Guatemala puede considerarse un país privilegiado para el desarrollo forestal.
Alteración del ecosistema y disminución de la biodiversidad, debido a la pérdida del hábitat por cambio radical en la estructura y composición de los bosques primarios.
Alteración o desaparición de la microfauna y microflora autóctona.
Eliminación del valor paisajístico y turístico de los bosques.
Rompimiento del equilibrio hidrológico de las cuencas, lo que, entre otros efectos, disminuye la capacidad de retención de agua por parte del suelo.
Pérdida de nutrientes y fertilidad del suelo, además de la aceleración de procesos erosivos originada por la práctica de tala rasa.
Liberación de las reservas de carbono existentes en los suelos (principalmente de las zonas climáticas templadas), contribuyendo al efecto invernadero.
Fragmentación de los bosques nativos, quedando éstos divididos y aislados en manchones de bosquetes en medio de un "mar" de pinos y eucaliptos.
Pérdida de oportunidad para realizar investigación y aplicación de métodos silviculturales modernos destinados a la recuperación y manejo sustentable de bosques nativos.
Pérdida del potencial productivo, ya que se subestima la totalidad del recurso y no se considera la gran variedad de productos que el bosque nativo puede aportar.
Problemas sociales como migración y desempleo local, con el consiguiente incremento de las condiciones de pobreza.