Por: Yessica Reyes
La Liturgia es un testimonio privilegiado de la Tradición viva, y citó un texto de Pío XII según el cual con dificultad se hallará una verdad de la fe cristiana que no esté de alguna manera expresada en la Liturgia. Esta importancia de la Liturgia como criterio y testimonio de la Tradición es subrayado desde la antigüedad.
Lo usó S. Agustín para defender la necesidad de la gracia y antes que él lo usaron Tertuliano y S. Cipriano. En la época contemporánea el papa Pío XI habló de la Liturgia como didascalia de la Iglesia, como el órgano más importante del Magisterio ordinario.
Con bastante frecuencia se ha repetido la venerable fórmula de Próspero de Aquitania legem credendi lex ex statuat suplicandi, como síntesis de esta doctrina, cuyo sentido explica Pío XII en la Encíclica Mediator Dei. Las doxologías y los símbolos usados en el culto han sido siempre lugares destacados en los que se reflejaba la verdad de la fe, ya sea afirmándose contra los ataques, ya sea consignando los avances conseguidos.
Por otra parte, nadie puede negar cuán preciosas enseñanzas se derivan de la praxis litúrgica, p. ej., en la veneración de las imágenes y en la administración concreta de los sacramentos. La disciplina penitencial está llena de informaciones sobre la teología de este sacramento. Por eso Pío XII pudo llamar a la Liturgia el espejo fiel de la doctrina transmitida por los antiguos.
La razón por la cual la Liturgia constituye un criterio de Tradición es porque ella es la voz de la Iglesia que expresa su fe, la canta, la practica en una celebración viviente. La Liturgia, igualmente, es una acción sagrada, una acción que incorpora una convicción, la expresa, y, por lo mismo, la desarrolla.
Por otra parte, la Liturgia, siendo ritual, tiene gran poder de conservación, porque el rito es fijo, se transmite y practica como tal. A esto hay que añadir que el sujeto responsable de sus afirmaciones es siempre la Iglesia. La Liturgia se desarrolla a partir de un fondo común que se remonta hasta los Apóstoles.
Los mismos ritos y fórmulas, aunque nazcan de una iniciativa particular, para que penetren en la Liturgia han de ser aceptados por la Iglesia y aprobados por la autoridad guardiana de la Tradición apostólica. Esto no obstante, hay que reconocer que es un criterio difícil de usar.
La Liturgia, testigo privilegiado de la creencia de una Iglesia, no tiene otra autoridad que la del Magisterio que la ha aprobado. Por eso, antes de examinar la fuerza que pueda tener una doctrina extraída de la Liturgia, es preciso analizar qué antigüedad, universalidad y aprobación tiene dicha Liturgia.
Publicado por: Yessica Reyes/deguate.com
Fuente: wikipedia.org