Foster describe esta tradición como la vida llenada con rezos u oraciones. En adición a las ensenanzas del Nuevo Testamento (fue Juan el apóstol una persona contemplativa?), tal vez las raíces de la tradición contemplativa reaparecen en el cuarto siglo.

Temprano en el siglo, Antony decidió dejar a su familia en Egipto en favor de una vida de soledad y reflexión. Su decisión fue influenciada ciertamente por la muerte de sus padres y por su deseo de respuestas a las preguntas dificiles en cuanto a los eventos de su vida. Antony meditaba en el libro de Hechos (del Nuevo Testamento) y despues de ese tiempo de meditación, buscó el desierto.
Probablemente la experiencia monastica se arraiga en parte en el experimento de Antony en retiro de la sociedad, de la seguridad financiera, y del mundo generalmente. Antony encontró eventualmente las oportunidades para el servicio en la vida que él había elegido, pero no ha sido siempre el caso con los que se retiran del mundo en favor de la soledad espiritual.
Si esta tradición utiliza oraciones extensivamente, también se ata a la meditación. Como tratamientos de belleza para el alma, la práctica contemplativa intenta hacernos santos en pensamientos, en amor, en las cosas que deseamos, y en la sabiduría. El fuego que se encendió así por el contacto con Dios está como fuego dentro de nosotros, venciendo el vacío de este mundo por la potencia que nos transforma.
Se anima a los cristianos que no han investigado la potencia de las prácticas contemplativas en sus vidas espirituales que exploren las profundidades de la lectura, la oracion, y de la meditación. Es posible la búsqueda y descubrimiento de Dios con ejercicios contemplativos.