03 Dic, 2008 - 21:24:10
Por Edith Recourat
Tras una total reorganización, la subasta de Juannio de este año ha sido un rotundo éxito.
Varios factores, unos internos, otros externos, han influido sin duda en esta resurrección. Ante todo, las decisiones acertadas del nuevo comité organizador que rompió los antiguos moldes –tan efectivos durante varios años, pero que habían dejado de ser funcionales cuando el valor de la plástica guatemalteca rebasó los límites locales y confrontó a sus progenitores con los problemas de una vigorosa adolescencia. Se cortó por lo sano suprimiendo jurado y premios y aumentando el porcentaje correspondiente al artista. La nueva fórmula tenía la ventaja de eliminar querellas de clasificación y de estimular al artista a participar en forma, para él, más provechosa. Es de notar cómo este sencillo cambio responde a la demanda actual de mayor participación de los interesados y de menor interferencia por parte de terceros portadores de discordia.
Debido al experto montaje de Sergio Zipacná de León, la presentación de la exposición, en una sala más apropiada y mejor iluminada que la del Club Americano, permitió apreciar con anticipación la totalidad de las obras desde el “vernissage” de la exposición una semana antes de la subasta. En el curso de esta semana, coleccionistas y amateurs tienen la oportunidad de observar detenidamente las obras y de hacer su selección. Luego, la presentación de un catálogo lujoso y completo, diseñado por Julio Mendizábal e ilustrado por Ricardo Mata y Gilberto Castellanos, contribuyó también a la divulgación y conocimiento de artistas y obras.
Por último, las actividades bien conjugadas de entidades sociales, profesionales y de medios de difusión se mostraron muy efectivas. Cada uno en su esfera pero en forma bien sincronizada, los miembros del Comité organizador se mostraron sumamente activos y animados por un real deseo de ayudar a Juannio. Con el concurso de la Dirección de Cultura y Bellas Artes, tanto el embajador de Estados Unidos, don William Bowdler, como nuestro amigo de la mini-subasta de San Lucas Tolimán, don Hernán González Vale, embajador de Venezuela, organizaron eventos y movilizaron recursos para lograr una máxima participación de entidades nacionales como la Orquesta Sinfónica y el Ballet de Guatemala o colaterales como la USIS y la FENACOAC que contribuyeron a la recaudación de fondos y a la elaboración del material impreso. La participación del Licenciado Ponce Monroy y de los medios de difusión televisados, Estudio Abierto, Telerradar y otros se sumaron a los esfuerzos personales del doctor Solís, del Licenciado Fernández, del señor Lauro Muro y de Jasón Vourvoulias, e influyó también sin duda la reciente presentación de dos grandes colecciones particulares, la colección Bowdler en el IGA y la de John Gody en la Biblioteca Nacional.
La colección Gody, de obras guatemaltecas, demostró a un público esclarecido el valor de la plástica nacional y mostró el camino hacia sus fuentes.
Dado el monto de las inversiones en residencias particulares, no es concebible que sus dueños sigan llenándolas de mercadería extranjera sin valor o que se confinen al solo estilo colonial como si el presente no existiera. Presente americano, no nos cansaremos de decirlo, que viste hoy por fin su propia expresión, que asume hoy por fin su propia existencia y que integra lo suyo en la corriente universal en vez de adoptar y de adaptar lo ajeno a una personalidad postiza. Lo que ha hecho la grandeza artística del viejo mundo del Extremo Oriente a Europa, pasando por las dos riberas de la cuenca mediterránea, es desde luego su valor de testimonio del acontecer humano local transformado por el tiempo en concha de la historia. Influencias ¿cómo no van a existir? Son la trama misma de la existencia, la herramienta de la ciencia arqueológica que desanda el hilo del tiempo y de las civilizaciones sucesivas descifrando improntas, incisiones, pinturas y volutas desde el fondo de las cuevas prehistóricas hasta las tabletas de arcilla y los monolitos. La influencia es una herencia genética, pero la vil copia, la imitación de un estilo de salón Luis XV en la América de los últimos decenios del Siglo XX, es peor que el mal gusto, es un atentado contra la vida misma.
Respecto a los factores externos, no creo equivocarme al descifrar una preocupación lógica por realizar buenas inversiones. Se vende diariamente algo como cien mil ejemplares de periódicos y las revistas extranjeras, Time, Visión, Newsweek, circulan profusamente. Todo este material se lee y pocos ignoran en estos momentos los avatares de la economía mundial. El dólar norteamericano y, por consiguiente, todas las monedas americanas “alineadas” –es decir todas menos la venezolana- están devaluadas respecto del resto del mundo. Según Wall Street, “las personas de mayores recursos colocan hoy su dinero en propiedad tangible como joyas, pinturas y chalets para vacaciones, cuyo valor raramente baja”.- (Time 11 de Junio de 1973, p. 55). Dejando aparte su actualidad, su valor testimonial y estético, la pintura representa en todas épocas, una excelente inversión.
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