Por: Alejandro de León
Uno de los tantos motivos que le brindan notoriedad a Guatemala en el plano internacional es la riqueza cultural, colorida y variada de sus actividades cuaresmales. Específicamente, la tradición de las procesiones.
Esta costumbre se remonta a la época de la Colonia y se celebra anualmente en diversas regiones del país, según las etnias que allí habiten. En el Altiplano guatemalteco, por ejemplo, tanto las imágenes de Jesús Nazareno como las de Cristo Sepultado van acompañadas de los cofrades principales.

Las capitanas (las esposas de los cofrades) y miembros comunes de la cofradía. Tanto la ciudad de Guatemala como en Antigua, son los miembros de las hermandades los responsables de cargar con el peso de las procesiones, cada una dedicada a su propio cristo.
Los cucuruchos adultos tienen el hábito de cargar las andas con sus hijos pequeños sobre el brazo que llevan libre. Estos niños también visten de cucuruchos y desde esa temprana edad participan de las actividades cuaresmales.
Quizás por eso es que en las últimas décadas del siglo pasado surgieron las procesiones de niños. Es así como los jóvenes se suman con gran fervor a las hermandades, desde una edad muy temprana, y conservan la tradición.
No solo como cucuruchos que cargan andas en las procesiones, sino también en la realización de alfombras de aserrín o de flores, o bien al tocar los instrumentos de las bandas que talonean las andas, los jóvenes guatemaltecos cuentan con una fuerte participación en esta época cuaresmal.
Publicado por: Axel Natareno
Fuente: dca.gob.gt