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Violencia Escolar en Guatemala
07 Abr, 2008 - 10:50:24
En los centros educativos públicos y privados se observa un clima de inseguridad.

             

 

 

Violencia Escolar en Guatemala

En los centros educativos públicos y privados se observa un clima de inseguridad.  Constantemente, maestros y maestras, refieren que se sienten amenazados y con poca capacidad de ejercer su autoridad ante sus estudiantes, dicen que las familias de los estudiantes los amenazan y agreden verbal y físicamente.

El alumnado y sus familias plantean que reciben constantemente violencia de todo tipo, por parte de maestros y maestras.  Por otra parte, el alumnado plantea que algunas veces, sus familias realizan una alianza con sus profesores, resultando el alumnado violentado por el magisterio y su familia.  Además, el personal docente y alumnos sufren por parte de pandillas, de violencia física, robos y atentados a la propiedad personal, violencia sexual, discriminación de género y étnica, lo que ha provocado muertes, renuncias y ausentismo. Es algo cotidiano observar estos problemas.

Estudiantes y claustro violentos y estudiantes temerosos de asistir a las instituciones educativas, por las constantes amenazas y maltratos. ¿Qué ocurre en una organización que permite que todos se sientan vulnerables y sin recursos? ¿Qué ocurre en una sociedad que acepta este proceso de violencia repetitivo en la historia del país, e incluso lo alimenta? ¿Qué ocurre en un Estado que permite que se dé esa violencia cotidiana en los establecimientos educativos y hasta lo justifica?

Se observan acciones de estudiantes que violentan verbal, física y emocionalmente a otros estudiantes. Padres y madres que justifican la conducta violenta del estudiante porque “tiene que defenderse”. Estudiantes que violentan al claustro. Claustro que violenta al estudiantado, estudiantes, familiares y magisterio agredidos que muestran trastornos físicos y emocionales debido a la violencia escolar recibida. Los estudiantes, padres, madres y claustro violentos aprenden por experiencia propia que la impunidad existe y entonces concluyen erróneamente, que sus derechos no serán respetados a menos que imiten patrones de violencia para imponerlos. Así, todos y todas se comunican con valores distorsionados e injustos. Esto es parte de lo que se ha dado en llamar “currículum oculto”.

Es muy frecuente que las instituciones educativas oculten los hechos violentos ocasionados por los docentes y maximicen los hechos violentos de estudiantes, aunque no ocurre así en todos los establecimientos.  Además, es común que las instituciones educativas se muestren recelosas ante cualquier intento de abordar este tema. Prefieren manejarlo “internamente”, argumentando que para ese fin tienen su reglamento interno, en el cual sólo aparecen sanciones para el alumnado y familiares, pero en ningún párrafo se menciona nada sobre el claustro que irrespete a los alumnos y familiares. Además, en Guatemala como en otros países los hechos de violencia escolar son presentados en los medios de comunicación, como casos aislados o actividades relacionadas a conflictos entre las pandillas, con lo que se ocultan las verdaderas causas de este fenómeno social. En su libro Acción e Ideología, Ignacio Martín-Baró dice que la acción violenta es aquella acción mediante la cual se pretende causar un daño a otra persona. Pero, ¿Cómo se origina la violencia?

Al determinar la forma en que funcionan las instituciones, la violencia se refleja en las políticas institucionales, los procedimientos y la vida cotidiana de los actores dentro de las instituciones. La violencia es producto de las condiciones históricas-culturales, se reflejan con intensidad similar y con el mismo impacto social en la familia, la escuela, las leyes, los medios de comunicación social y los procesos económicos. Guatemala tiene una historia violenta en la cual muchos grupos se han impuesto por violencia desde la Conquista, incluso antes.  El llamado Conflicto Armado nos ha dejado una tradición de violencia entre hermanos. Desde el modelo ecológico de la comprensión de la violencia, se le define como un fenómeno de relaciones entre personas en el que convergen aspectos de distinto orden de repercusión, desde lo individual hasta lo macrosocial, en consideración del  presente y de la historia.

Para comprender la violencia se necesita un entendimiento previo de las raíces, causas, explicaciones y sostenimiento estructurales, y de la presencia de formas de pensar, sentir y actuar de los y las guatemaltecos en la que se expresa una violencia adquirida, aprendida, asumida. Así se conforma la cultura de violencia. Esta cultura de violencia aparece, se fortalece y se desarrolla desde 3 niveles:

- Nivel Estructural-institucional: el origen y la forma en que se ha construido Guatemala como nación, la configuración, desarrollo y desempeño de sus instituciones, la exclusión (racismo, de género, de edad, por religión o clase social,  partido político, etc.)

- Nivel Social: las dinámicas sociales de conflictividad, de interrelaciones, las desconfianzas e 
  inseguridad en todo ámbito social, las divisiones y antagonismos.

-  Nivel Personal: el ámbito privado como constructor de la violencia (la identidad), las características de cada persona, el aprendizaje personal de la violencia que se adquiere en la familia, los medios de comunicación social y la escuela.

El nivel psicológico de la cultura de violencia se produce cuando una persona asume la identidad de uno de los actores del proceso de la violencia.  En el momento en que la persona  a muy temprana edad se identifica, se percibe y se dice a sí mismo: “soy víctima o victimario”, asume un compromiso íntimo, personal y de voluntad con la imagen correspondiente.  Esta persona empieza a reproducir los contenidos del rol con el cual se identifica.  Si se siente víctima, actuará como tal, pensará como tal y facilitará el encontrarse en situaciones y contextos en que se convierta en víctima.  Hasta es capaz de convertirse en víctima de sí mismo si no hay otro recurso.  Aunque se trata de aproximarse al rol identificado, cada persona le da una versión única e irrepetible que puede ser percibida como un ego.  El pensamiento tiende entonces a percibir el ambiente social como constante, en el cual se cree que nada puede cambiar.

Entre los obstáculos que no permiten avanzar en un proceso de paz se observa que al no haber compromisos reales de las comunidades, no lo asumen como propio, ya que no han pasado por un proceso de reflexión comunitario y la toma de decisiones es parcializada o nula.  Así, muchas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales han trabajado sobre los objetivos impuestos por estudios y teorías realizadas en otros países, queriéndolos “adaptar” a Guatemala y luego de que terminan los proyectos, no existe un proceso de seguimiento autogestionado por las comunidades, ya que no les es propio, no existe compromiso pues no es reflejo de su ideología y necesidades.

La violencia escolar
La violencia escolar consiste en un proceso por el cual la violencia propia de una sociedad se manifiesta a través de conductas, actos y actitudes que reflejan las relaciones sociales  en el ambiente escolar.  Este proceso es producto de las relaciones históricas entre los grupos, las relaciones políticas y culturales resultantes de la misma historia y las decisiones personales de los actores del proceso.  La violencia escolar cotidianamente ha sido promovida como un método de sobrevivencia, defensa y modelo de enseñanza-aprendizaje en el cual debe construirse la sociedad.  La violencia en la escuela es diferente de otras formas de violencias.  Es común incluirla dentro de la violencia juvenil o la violencia social, pero es importante tomar en cuenta que la violencia escolar tiene sus propias características distintivas.

1. La escuela tiene su propio espacio físico y escenario ideológico.  Los y las estudiantes pasan alrededor de veinte horas semanales en las instalaciones escolares y realizan actividades relacionadas al estudio por quince horas semanales, fuera de ella, en promedio.  Este número de horas representa un seguimiento constante a la  lógica educativo-pedagógica e ideológica de la escuela.

2. El establecimiento educativo es un sistema relativamente cerrado.  En cada establecimiento escolar se observan determinadas relaciones construidas por el origen de clase social de estudiantes y docentes, la ubicación geográfica (en el centro o en la periferia de las áreas urbanas, por ejemplo), si es establecimiento público o privado, religioso o laico, mixto o sólo para hombres o mujeres. Estas relaciones que se construyen ahí pueden propiciar la idea de que lo que ocurra dentro del establecimiento es “privado” y que los estudiantes son “propiedad privada” del docente y que se realicen actos violentos justificados y amparados por el reglamento interno o por la ideología del establecimiento o los propietarios. Estos van desde castigos que no corrigen la situación hasta despidos y expulsiones injustas.

3. Existe incongruencia entre los objetivos del proceso educativo formal y las expectativas de vida.  Los estudiantes reproducen el mensaje “debo estudiar para ser alguien en la vida”, pero a este mensaje no le hayan sentido pues ha sido impuesto por sus docentes y/o familiares.  Esta situación puede crear conflicto en los y las estudiantes por la necesidad de realizar actos sin sentido para ser aceptados, lo cual les produce la reacción de obedecer, repetir, sin cuestionar, sin razonar, sin analizar; o por el contrario, pueden reaccionar con indisciplina y actos de rebeldía sin aparente causa. A los estudiantes se les involucra, desde muy pequeños, en la competencia personalista por los puestos de trabajo mejor pagados y llegan a identificar a los demás como enemigos. A los maestros se les presiona a enseñar “más y mejor” con la amenaza de mejorar su “efectividad” o ser despedidos; así se “maquila” el conocimiento técnico y se descuida la educación en valores.

4. No existe igualdad en las oportunidades de acceso a la educación.  En la actualidad existe un gran número de estudiantes que desean ingresar a todos los niveles de enseñanza (pre-primaria, primaria y secundaria). Para los que desean optar a los espacios educativos públicos en Guatemala, cada vez es más difícil hacerlo, ya que no existe el número necesario de escuelas y por otra parte, a las familias cada vez les es más difícil poder costear los estudios de los niños, niñas y adolescentes que desean iniciar o continuar sus estudios, por el alto costo de inscripciones, colegiaturas (en el caso de colegios) y materiales escolares En algunos establecimientos públicos se cobran inscripciones y bolsas de útiles escolares cada año más costosas. Incluyen estudios de computación, aduciendo que el uso de las computadoras es gratuito para los estudiantes, pero, en la práctica, las familias deben “colaborar” (pagar) la maestra que les dará las clases o sino no pueden recibirlas, el Ministerio de Educación no cubre esas plazas.  Las familias deben “colaborar” en la construcción de aulas, con dinero o mano de obra y si las familias no “colaboran” son excluidas por las autoridades educativas como “malos padres” y tienden a desvalorizar al estudiante.   A estas “colaboraciones” le llaman “Democratización y Participación Ciudadana en los Procesos Educativos”.

5.  Ausencia o baja calidad de un programa de educación en valores.  En el Reglamento de la Ley de Educación Nacional, de fecha 7 de noviembre de 1977, en donde se desarrollan los contenidos y aspectos de la Ley de Educación Nacional (Decreto 73-76 del Congreso de la República) en el Artículo 53 cita “La Educación primaria trata de dar a los educandos todos los elementos y destrezas básicas que los capaciten para desarrollar una personalidad integrada que les permita adaptarse satisfactoriamente a la vida ciudadana y social”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Artículo 26 refiere que el derecho a la educación asiste a todo individuo y tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana, así como el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos, representa toda una autorización para trabajar con vistas a que esta conquista de la humanidad se haga efectiva en la práctica, instaurando el respeto entre ciudadanos y entre éstos y cuanto les rodea.  

En la Memoria de Labores 2006 del Ministerio de Educación de Guatemala se menciona el Programa de Educación en Valores en los que reportan haber trabajado con 2,152 alumnos (1,127 hombres y 1,025 mujeres), de una población estudiantil en todos los niveles y sectores de 3,737,655 (1,945,667 hombres y 1,791,988 mujeres), lo que representa el 0.057576% del total de alumnos inscritos para ese año. Esto significa que 5 alumnos de cada 10,000 recibieron algún curso de formación en valores, no significa que lo hayan asumido sino que lo recibieron. Esta cantidad representa un nulo impacto del esfuerzo en la educación en valores realizado por el gobierno y va en desacuerdo con su visión “Ciudadanos con carácter, capaces de aprender por sí mismos, orgullosos de ser guatemaltecos, empeñados en conseguir su desarrollo integral, con principios, valores y convicciones que fundamentan su conducta”.

6. Se asumen estructuras de poder y comunicación de forma imitativa.  Se reproduce el sistema social y las relaciones de poder autoritario que han caracterizado la historia de Guatemala. En el aspecto psicosocial se reproduce lo macrosocial en los espacios microsociales.  Se imitan las conductas y actitudes de prepotencia por parte de la autoridad, la exclusión y sectorización de grupos, impunidad en los actos de violencia, corrupción, tráfico de influencias, manipulación antojadiza de la ley.  Hasta se llega a perder la salud mental como producto de la presión enfermiza de la cultura de violencia. El rol de la televisión, el cine, los periódicos y las radios es monstruosamente más efectivo en la formación de la violencia que el del Ministerio de Educación en su prevención. Por ejemplo, si se buscan recortes de servidores públicos en el periódico se hallarán policías capturados por crímenes u observando a alguien tirado en el suelo con una manta encima, bomberos en las mismas escenas o peores.

Manifestaciones de la violencia en la escuela
En 1940, los maestros de las escuelas públicas se quejaban de que los 7 principales problemas disciplinarios presentes en las mismas eran: hablar sin permiso, mascar chicle, hacer ruido, correr en el pasillo, salirse de fila, violar el código de vestimenta, y arrojar basura. En 1990, eran: el consumo de drogas, el alcoholismo, el embarazo adolescente, el suicidio, la violación, el robo, y el asalto.  Situaciones similares se observan en la vida escolar en todos los niveles, ya sea en instituciones públicas o privadas, en el área urbana y rural.  Pero no sólo se da en los niños y jóvenes, también los maestros y familiares muestran clases de violencia en la escuela. Los sujetos fluctúan muchas veces de ser víctimas a ser victimarios y viceversa. La gravedad de los actos violentos se observa en faltas de cortesía hacia el personal docente y no docente hasta agresiones físicas, incluso asesinatos; faltas de respeto verbal de los docentes hacia los alumnos hasta humillaciones públicas; faltas de respeto verbal de los familiares hacia los docentes hasta amenazas de muerte. Bromas, intimidaciones hasta enfrentamientos físicos y asesinatos entre iguales (estudiantes y docentes, sea el caso).  Pueden empezar siendo acciones de poca magnitud pero su repetición en un estado de permisividad, descrédito de la autoridad y falta de valores morales provocan incertidumbre, incomprensión y miedo en los docentes, familiares y estudiantes; un clima de inseguridad a lo interno y externo de la escuela. Según la gravedad de los actos violentos en la escuela, se pueden distinguir seis tipos o categorías

Causas de las manifestaciones de la violencia escolar
No puede aceptarse en modo alguno que estemos hablando de hechos aislados y, menos aún, que sean sólo unos pocos los afectados por la violencia escolar. De ninguna manera se trata de accidentes fortuitos y casuales, y, en consecuencia, no pueden abordarse y tratarse tampoco de manera aislada.  Las causas de la violencia escolar pueden clasificarse en dos categorías principales.

1. El contexto social, histórico y cultural de la vida escolar
El contexto social, histórico y cultural es el marco en el cual se establece y se desarrolla la vida escolar y las relaciones escolares entre los grupos estudiantil, familiar y magisterial. Las escuelas son instrumento de socialización e instrucción de la ideología dominante hacia la niñez y la juventud. El objetivo político es formar personas conformistas, silenciosas y temerosas de pedir sus derechos, lo que facilita la reproducción del sistema político imperante. Algunas veces, algunas personas deciden rebelarse al sistema. Estos dos aspectos pudieron observarse durante el conflicto armado en todas las instituciones. En Guatemala, hemos tenido una historia ejemplificante de cómo ejercer el control con violencia.  Por lo tanto, se observan cotidianamente en las relaciones escolares similares acciones.

Según explica Roberto Cabrera en “La Tortura en Guatemala”, La forma en que el contexto sociopolítico determina las relaciones escolares, consiste en “…desarrollar un terror ejemplificante, crear la figura del victimario local impune, romper la espiritualidad de las personas, fomentar la deshumanización y propiciar la desmovilización futura” cada uno de estos aspectos se pueden observar en las aulas desde la época colonial.  Los agresores ejercen la violencia impunemente, se vive en la escuela un ambiente de recelo, apatía y desinterés al dolor ajeno, propiciando el terreno para la deserción escolar. Se repite la forma en que funciona el Estado.  En ciertas escuelas se privilegia el modelo pedagógico tradicional, que al reproducir la dinámica institucional puede incidir en que la violencia se potencie o se canalice, tomando en cuenta si el sistema es altamente autoritario o no.

Las relaciones existentes dentro de la institución educativa son las que favorecen o desalientan la existencia de violencia.  Se ha aprendido a reaccionar con violencia, como producto de las luchas armadas internas. En Psicología del Antiautoritarismo, Peter Bückner sostiene que “la práctica de hacer sufrir a los demás, es la base del mismo sufrimiento. Sencillamente el verdugo y la víctima no son dos personas sino que una de ellas, el verdugo, es al mismo tiempo verdugo y víctima”  El resultado puede ser la pérdida de la salud física y mental.  Por eso, es frecuente ver entre los educadores, familiares y estudiantes agresores, padecimientos de trastornos del sistema nervioso y digestivo. 

El sistema ideológico y económico imperante en Guatemala sostiene como valor fundamental la promoción y protección de la propiedad privada. Es más, al decir “mis alumnos”, los maestros los valoran como su propiedad privada, y que pueden hacer con ellos lo que quieran. Se observa entonces, ante los hechos de violencia escolar que por promover las vías para reproducir el sistema se suspende la humanidad en las relaciones interpersonales. Los niños y adolescentes constantemente observan y se informan en los medios de comunicación de la represión política y la impunidad en Guatemala y el mundo entero, lo que ha facilitado que existan modelos e ideales sociales violentos, legitimados y accesibles para los niños y jóvenes pues refuerzan la impulsividad, la arbitrariedad, la omnipotencia, la acción, la adicción y la violencia carente de proyecto, sin que sean sujetos a la ley o norma social alguna.

2. El bajo nivel de conocimiento sobre cultura de paz
Cada grupo (estudiantes, familias y magisterio) tiene escaso conocimiento sobre la cultura de paz y por lo tanto, la aplicación de ese conocimiento a su vida cotidiana, en sus relaciones intra e interpersonales es de poco impacto. La escuela debe tomar en cuenta que no puede descontextualizar a los y las estudiantes de su entorno cultural, por lo tanto debe ser respetuosa y promover una cultura de paz, donde se respete cotidianamente los derechos humanos.  ¿Qué estrategias diferentes existen entre las y los profesionales que mantienen relaciones positivas con sus alumnas y alumnos y los que no? Si preguntáramos a las propias chicas y chicos sobre la violencia en los centros ¿Qué tipos de violencia relatarían? ¿Qué propuestas sugerirían para transformarla? ¿Qué estrategias de prevención destacarían?
 
¿Será necesario un cambio radical en las relaciones sociales?
Sería conveniente que los alumnos y profesores promovieran la reducción de episodios violentos partiendo de un amplio movimiento de docentes, alumnos y padres que cuestionen el sistema educativo.  Adolescentes que han protagonizado hechos de violencia escolar han participado en los movimientos sociales en relación a la problemática educacional, canalizando de un modo adecuado aspectos de la rebelión normal de la adolescencia. Esto demuestra que el conflicto social, que se dramatiza en enfrentamientos dentro de la institución educativa, encuentra su reubicación cuando el conjunto se manifiesta en relación a las verdaderas causas. Para que la violencia se haya extendido tanto en las escuelas, se ha verificado un proceso de justificación ideológica llamado legitimación.

Legitimidad
Según explica Raúl Edilberto Soria Verdera en La legitimación del Derecho en la Escuela, la legitimidad hace referencia al conjunto de valores, procedimientos, exigencias y principios que operan como criterios de justificación de normas, instituciones y acciones. Según Max Weber, la legitimidad es entendida como la justificación de estar investido de poderes (político, económico e ideológico).  Se trata de un orden que los sujetos se representan mentalmente como reglas que se deben observar. Esa representación descansa en el carisma, la tradición o la legalidad. Weber refiere tres tipos de legitimidad.

Legitimidad Racional: se basa en la creencia en la legalidad del orden establecido y de los derechos de mando de los elegidos a ejercer la autoridad.

Legitimidad Tradicional: se basa en la creencia cotidiana de la santidad de las tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los elegidos por esa tradición para ejercer esa autoridad.

Legitimidad Carismática: Se obedece al elegido calificado por razones de confianza personal.

La legitimación es un proceso cuyo resultado es la legitimidad; este proceso justifica el orden institucional, las normas y las acciones.

Existen cinco formas de legitimación de la violencia
1.  Legitimación como “justa defensa”.
2.  Legitimación como estrategia de crianza.
3.  Legitimación como regulación del comportamiento en pareja de acuerdo al estereotipo de 
     género.
4.  Legitimación como forma de resolución de conflictos.
5.  Legitimación por dificultad de control emocional.

La persona violenta justifica sus acciones al determinar que debió actuar violentamente para defender su vida, propiedades e intereses y que es el único recurso a su alcance además de su derecho. Esta persona aprendió a ser violenta como producto de la forma en que fue criada. Al reproducir ese patrón de crianza, enseña a sus hijos a ser violentos. Usualmente, esta persona utiliza la violencia con su pareja, como forma de resolución de conflictos y al volverse una actitud y parte de su identidad, justifica su falta de control emocional, culpando a sus propias víctimas. La persona violenta, difícilmente toma conciencia de su actitud porque las reacciones violentas forman parte de su identidad asumida, tiene tal grado de compromiso con la imagen social de la violencia que percibe una amenaza a su integridad en la reflexión y la necesidad de abandono de las conductas destructivas.  Puede suceder una crisis de identidad tan angustiante que la persona se sumerge aún más en las justificaciones y excusas para mantener su nivel de violencia; huye de la realidad y se refugia en creencias al estilo de: “genio y figura hasta la sepultura”.

De acuerdo a lo expuesto por Susan Galdames y Ana María Aron en su libro “Construcción de una Escala Para Medir Creencias Legitimadoras de Violencia en la Población Infantil” otras formas de proteger la imagen institucional, aunque ello represente la aceptación de la existencia actual de la violencia escolar, son aquellas que suelen minimizar su impacto negativo, posicionar el problema como un asunto fuera del establecimiento o bien culpar a personas o familias, ajenas al personal de las instituciones. Estas formas de legitimación de la violencia encuentran tierra fértil en:

a.  Un ambiente social que valida el uso de la violencia en la interacción de la niñez, adolescencia y adultez. En una comunidad violenta es frecuente el aprendizaje e influencia del sistema de creencias normativas sobre el uso de la violencia, produciéndose una aceptación y normalización de las respuestas violentas.

b. La cultura de dominación, amparada por una legitimidad tradicional de la violencia, privilegia las garantías de los adultos por sobre los niños a la hora de legitimar su conducta violenta.

c. La idea de que los hechos violentos que no son cercanos a las personas se perciben como carentes de importancia y relevancia.  Igualmente, se cree que los actos violentos cometidos en grupos pequeños no afectan a la mayoría.  Se justifica así la falta de necesidad de corregirlos o eliminarlos y se reproducen las creencias legitimadoras de la violencia.
 
Creencia legitimadora es una convicción u opinión aceptada como verdadera sin necesidad de pruebas o confirmación lógica como sostenedora de algunas dimensiones de la cultura. Surgen en la interacción con el entorno y en el nivel más amplio (del macrosistema), se componen de sistemas de creencias, conformando estructuras permanentes que ponen en marcha sus correspondientes mecanismos de control cuando se ven amenazadas, lo que las hace tener una alta resistencia al cambio.  Por eso, la legitimación de la violencia escolar se observa desde las opiniones que la sustentan y reproducen. Estas creencias son consideradas mitos culturales y cumplirían tres funciones principales en la legitimación de la violencia: culpabilizar a la víctima, naturalizar la violencia e impedir que la víctima salga de la situación.  Entre estas falsas creencias se encuentran las siguientes:

a. La violencia escolar se trata de una novedad, propia de esta época, “porque antes eso no se veía”. Se refiere a que aparece la violencia escolar por la pobre educación o dejadez, vicios, problemas de conducta o bajo nivel educativo de los padres de esta época o por la mera influencia mecánica de los medios de comunicación social por aparte.

b. La violencia en las escuelas forma parte de casos aislados que vendrían a ocurrir  “accidentalmente”, y que tan sólo una minoría de alumnos y maestros realmente sufre este tipo de situaciones. Con ello se pretende no causar lo que ha dado en llamarse “alarma social” porque se desestabiliza el sistema autoritario cuando se involucran muchas personas; ya que cuestionan las causas de la violencia.  Además, eso implicaría la búsqueda de culpables y castigos así como de responsables.

c.  La única manera de mantener el orden establecido en las instituciones educativas es responder a la violencia con violencia. La violencia en los centros es la amenaza más grave que tiene nuestro sistema escolar, con lo que hacen falta medidas urgentes. Así, la única solución ante estos fenómenos sería la «mano dura», con castigos ejemplificantes, expulsiones y cambios de centro, según explica Juan Manuel  Moreno Olmedilla en su obra “Comportamiento antisocial en los centros escolares”.

d. Se cree que algunas manifestaciones de la violencia escolar se producen por la suavidad, la blandura y la incapacidad para tratar y relacionarse con los conflictos de los actuales maestros, ya que los maestros de generaciones anteriores sí eran capaces de controlar a los grupos estudiantiles, ya que gozaban de la plena autorización incuestionable de los familiares para hacer con los alumnos “lo necesario”.  A diferencia de la época actual, en que algunos familiares no están de acuerdo en que se utilicen medidas disciplinarias físicas y por eso “ya no respetan al maestro como antes”.

e. La actitud de los adultos hacia este tipo de violencia tradicionalmente ha tendido a minimizar sus consecuencias y normalizar sus manifestaciones, poniendo énfasis en la responsabilidad de la víctima como provocadora de la situación de agresión. Estas actitudes conforman un escenario de victimización secundaria de las víctimas al excluirlas y crear una forma negativa de la legitimidad carismática.

f. La ocurrencia de malos tratos hacia los más débiles no se reconoce como un problema social apremiante y más bien se le normaliza y atribuye al dominio de lo privado.

g. Las personas implicadas en hechos de violencia escolar, manifiestan estas conductas porque tienen alguna enfermedad mental, porque los niños y jóvenes “normales” deberían adaptarse fácilmente al sistema sin cuestionarlo.

h. Los hechos violentos solamente se observan en las escuelas más pobres, ya que las manifestaciones de violencia escolar sólo se dan en las clases sociales más pobres.
 
La cuestión comienza a preocupar a quienes tienen el poder cuando algunas víctimas rompen el silencio que como víctimas siempre les ha caracterizado, cuando las consecuencias son trágicas o noticia de algún medio de comunicación, o cuando se intenta hacer una utilización política de los fenómenos de violencia.  Por ejemplo, casos en los que las víctimas tradicionales (niños menores de doce años, niñas en general) se convierten en victimarios. Esta inversión de roles, cuyo ejemplo clave es la agresión de alumnos a maestros, cuenta con un atractivo máximo en los medios Lo cierto es que los problemas de violencia no pueden abordarse por vía represiva, a riesgo de verse multiplicados y hacerse aún más graves. Es responsabilidad de los centros educativos dar una respuesta esencialmente educativa a estos sucesos.

La UNESCO, en el Proyecto de Cultura de paz en Guatemala, menciona la promoción del conocimiento y la práctica de la cultura de paz entre la población y particularmente entre los jóvenes, difundiendo e internalizando valores fundamentados en la superación de la violencia y de los conflictos, el respeto a los derechos humanos, la práctica de la democracia en todas las instancias, la solución negociada y concertada de conflictos y un desarrollo humano con equidad. En el caso de la violencia vivida en las escuelas, se necesita identificar los líderes dentro del alumnado, claustro y familiares y cuáles son sus creencias legitimadoras de la violencia escolar y las creencias que apoyan la cultura de paz, la convivencia pacífica dentro y fuera de los establecimientos educativos.


Fuente: Licda. en Psicología Lilian Jeannette Medina Lemus / INTEGRA: Psicología, Educación Especial, Terapia del Lenguaje

 

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