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Dia de la Madre
Vivir con una Madre o Con una Nana
06 May, 2004 - 08:30:00

Son una ayuda invaluable. Ellas permiten que la señora ama de casa trabaje fuera del hogar.

Visite familiares, salga con las amigas o tome sus ratos de descanso. Hablamos de... ¡las nanas! Son valiosas pero... ¿trabajan más que las mamás?.

"¡Estoy agotada!" "¡Ya no aguanto a los niños!". Estas y muchas otras expresiones similares escuchamos todos los días como algo natural.
Veamos el caso de varias amigas que sufren de este problema: cada una de ellas tiene hijos a los cuales quieren "con toda el alma", viven (dicen) para ellos, pero no alcanzan a comprenderlos.

Buscaron ¡y encontraron! una maravillosa ayuda que alivió el peso de la difícil tarea de ser madres: las nanas.

¿Qué es una nana? Es la persona a la cual se le atribuye un salario por responsabilizarse del cuidado de uno o varios niños. Existen otros tipos de nanas a las cuales ni siquiera les es reconocida o recompensada su labor: hermanito o hermanita mayor, sobrinos, tíos o familiares que se hacen cargo del cuidado y entretenimiento de los pequeños.

Cabe aclarar que el contar con una persona que nos ayude a esta función no es nada reprobable, sino muy bueno, ya que nos facilita el cumplimiento de todas las demás tareas, como ser esposas, amas de casa, e incluso cumplir con un trabajo profesional fuera de casa.
El problema viene cuando perdemos el punto de equilibrio, cuando perdemos de vista nuestro objetivo.
El ser madre, como vocación, es responsabilizarse de la formación y educación de los hijos y eso cuesta tiempo y esfuerzo.

Una tarde con Rosa

Rosa tiene una invitación a una piñata. Se organiza para que todo salga bien, le pide a la nana que arregle a los niños con esmero, sin perder detalle moños, zapatos limpios, etc., porque ella (Rosa) tiene que arreglarse también pues ahí verá a sus comadres.
Al llegar a la fiesta, como buena madre, hace las recomendaciones pertinentes: "nana, siéntate con los niños a ver el payaso, juega con ellos, pásalos a que le peguen a la piñata, te fijas que merienden bien y que no se vayan a caer".

Rosa se retira a platicar con sus amigas. Claro que de vez en cuando da una miradita a sus hijos asegurándose de que todo marche bien.

Al llegar a su casa le pide a la nana: "Nanis, estoy agotada, por favor baña a los niños, ponles sus pijamas y eso sí, asegúrate de que hagan sus oraciones. Yo todavía tengo un compromiso al que debo acompañar a mi esposo y necesito descansar un poco".

Conozcamos a Teresa

Tiene un estilo de ser mamá bastante parecido a Rosa, sólo que ella se siente más al pendiente de sus hijos porque les dedica mayor tiempo y los acompaña a más actividades.
Ella tiene compromisos dos veces por semana con sus amigas, más una tarde para ver a las tías.
Tere es la que siempre tiene la iniciativa de que sus salidas sean combinadas con diversión para sus hijos.
Propone que cuando se reúnen las amigas o comadres sea de vez en cuando, en un lugar donde puedan pasar el rato con sus hijos: parques, patinaderos, etc.

Sin embargo es la misma historia, las nanas atienden a los niños y Tere y las otras mamás no pierden detalle de la plática. Lo curioso es que ella también llega agotada de llevar a sus hijos al cine, parque infantil o donde hayan ido, como si hubiera hecho todo lo que la nana se ingenió para que los niños estuvieran entretenidos, contentos y sin molestar.

Ahora vamos con Margarita

Es una mujer tranquila que le gusta estar en su casa, pero eso si... ¡en perfecta paz!
Tiene una buena nana entrenada para alimentar, vestir, entretener y divertir a sus hijos.
Como si eso fuera poco para la nana, a Margarita le gusta tener invitados para que sus hijos la pasen bien y acompañados. Lo único que pide es que no estén "encima de ella" sino a una distancia prudente que no le perturbe su "paz".
Extrañamente, Margarita también termina agotada y al llegar su marido su queja es: "tuve una tarde de locos, vinieron invitados de los niños ¡y armaron un escándalo! ¿te imaginas?".

Conozcamos a Marta

Martha es muy activa, tiene mil compromisos fuera de su casa.
Se ocupa por todos los problemas de nuestra sociedad. Da su tiempo a los pobres, enfermos y desvalidos. Es una gran mujer.
Tiene cuatro hijos a quienes tiene que dejar con la nana para poder cumplir con sus compromisos de beneficencia.
Todo esto es muy loable, digno de admiración, pero ¿y sus hijos?, ¿les da la misma importancia que a todas sus buenas obras?
Generalmente no tiene tiempo de ocuparse de ellos y la nana, "que es una maravilla", se encarga de los niños.
Llega de sus actividades cansada y lo que quiere es ver orden en su casa. Que los niños ya hayan cenado y que sólo les falte el besito de las buenas noches. ¿No merecen ellos más tiempo y atención de su mamá? ¿No son su primera y principal obligación?

¿Y Linda?

Es una mamá que tiene que trabajar para satisfacer las necesidades del hogar. También ella se preocupa en extremo sobre la selección de la persona que se hará cargo de sus hijos durante el tiempo que está en el trabajo.
Vamos a entrar en este hogar.
Por la mañana, la nana se encarga de que los niños vayan bien vestidos, que tengan un buen desayuno y que estén listos para cuando los recoja el transporte escolar.
Linda no los lleva, porque no sabe qué clase de día le espera en el trabajo y tiene que descansar hasta el último minuto.
Al mediodía, los niños deberán haber comido antes de que Linda llegue para así poder comer tranquila y a gusto. Ella les promete: "Luego me cuentan cómo les fue, ahora tengo mucha prisa".
Antes de volver al trabajo aconseja a la nana y a los niños": "Hagan su tarea, no peleen, pórtense muy bien corazoncitos", "vigílalos nana, ¿si?".

A su regreso por la tarde viene tan cansada que no tiene cabeza, ni ánimo para escuchar todo lo que los niños hubiesen querido platicar: lo que pasó en la escuela con el maestro, con el amiguito, sus logros o fracasos.
Linda es muy cariñosa, siempre les habla a sus hijos con palabras melosas y amorosas para recompensarlos por el tiempo y atención que a los niños les roba el trabajo.
¡Pero no le pidan más! Linda está convencida de que el tiempo que se da a los hijos no debe ser en cantidad sino en calidad, (afirmación que tiene sus reservas) prefiere que la vean de buen humor y no cansada y de malas.
Los fines de semana distribuye su tiempo entre llevar a los niños a casa de sus abuelitos o centros de diversión.
Para ir de compras prefiere hacerlo sola, ya que es más rápido y cómodo. También ¡claro! es importante disponer de un buen espacio de tiempo para ella, y así olvidarse de sus problemas, divertirse y descansar.


En resumidas cuentas, quiere muchísimo a sus hijos, quiere lo "mejor" para ellos, por ellos trabaja, pero... ¿no habrá perdido el punto de equilibrio? ¿No valdrá la pena un último esfuerzo (sacrificio) por convivir con ellos?
Los niños comprenden que su mamá trabaje, pero, eso no les quita el "hambre" de tener un poco más su presencia, esté de buenas o de malas.

La infancia es la etapa más breve de la vida, pero es la más importante en la formación de una persona.
Es cuando se siembran los principios y virtudes que forjarán el carácter y la personalidad del ser humano.
El tiempo en cantidad y calidad que se invierta en esta maravillosa misión dará sus frutos y no habrá mayor "premio" que la satisfacción de ver a los hijos felices.

Como hemos visto hasta aquí, el problema no son las nanas, sino aquellas mamás que quieren tan solo vivir con sus hijos y no convivir, sobre todo cuando esto implica renunciar a determinados gustos y preferencias.


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