Aunque para muchos, el tiempo pasa sin detenerse como la forma más cotidiana de la vida, existen seres humanos que están creyendo todavía en el futuro y aferrándose a ello, se preparan constantemente para conquistar otros territorios incluyendo el espacio.
Por: Antonio Moran del Cid
Productor Asociado
www.deGuate.com
Fotografía:
Jervin González
Esta es precisamente la vida llena de esfuerzo y perseverancia, que he tenido la oportunidad de ver en Mauricio Castillo Herrera, un niño once añero, primogénito de una familia guatemalteca, conformada por sus padres: Ingrid y José Vidal, así como sus hermanos Cecilia y Rudito, que creyendo en todo el potencial del fruto de su matrimonio, han dispuesto todo lo necesario para darles las herramientas esenciales, a base de mucho trabajo y cuidados, para que lleguen a ser una mejor generación para el futuro, siendo éste artículo el resultado del brillo en sus ojos, cuando los veo y oigo hablar de un tiempo que está tan lejos y a la vez tan cerca.
Hace algunos años, conocimos con mi esposa a esta familia amiga y desde siempre, he visto al Mauris tan activo, como meditabundo, en su bicicleta, con una pelota, con sus amigos, con toda la energía de su edad y con el ímpetu de lograr cosas maravillosas, pero lo que más me ha llamado la atención es su gran interés por las cosas del espacio y el universo, que lo hace sentirse comprometido con toda la pasión por llegar a ser un verdadero astronauta, obviamente es amante a los viajes, pero también a la lectura, al ajedrez y como conformante de la generación Y, se le facilita mucho el dominio de cualquier videojuego, así como su entrenamiento constante en las artes marciales, pues tiene que estar preparado por sí algún día le toca enfrentarse con cualquier marciano o ser extraterrestre, nunca se sabe.
Hoy Mauricio vive el mundo de ensueño del querer ser y llegar a ser, sin embargo se ha estado preparando, con la certeza de estar sobre el camino y con la inquietud de apresurar su cuarto año de primaria, continua como el gran ejemplo para todos, su nobleza lo hace ser muy educado y respetuoso, además de obediente, con una mirada siempre para el futuro, pensando en el continuo mañana, recibiendo todos los conocimientos en un establecimiento que hace gala de sus objetivos: Campo Verde, donde no le han apagado la fuerza de poder ser.
Sus padres, con toda la emoción, pero también con toda la conciencia, saben que invertir cualquier esfuerzo en la educación de los hijos es imprescindible, ya que son las semillas para el mejor de los frutos dentro de la responsabilidad, conducta y personalidad. Ánimo entonces, querido Astronauta del Futuro.