27 Abr, 2008 - 19:23:34
Por Edith Recourat
Con un entusiasmo que ha ido creciendo de año en año, el Certamen de Juannio a favor del Niño retrasado mental ha reunido los días 19 y 20 de junio, en los salones del Club Americano, a los enamorados de las artes plásticas guatemaltecas y centroamericanas.
Gracias a la incansable actividad de su presidenta, Mariflor de Solís, fresca y ondulante en un corte típico de Santiago Atitlán; gracias a la buena organización debida a nuestro amigo del Banco de la Vivienda, Paco Reyes Pérez, quien luce ahora los bigotes “a la Cara de Angel”, es decir delante de las orejas; gracias al doctor Ricardo López Urzúa, quien ha tenido, Juannio va, Juannio viene, la neurológica abnegación y encomiable paciencia de convencer al público que se decidiese a comprar lo que había decidido que venía a comprar, más de trescientas treinta obras han sido presentadas en esta quinta subasta.
“Grandes, maduros, jóvenes y post-adolescentes nacionales y del Istmo se dieron cita en Guatemala para participar en el evento todos dotados de talentos diversos que, combinándose los unos con los otros, plasman el rostro convulso y tierno de esta “cintura de América”, doble perfil acostado en aguas del Caribe y del Pacífico, Guatemala centroamericana de cantantes nombre y atormentada alma, hoy cuna de una expresión plástica que abarca tres generaciones.
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No es el menor mérito del Certamen de Juannio el de reunir simultáneamente obras de pintores desaparecidos, como Ossaye o Pereyra, o de maestros alejados del remolino nuestro por su poco contacto con la afición o con la capital, tal el caso de Abascal, mezclándolas con aquellas procedentes de la provincia como las de Rafael Mora, buen pintor que debería olvidar máscaras y escenas alegóricas para dedicarse al rostro real de su tierra tan libremente logrado en sus paisajes. Mezcladas también con los sofisticados envíos de artistas extranjeros residentes entre nosotros, como Joyce Vourvoulias cuyo corazón balance, amarillo y rojo pulsaba sesenta veces por minuto bajo una simbólica esfera –óvulo, planeta, globo-, frágilmente suspendida a un invisible hilo. Junto a la “Anunciación” de la antigueña Margot Fanjul, triple corola plata y oro, cerrada sobre sí misma en una mística e intemporal reflexión; junto a Weld, Dancinger y Vittorio Tassinari que participó con obras interesantes en los ramos de pintura y escultura. Salpicado el conjunto por las refrescantes escenas indígenas de Juan Sisay, siempre en demanda aunque sus superficies un poco pastosas pidan más fluidez formal y cromática.
De esta confrontación desconcertante a primera vista, se desprende una unidad orgánica, reveladora del modo de sentir, de pensar y de expresarse en cierta época, en cierta zona física. Confrontación cada vez más necesaria para evitar la cristalización sobre patrones artísticos. Y para recordarnos que toda expresión sincera, plásticamente lograda, trátese de abstracto o de figurativo, de textura plana o matérica, de símbolo o de realidad, es inmensamente valiosa insustituible. La imaginación del hombre no abarca sino una fracción del universo que lo encierra. Materia orgánica y pensante se confunden en nuestros propios tejidos. ¿Cómo delimitar, cómo prohibir o dictaminar sin infringir lo que se trata de defender ante todo a través del mismo arte: la libertad de expresión y de interpretación –entre más personal, más universal- de todo ser sensible e inteligente?
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Volviendo a estos dos días memorables del Juannio 69, debemos decir que las obras presentadas no cedieron en calidad tampoco a las de año anterior. Tuvimos dos estupendos Elmar Rojas: “Pintura para una niña” (I y II), lo mejor integrado y logrado en composición, texturas y colorido por este indefinible artista, aparte de sus envíos a la Shell. Nos embargó la misma emoción que hace un año, cuando, tras reñido duelo y una apasionada y espontánea arenga de Mario Alvarado Rubio –innecesaria para los postores pero que reveló, tras el hábito del publicista, el entusiasmo intacto del compañero de Ossaye, de Alzamora, de Max Saravia, de Dagoberto y de Roberto GG- el primer premio de Elmar alcanzó la suma de Q.1,300.00, batiendo el récord establecido el año pasado con el “Volcán Atitlán” de Recinos. Sea dicho de paso, felicitamos a John Gody, primer coleccionista de obras guatemaltecas y centroamericanas en gran escala, hombre de gusto y de negocios que, a su pasión por la pintura une la visión del conocedor internacional. De Efraín Recinos, se presentaron dos obras también superiores en calidad y belleza: “Retrato Familiar” –segundo premio- en la que se organizan los elementos figurativos en forma concéntrica, cerrada casi celular con asomos de humorismo; camas, alegorías, progenitores –jerarcas, niños-renacuajos, rodeados por los diablillos-mitos del panteón ancestral. Cada obra de Recinos es una creación, un todo dar, un todo superar a través del trabajo y del despojamiento. Su lujo es este colorido de suntuosos contrastes; amarillos –oros retando la profundidad de los azules, líquidos soles y zafiros de fondos marinos, polvo centellante de gemas duras y cálidas pupilas de cielo, valorizando el antagonismo entre figuras y formas cinceladas sobre fondos en “poitillé”, técnica característica de Recinos y que usara con una sobria eficiencia en sus admirables dibujos blancos y negros. Su segunda obra “El volcán de Agua”, es la versión blanca, de inmaterial belleza del tema Volcán-mujer que lo tiene, y nos tiene, embrujados.
El tercer premio fue adjudicado a un artista salvadoreño, Benjamín Cañas, ya conocido en Guatemala, por una composición de suaves matices beige y cafés discretamente realzados por elementos de metal. Personalmente, prefiero “Muelle” del Nicaragüense Alejandro Aróstegui, dramática composición monocroma de metal y oleo en relieve, de un vigor, de un ascetismo impresionante; un plano vertical un horizontal curvilíneo, en “camaieu gris verde” acuoso y grasoso como las aguas portuarias.
Especial mención ha de hacerse en esta breve reseña de los grabados de R. Ixquiac Xicará cuya calidad no ha sido superada por sus oleos, pese al tamaño y de los envíos de Arnoldo Ramírez Amaya. Estos dos jóvenes artistas son el fruto de una tradición ya arraigada y constantemente enriquecida. Y demuestran como se pueden desprender de un tronco común, la influencia preponderantemente cabreresca, dos estilos, dos conceptos visualmente opuestos: las osamentas macabras de Rolando Ixquiac y las formas dinámicas, todo color y vida de Arnoldo. Su “Gran Marimba” así como los dos “Homenajes” que aterrizaron sin metáfora en el local de la Shell, demuestran el arrojo y la personalidad de la generación que despunta ahora bajo nuestros ojos. Las menciones de ambos artistas, fueron muy merecidas.
En escultura los envíos fueron igualmente variados; una clásica y tierna “maternidad” en mármol gris de Dagoberto Vásquez, pasó a manos de Paco Reyes Pérez, mientras que la realmente “Hermosa en la playa” de R. Galeotti Torres era adquirida por Mario Mori. Los Vourvoulias se quedaron con los “Amantes” de Dagoberto y el señor Girandi con los de Arnoldo. El “Cristo” de Vittorio fue peleado entre banqueros y la Embajada de México no resistió al “Baile del Torito” de R. Argueta Díaz. Notemos que con las honrosas excepciones de México y del Uruguay, las Embajadas mostraron poco interés por la obra plástica y benéfica que nos reunía.
El éxito del Certamen del Juannio debería servir de ejemplo a otras empresas deseosas de “estimular” las artes plásticas en Guatemala. Se evitaría así el fracaso de la Shell que amontonó más de trescientas obras en estantes y pisos del Salón de Cristal, y que, de acuerdo con las bases del Concurso tácitamente aceptadas por los artistas participantes, se quedó por la suma derisoria de Q.300.00 con una de las últimas obras de Efraín Recinos “Guatemala Señora de las Marimbas” en el mismo salón donde sus dos envíos para el Juannio alcanzaron la suma de Q.1,675.00 una semana antes. Los premios “de adquisición”, no funcionan en ciertos casos y no está en manos del jurado –por excelente que sea remediarlo. Si a esto se añade que la Aduna Capitalina cobró Q.123.00 de derechos para permitir la entrada en Guatemala de dicha pintura que Efraín mandó de Londres, ¿qué le queda al artista para un tercer premio? ¿Dónde está el estímulo ofrecido por la Shell?
Hemos oído –y esperamos que tenga éxito en sus gestiones- que el maestro José Castañeda, actual director de Cultura y Bellas Artes, se apresta a solicitar la exoneración de derechos que se impone para estos casos, a no ser que ningún guatemalteco residente en el extranjero pueda participar ya en certámenes nacionales, tal el caso de Rodolfo Mishaan a quien le cobraron Q.300.00 de derechos para su última exposición en su tierra natal. Y con este deseo - tema queda abierto- cerramos este comentario con calurosas felicitaciones a los organizadores y participantes del Juannio.
El Imparcial, 3 de Julio de 1969
deguate