidas,
Me queda sólo esto:
Decirle a la noche,
Todo lo que yo siento
Cantando canciones,
Despierto ilusiones,
Dormidas en mí.
Muchos me vieron,
Caminando a solas,
Bajo las luces,
Desiertas y azules de mi
[soledad.
¿Qué fue mi vida desde
[siempre?
Sólo trabajo y miseria,
Por eso cantaba a las
[estrellas
Y quizás me oyó hasta
[Dios.
Soy una mujer que canto,
Para mitigar las penas.
No era nada ni nadie y
[ahora,
Dicen que soy una estrella,
Que me convertí en una de
[ellas
Para brillar en la eterna
[noche.
Fuente: dca.gob.gt
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