Por Edith Recourat
Iniciar el año hablando de tragedia es triste. Pero la realidad es que el mundo se mantiene en estado de tragedia permanente, Biafra, el Medio Oriente, Vietnam. El genocidio considerado como “una forma de hacer adelantar la historia” simboliza hoy el cinismo de los poderes. Yo no creo ni en la felicidad personal ni en el progreso de la concientización sino como búsqueda de una élite, que, de todos modos, la persigue con o sin incentivos exteriores. No creo en el dirigismo ni en el fascismo ni en el comunismo.
Talvez sea posible una recuperación de los eternamente explotados, de los opacamente sacrificados, de los olvidados de nacimiento. Talvez. Pero, como a la reivindicación de las masas, dentro de un marco económico coherente, ha de corresponder y corresponde ya una insidiosa nivelación, una progresiva castración del intelecto y del individualismo en aras de la justicia social, se ha de prever una mayor lucha y quizá una mayor distanciación entre los individuos dotados de criterio propio y de una personalidad creadora, en cualquier rama que sea, y las masas condicionadas por la uniformidad de sus mismas reivindicaciones aún provistas de sus representantes políticos e intelectuales también condicionados por los acontecimientos, los intereses creados y las circunstancias exteriores.
En el campo de la creación artística, es de prever un mayor distanciamiento entre la expresión y la realidad que la nutre, cuyos signos aparentes no son los verdaderos. Veo el artista llamado a traicionar aparentemente estos signos para permanecer fiel al espíritu de una realidad no siempre manifiesta.
La tragedia de Managua provoca en nosotros distintas reacciones. Sobre el plan personal, horror y alivio: cinco mil muertos no debidos a la mano del hombre. Sobre el plan colectivo, le debemos esta conmovedora manifestación de solidaridad del pueblo guatemalteco que desfiló día y noche, en plena ola fría y fiestas navideñas. Con sus ofrendas “para nuestros hermanos de Nicaragua”. Digo bien: pueblo. Porque las industrias privadas aprovecharon la oportunidad para hacerse publicidad mientras hacían cola centenares de voluntarios, quien con su costal de frijol o de arroz, quien con la colecta reunida de casa en casa, de barrio en barrio, zona por zona. Este ejemplo de fraternidad espontánea manifestada por un pueblo que también sufre de escasez y se privó en los momentos en que menos acostumbra hacerlo demostró la solidaridad de los desheredados, el gran corazón de las multitudes y la abnegación del personal y de los locutores del canal que yo vi funcionar durante horas diurnas y nocturnas.
Hoy nos llega de Managua una víctima más del desastre: el pintor guatemalteco César Izquierdo, radicado en Managua desde hace algunos años, quien vió desaparecer a cuanto poesía en pocas horas. Izquierdo no es un desconocido para el público guatemalteco quien ha tenido la oportunidad de admirar sus obras en varias exposiciones. Sin ser familiarizada con ellas, tengo muy presentes sus texturas matéricas en grandes composiciones silenciosas. Se sitúa en la órbita aunque sus relieves sean más arenosos y sus formas más angulares. Su colorido es discreto, generalmente monócromo y, como suele ocurrir tantas veces, es una antitesis del ambiente tropical que lo rodeaba. Se trata de una ambientación mental más que material.
Para acogerlo y ayudarlo a reconstruir su vida y la de su familia, los círculos artísticos y culturales de Guatemala han organizado una venta-subasta de aquellas obras suyas que se encontraban por casualidad en esta ciudad y que, por lo tanto, no fueron destruidas. La dirección de Bellas Artes, los pintores y escultores que han donado inmediatamente varias de sus obras- y otras entidades más convidan a coleccionistas y aficionados y a cuántas personas desean cooperar a esta ayuda, que tan normalmente se le brinda a un compatriota víctima de una desgracia, para que asistan a la subasta el viernes 26 de las 18 horas en adelante.
Inútil decir que nuestro generoso y servicial Chichicuda se hizo cargo de las ventas que esperamos constituyan un nuevo testimonio del buen corazón de los guatemaltecos económicamente pudientes a la vez que una acogida a César Izquierdo, quien sufrió en carne propia aquella gran tragedia navideña de Managua el mes pasado.
Ei Imparcial, 25 de Enero de 1973