Edith Recourat-Chorot
II. – Pequeño Retablo Contemporaneo:
27 Abr, 2008 - 18:36:18

II. – PEQUEÑO RETABLO CONTEMPORANEO:
MARGOT FANJUL - DE GAULLE – LUIS DIAZ
LA NUEVA REVOLUCION FRANCESA

La anécdota que cubre los comentarios diarios de la política, de la noticia matutina al debate parlamentario, no nos interesa de por sí.  La realidad de fondo es la que cuenta.  La realidad a escala superracional, vale decir, universal. O si se prefiere la escala humana.  Porque así como la pintura de caballete cede hoy el paso a una expresión colectiva, sin perder por ello su calidad plástica y estética, así de los movimientos de rebeldía de las juventudes: no se pueden juzgar fuera de contexto, es decir haciendo el proceso de tal o cual ola de protesta juvenil, achacándole la culpa a
motivos locales o baladíes.  Sería ignorar la unidad fundamental de nuestra evolución como especie pensante.

Todos sabemos del acontecimiento histórico que prendió la chispa de las mayores tragedias: el asesinato de un archiduque en Sarajevo, una pretendida violación de frontera o el hundimiento de un buque de pasajeros a lo largo de las costa inglesas.  Pearl Harbor decidió de la entrada en la guerra de los Estados Unidos aquel 7 de diciembre. Pero Pearl Harbor no es sino un lugar del mapa donde se concretizó un estado de cosas pre-existente y de ineludibles
consecuencias.

Así. Ahora de las revueltas de las juventudes, muchas veces disfrazadas, camuflagiadas con el ropaje y los tintes del ambiente circundante.  Interpretar el enfrentamiento de los “Mods” y de los rockers en Inglaterra, hace algunos
años, y la apoteosis de los Beatles, como síntoma de una aberración de la juventud inglesa es tomar el rábano por la hojas.  Causas profundas fueron la pérdida de un imperio que drenaba hacia horizontes preñados de aventuras, muchas veces gloriosas, la sangre de los más inquietos, abriéndoles las posibilidades de todas las iniciativas, la supeditación, a las más exaltadas disciplinas, la franquicia hacia la libertad dentro del patriotismo y del sacrificio.

El sufrimiento de los “hippies”, en los Estados Unidos, se ajusta también perfectamente al panorama social de aquel conglomerado de doscientos millones de individuos, ligados por un destino democrático común que exige, para sobrevivir a su propio desarrollo, el enrolamiento en una organización de más en más rigurosas, de más en más asfixiante.

Privados, dentro de la más excesiva libertad, de medios eficaces para reformar las causas de una rampante anarquía, cuyas raíces han de buscarse en la desaparición de valores tradicionales basados en la autoridad –autoridad de la religión y de los padres, súbitamente anacrónica, autoridad de profesores y maestros, desbordados por la necesidad de acelerar los procesos pedagógicos; autoridad de los poderes públicos divorciados de las masas jóvenes por la cortina de la demagogia escrita, radiada, televisada, transistorizada, en una palabra dirigida y sin autenticidad- la juventud norteamericana trata de afianzar su existencia sobre nuevos códigos de valores.  Existencia garantizada en términos de seguridad material; sustento, educación, trabajo. Pero ¿Después?   ¿Acaso se logra la felicidad?

Las vitaminas le han dado energía que gastar, los carros  y otros símbolos de riqueza o de escape no satisfacen cuando se han vuelto modalidad de la rutina familiar o social.  El dinero, el poder, han llevado al monopolio de los medios de información, de producción, de distribución y a la acumulación de un arsenal bélico que exige su ración de víctimas diarias. ¿Qué queda?

 El retorno a la natualeza, a las fuentes originales. Aun cuando este retorno implica la negación o la destrucción de lo artificialmente adquirido.  En casos extremos; sobre todo si este retorno implica la destrucción de lo adquirido o
heredado por medios automáticos.  Negativos.

Reducido a su propio cuerpo, a su propio ser, el hippie se pinta la piel, se deja crecer barba y cabellera, anda descalzo y desprecia agresivamente todas la señas exteriores de la riqueza, del confort y del estatuto social, símbolos
todos del éxito soñado por sus antecesores en el seno de una sociedad burguesa, movida por aspiraciones tradicionales y basada sobre un orden perfectamente jerarquizado que carece hoy de sentido.  Como concesión al espíritu de cuerpo, el hippie se cuelga desmedidos medallones al cuello.  Como refugio contra sus ilusiones desincorporizadas, se entrega a las drogas alucinógenas: ¿por qué sufrir antagonismos y conflictos con padres y adultos irresponsables?  La hierba no razona, no reprocha, no reclama y alimenta los sueños perdidos que todos tratan de resucitar, que todos necesitan a cualquier costo.

-Síntomas que no se deben leer con el código bajo el brazo, sino con la razón y con el corazón.  No con el computador y con las estadísticas sino con la mente abierta. Síntoma que el adulto no comprende, atenido como siempre a sus propias experiencias, hoy invalidadas; reducido al papel de espectador impotente, sobre todo cuando, de hippie en hippie, de rebelión en rebelión, se ve desbordado por los movimientos mundiales de protesta contra sus moldes vacíos.


                                                           *   *   *

Después de Alemania –donde el monopolio de información de un multimillonario conservador, desató la revuelta- después de Bélgica, España, Dinamarca, le llegó el turno a Francia, y a escala mayor; tras los estudiante, diez millones de
huelguistas ocupando las fábricas, más la virtual paralización del país.  Lo que, para nosotros, franceses, trae reminiscencias de la era de ambigüedad que dominó el panorama político durante la guerra de Argelia, y especialmente
durante su fase final de 1962.  Para no remontar más lejos..(1)

Oigamos lo que al respecto opina, en una interviú concedida a la revista Life, (1º. De Julio), Jacques Servan-Screiber, el más ágil, más inteligente de nuestros escritores y comentaristas, autor del famoso “Desafío Americano” y equivalente
en Francia, de John Galbraith; “...es un problema mucho mayor que el degaullismo.

Es el problema del mundo industrial que se enfrenta a una rápida aceleración de cambios en la industria, en los laboratorios, en todos los órdenes intelectuales.

...Esa aceleración choca con la rigidez de las estructuras tradicionales y cuando ocurre este conflicto, lo primero que se derrumba son las estructuras...” Y a una pregunta sobre las modificaciones por operar”... Primero: información.  Todos queremos conocer los hechos.  Hay que democratizar completamente la información.
...Segundo: los medios para participar en las decisiones políticas.
...El problema de la nueva democracia será el poner en práctica la tecnología, hallando nuevos medios de participación en nuestra sociedad.  Puede hacerse.

Y como una de las características de las actuales revoluciones es su rechazo de la prioridad material, estilo norteamericano, a costa de valores espirituales básicos, Servan Screiber específica, al contestar a una pregunta sobre lo oneroso de la política nuclear, degaullista:  “No es cuestión de dinero.  El problema del dinero ya no es tal en el mundo moderno. Es una cuestión de prioridad psicológica...”  Y todavía: “le repito que el dinero no es el problema primordial.  El problema es la responsabilidad... Tendremos que redistribuir el poder, en las escuelas, en la fábricas, en el gobierno...”

Resumiendo: todo lo pronosticado por Luis Armand y los técnicos de la prospección hace cuatro años (2) O se cambian las estructuras para ajustarlas al proceso de mutación en curso, lo que implica la elaboración de una nueva escala de valores con las ciencias físicas, matemáticas y sociales tomando el relevo de la especulación intelectual, o se arriesga el caos.

                                                           *   *   *

En apariencia, el problema puede plantearse de manera sencilla: el orden restablecido, con de Gaulle en el timón, o la anarquía al dejar rienda suelta a los protestadores.  Visto así, y dadas las características tradicionales del
francés, amante del orden, de la estabilidad, enemigo del riesgo innecesario y de todo lo que afecta su próspero tren de vida, pero siempre individualista, la contestación era fácil y no se hizo esperar: una abrumadora mayoría votó por
el general de Gaulle.  Conociendo a mi pueblo, hago la parte del egoísmo, pero también del sentimentalismo que anida en el corazón de cada francés.  Y me alegro profundamente que a la figura simbólica máxima de mi tierra, se le haya rendido otro tributo, otro homenaje de tan significado calibre.  A pesar de las inevitables fallas, de la pesada propaganda adversa, de las intrigas internacionales de dudosa respetabilidad, al pueblo francés no se le olvida lo que debe al general de Gaulle, al patriota, al estadista y al hombre que mejor encarnó su destino desde 1940.

Pero... esta deuda no debe tampoco cegar a mis compatriotas y resultar en una condena de los estudiantes.  Porque ellos también tienen la razón y sería amputarnos de nuestro propio porvenir denegársela.  Las estructuras escolares, por no hablar sino de aquellas, necesitan reformas urgentes, apremiantes.  La tradición, para conservar su vitalidad, necesita cambiar de rostro.  Y de postulados. Científicos, técnicos, economistas, sociólogos, intelectuales, profesionales y obreros, todos han dado el grito de alarma para que se proceda ahora a una revisión de las estructuras y de la organización de acuerdo con los medios y las realidades actuales.  Durante la ocupación de la Sorbona y mis fuentes son la prensa norteamericana poco susceptible de parcialidad a favor de Francia- los dos mil estudiantes allí encerrados llevaron a cabo discusiones veinticuatro horas sobre veinticuatro, sobre todos los temas y con la participación de lo más representativo de nuestra élite intelectual. Ellos mismos, los estudiantes, organizáronse para atender a todas las emergencias, a todas las necesidades, rechazando la anarquía tan excusable en momentos de crisis y eliminando los elementos negativos, “Katangais”, y demás sembradores de violencias gratuitas.  En cinco semanas, demostraron que sus preocupaciones eran inspiradas en un profundo deseo de renovación positiva, creativa y que, lejos de buscar la eliminación del esfuerzo añoraban soluciones más acordes a las exigencias de su propia sed de justicia, de su propia sed de conocimientos, al fin de mejor integrar y participar en las corrientes vitales de su época.

 Los cambios no se logran sin convulsiones.  Pero ante el sentido de responsabilidad manifestado por los estudiantes universitarios de toda Francia, y especialmente por los de la Sorbona, reconozco la voz tradicional de mi patria y, en este 14 de julio, al mismo tiempo que celebro la adhesión tan reciamente proclamada a la persona del general de Gaulle, saludo a la juventud francesa que sigue dando pautas de una profunda inquietud espiritual y de solidaridad con el próximo como corresponde a los portadores de la antorcha de la libertad, a los jóvenes, savia y esperanza de todos los tiempos.

Edith Recourat

(1)    El imparcial 27 de marzo de 1965.  Edith Recourat: Los conflictos de la conciencia en la época de Ambigüedad.
(2)    Louis Armand: Plaidoyer pour l’Avenir, Calmann-Lévy, París.

Guatemala, 13 de Julio de 1968


deguate.com