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Edith Recourat-Chorot
Tun en Macondo
07 Nov, 2008 - 18:36:24

TUN EN MACONDO

                                                                                  Por Edith Recourat

 

Después de dos años de actividades nutridas y de éxitos, ha llegado el momento de reapreciar la obra de José Francisco Tún.Hace dos años, presentaba su primera muestra en Artes Plásticas.  Hace cuatro meses, la última en el I.G.A. Ha pasado por la Universidad de San Carlos, la Alianza Francesa, la bienal de Medellín.  Su itinerario temporal cubre mucho terreno.  ¿Cuál es, a la hora actual, la etapa alcanzada?

 

Ante la serie de pinturas que presenta mañana en “Macondo”, nos damos cuenta que el pintor “primitivista” o “ingenuo” de los muñequitos se ha transformado en exponente maduro del rostro rural a través de lo que podríamos llamar la poesía del descubrimiento.  A la descripción sumamente matizada de elementos figurativos normalmente asociados –casas, calles, puertas, habitantes- ha sucedido la exploración de superficies geométricas planas en tonos contrastantes.  Primeros planos vistos con lente de aumento.  Planos inclinados y huidizos perfectamente equilibrados contra la masa perpendicular de un edificio.  Al mismo tiempo, siempre enamorado de los horizontes ilimitados del campo, capta su esencia por medio de un grafismo formal que modela volúmenes y accidentes terráqueos sobre un encendido fondo monócromo.

 

Combinando audazmente perspectivas, líneas y colores casi primarios, Tún obtiene asi efectos de una intensidad visual que va mucho más allá de los medios empleados.  Al romanticismo de pueblos y lagunas exquisitamente cromatizados, sustituye el juego de elementos parciales que revelan la identidad abstracta e insospechada de las cosas más sencillas, más comúnmente al alcance del ojo y de la mano.

 

Fundamentalmente, los temas de Tún no han cambiado: casas y techos, esquinas, caminos.  Libertad y encierro.  Pero mientras que, ayer, tenía que recurrir a la figura humana, a enjambres de pequeñas personajes para animar y anecdotizar sus calles y paisajes, los deja ahora asumir por sí solos su potencial expresivo.  Parece que sus espacios vacíos estuvieran “cargados” con el peso de un identidad explosiva, con la fuerza de un dinamismo interno que equipara, en importancia, el sobre del “Anónimo” al paisaje o al “Tejado” que llena nuestro campo visual.

 

Con los techos –símbolos de hogar, de calor, de protección- el pintor procede a una verdadera anatomía de formas y de planos.  A una obstinada indagación de su íntima naturaleza.   De frente, de perfil, resbaladizos o quebrados, cobijadores o amenazantes a fuerza de presencia, nos pasea de triángulos en bisectrices, de la pared “Sin Ventana” al “Alero” visto a vuelo de pájaro, jugando con las leyes de la perspectiva e introduciendo enigmáticos elementos geométricos en la lógica absoluta de su rompecabeza.  Su “Ventana Amarilla” de 1970, expuesta con fines referenciales, agradía ya física y mentalmente con sus contrastes de luz y sombra.  Hoy, da nacimiento a la serie de “Puerta y Luz” donde el pintor desarrolla el motivo inicial, siguiendo el actual proceso del lente de aumento, hasta un efecto en “trompe l’oeil” que confunde finalmente paredes y puertas, sólido y vacío, esencias y resistencias en un racionalismo mágico lleno de sugerencias.

 

Paralelamente a esta investigación aguda e inteligente, sigue manifestándose el estado de ánimo melancólico y contemplativo de Tún.  La pared gris del “Patio Amarillo”, la pared lila de los “Sin Esperanza” se difumen nostálgicamente en tres tonalidades planas que casi niegan su materialidad.  Un delicado paisaje azul, un nacimiento de agua, unas casitas, atestiguan que mantiene intacta su sensibilidad en la zona puramente contemplativa.  Por otra parte, “Te burlas del Ojo”, “Bizcos y borrachos”, hacen hablar humorísticamente elementos inanimados.  Una de las constantes en la obra de Tún es este trastocar de identidad que acabamos de mencionar, este continuo traslape y transformación de cada cosa en otra.  Se señalará un día como de esencia macondiana junto con prosas y expresiones plásticas de lo más arraigadamente americano.  Tún goza de una absoluta libertad de visión para disociar lo que asociamos automáticamente.  Los objetos y aspectos de su obra parecen muchas veces inventados y son simplemente récreados fuera de todo convencionalismo.  No ha abandonado ninguna de sus características anteriores: las ha despojado de lo superfluo para transformarlas en medios de expresión puramente plásticos.

 

Poesía, humorismo y un pronunciado sentido filosófico de la vida son los polos subjetivos de a obra de Tún.  Concientización, libertad de visión, de asociación, de selección, unidos a una afianzada seguridad lineal y formal, que le permite prescindir de elementos demasiado anecdóticos o folklóricos, constituyen los polos concretos del universo tuniano.  No cabe duda que, entre estos dos polos, se ubica hoy un pintor dueño de una asombrosa riqueza expresiva.

El Imparcial, 9 de Octubre de 1972


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