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La oportunidad del mundo rural
09 Nov, 2009 - 16:27:36

Por: Javier García Ropero

Casi dos de cada seis personas que viven en un área rural española tienen más de 70 años. Cuando se trata de pueblos con menos de cinco mil habitantes, casi el 20% de su población supera esa edad.

Muchas zonas del país se encuentran aisladas y abandonadas.

Las nuevas generaciones prefieren trasladarse a las ciudades, y detrás quedan unos 2.800 pueblos abandonados, y otros muchos donde sólo habitan mayores en unas condiciones poco favorables para su salud.

Casi un tercio de la población dependiente en España vive en estos lugares. Su salvación, y la de gran cantidad de pueblos españoles, reside en la misma figura: la de los cuidadores.

La Ley de Dependencia fue aprobada por el Congreso de los Diputados hace casi tres años. Con ella se forjaba el cuarto pilar del Estado de Bienestar: el derecho de toda persona que no pueda valerse por sí misma a recibir ayuda y los cuidados necesarios, junto al derecho a una sanidad y una educación públicas, y a las pensiones.

Sin embargo, su aplicación real no ha cumplido las expectativas. La falta de colaboración de algunas Comunidades Autónomas (CC.AA), la precaria situación en que se encuentran las arcas del estado, y la falta de un ordenamiento más definido son algunos de los motivos.

El Estado aporta el 55% del presupuesto de la ley, mientras que las CC.AA. sufragan el 27,5% y los usuarios el resto. A algunas regiones españolas les sobra parte del dinero que reciben del Estado, perdiéndose así un dinero que en un principio está destinado a cubrir el gasto de residencias, centros de día o cuidadores individuales.

En las zonas rurales, la ayuda más extendida es la prestación que se concede a los familiares de los dependientes para que cuiden de ellos.

La falta de infraestructuras hace muy difícil trasladarse a muchos pueblos, y el hecho de ser una población envejecida conlleva una mentalidad más tradicional, donde se prefiere recibir los cuidados en casa y por medio de un familiar.

Esta medida también le resulta más económica a las instituciones públicas, y no es casualidad que más del 50% de las ayudas concedidas sean de este tipo, a pesar de que no aporte ningún beneficio a la salud del paciente, algo que sí podría aportar un cuidador formado.

Por ello, la formación de esos familiares, en su mayoría mujeres, y la supervisión de sus tareas se convierten en algo fundamental para proporcionar unos cuidados de calidad a los dependientes. Además, esa formación recibida les permitiría trabajar con otros pacientes que necesiten su ayuda.

Esa dificultad de los pacientes de trasladarse a otros pueblos para ingresar en centros geriátricos, junto a las dificultades para construirlos en estas zonas y las escasas infraestructuras con las que están dotados, contribuyen a que esas ayudas tengan que darse en los domicilios.

Esto puede repercutir en una mayor actividad en pueblos semi abandonados, donde apenas circulan personas por sus calles. Que los cuidadores se establezcan con su familia en la casa o en el pueblo de la persona a la que están atendiendo.

También la aparición de otros servicios derivados de los cuidados médicos y que pueden ser proporcionados a domicilio, como fisioterapeutas o lavanderías, dotan a los pueblos de una vitalidad perdida por el abandono y la desaparición constante de población.

Se preveía que la aplicación efectiva de la Ley de Dependencia iba a tardar en ser una realidad. La administración está a tiempo de resolver los problemas detectados tras su aprobación.

Es necesario establecer fórmulas que impidan que sobre el dinero en unas zonas y falte en otras, que unas CC.AA. ayuden y otras apenas lo hagan, que muchas de las peticiones de gente que necesita las ayudas y que hoy no pueden ser atendidas puedan serlo, y que las personas destinadas a cuidar de los demás reciban una formación.

En definitiva, todo lo necesario para que los dependientes, en especial aquellos mayores que no tienen acceso a muchos cuidados por su lugar de residencia, reciban una ayuda digna, y que esos pueblos envejecidos no se conviertan en un recuerdo que un día se esfumará.

Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias


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