La caza indiscriminada de ballenas ha llegado a límites insospechados.
Gracias a la colaboración de:
Leonor Cueva Guerra / Conservacionista
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Solamente de 1929 a 1979 más de dos millones de estos cetáceos fueron sacrificados con el propósito de obtener materias primas tales como el aceite y de sus barbas elaborar cepillos, paraguas y otros artículos de uso femenino; pero, con el descubrimiento del petróleo y el plástico se pensó que esta especie estaría protegida. No fue así y en 1986 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) creó la Comisión Ballenera Internacional, de la cual nuestro país forma parte, decretando la total moratoria en la caza de la ballena. La prohibición fue una gran victoria para su conservación, además de llevar esta problemática ambiental a la conciencia pública.
Pero el hombre siempre está dispuesto a destruir su medio ambiente y, transgrediendo esa norma, países como Japón y Noruega, principalmente, han persistido en la depredación aduciendo razones científicas. El Gobierno japonés ha aceptado que caza anualmente 440 ballenas en el mar antártico aquí hay que destacar que la carne del cetáceo forma parte de la dieta nipona. Un caso límite lo constituye Nicaragua, nación que apoya incrementar la captura del cetáceo a cambio de cooperación y ayuda del Japón.
Esta aseveración es de la directora de recursos naturales del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio, Arlene de Franco. La funcionaria argumentó que la pobreza nos hace ser más pragmáticos y estar del lado de los que no aceptan la moratoria, y agregó: Japón sí nos hace favores de tipo económico.
Hace unos días, el bloque de países que está por la caza de ballenas sufrió un importante revés en la 56ª reunión anual de la comisión, realizada en Sorrento (Italia), cuando la mayoría de las naciones votó por la protección de la especie y desechó el argumento de caza científica. Estados Unidos encabezó la prohibición de la captura de este mamífero por los próximos 10 años, salvando así a las ballenas minke, azul, franca austral y el cachalote. Si bien se ha avanzado en el tema, lo importante es continuar creando conciencia de que no podemos seguir destruyendo impunemente a nuestra fauna, porque, al final, los perjudicados somos todos.