07 Sep, 2009 - 09:35:54
El Calvario de La Antigua, al final de la alameda que conduce a la Ermita amarilla, es un valioso y único patrimonio histórico de la ciudad. Fue concluida en 1655 y el Santo Hermano Pedro colaboró en su construcción.
La Ermita actual es la reconstrucción barroca posterior al terremoto de 1717, que la destruyó casi totalmente. Es muy diferente de la construcción renacentista original que era más sencilla. Aún conserva joyas de la pintura e imaginería colonial.
Con la colaboración de excelentes especialistas, estoy actualmente editando en la Fundación G&T Continental, el libro El Tesoro de El Calvario, Patrimonio Cultural de La Antigua Guatemala, que pronto será publicado.
El Calvario fue siempre un lugar místico donde meditar sobre la Pasión de Cristo. Fue decorado en el siglo XVII con un ciclo pictórico de este tema, pintado por Antonio de Montúfar y Vivar Quiñones, quien quedó ciego al terminar el último cuadro en 1657.
Al destruirse las pinturas de Montúfar por el terremoto mencionado y terminarse la reconstrucción en el siglo XVIII, el deán de Catedral encargó un nuevo ciclo pictórico sobre La Pasión al pintor Tomás de Merlo.
Él nació en Santiago de Guatemala en 1694, hijo del también pintor Thomás de la Vega Merlo. Se le considera la personalidad más destacada de la pintura barroca de Guatemala.
Su paleta se caracteriza por ricos tonos primarios como el rojo, blanco y azul, con una abundante gama de ocres. José Martí describió su obra así: “Original para inventar, osado para componer, hábil para colocar, alejar y acercar, dar perspectivas; oscuro en el color, seguro en el dibujo…”
Increíblemente, los once cuadros de gran calidad de su ciclo de La Pasión han sobrevivido y actualmente están repartidos entre El Calvario y el Museo de Arte Colonial de La Antigua. Gracias al financiamiento de ADESCA hemos restaurado a lo largo de diez años los que se encuentran en la ermita.
Una de dichas pinturas de gran formato es Jesús ante Caifás y la Negación de Pedro. Respecto a ella, el destacado antropólogo Gustavo Avalos Austria menciona en el nuevo libro: “Por la parte derecha del cuadro, se abre un vano que confiere mayor profundidad espacial a la escena y que permite ver el patio de la casa de Caifás, donde tiene lugar la negación de Pedro.
Junto a San Pedro y la sirvienta que le acusa aparece un personaje que dirige su mirada al espectador, estableciendo un puente entre éste y la representación plástica. El doctor Jorge Luis Villacorta me ha comentado que su padre, el arqueólogo Carlos Villacorta Barillas, opinaba que Tomás de Merlo se había autorretratado en la figura masculina que orienta su vista al espectador. Esta idea, no confirmada, es bastante sugestiva.”
Comparto esta teoría sobre la figura que ilustra este artículo. Probablemente Merlo se autorretrató hacia los 44 años de edad, pues murió en 1739 dejando sin terminar la serie, a los 45 años.
Es posible que conociera algún autorretrato de Rembrandt, ya que el suyo comparte las siguientes características con los del célebre pintor holandés: la cabeza cubierta; la mirada firme y certera dirijida al espectador en forma honesta y sincera, que “enfrenta” al observador con el artista.
Retratarse en aquella época era un signo evidente de éxito social y seguridad en si mismo. Según el libro La Pintura de Thomás de Merlo (1994) de Manolo Hernández, posiblemente también retrató a su padre en varias de sus pinturas.
Fuente: Miguel F. Torres, Académico de número, Academia de Geografía e Historia de Guatemala
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