Por: Yessica Reyes
El matrimonio es uno de los sacramentos para los que prectican la religión católica, este sacramento también es representado como una alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituren una íntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad del sacramento.
Este sacramento es la unión de Cristo con la iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo nos amó; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humado de los esposos, rafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna.
El matrimonio se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo.
Dado que el matrimonio establece a los cónyuges en un estado público de vida en la Iglesia, la celebración del mismo se hace ordinariamente de modo público, en el marco de una celebración litúrgica, ante el sacerdote (o el testigo cualificado de la Iglesia), los testigos y la asamblea de los fieles.
La unidad, la indisulubilidad y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incopatible con la unida del matrimonio; el divorcio depara lo que Dios ha unido; el rechao de la fecundidad priva la vida conyugal con su hijo.
Contraer un nuevo matrimonio por parte de los divorciados mientras viven sus cónyuges legítimos contradice el plan y la ley de Dios enseñados por Cristo. Los que viven en esta situación no están separados de la iglesia peron no pueden acceder a la comunión eucarística.
Publicado por: Yessica Reyes/deguate.com
Fuente: iglesia.org