10 Nov, 2009 - 12:13:24
Por: J. C. Gª Fajardo
Existe un antiguo mito en Indonesia, recogido por Frazer, en “La rama dorada”, que puede ayudarnos a comprender el enigma de los monumentos megalíticos construidos por los primeros agricultores de Europa.
En el principio, cuando el cielo estaba muy cerca de la tierra, los dioses otorgaron sus dones a la pareja primordial haciendo que estos descendieran colgados de una cuerda.
Un día, les enviaron una piedra pero los antepasados la rechazaron. Después, hicieron descender una banana que acogieron con júbilo.
Entonces, se oyó la voz del Cielo “Por haber preferido la banana, vuestra vida será como la vida de este fruto, perecedera. Si hubierais elegido la piedra, vuestra vida sería inmutable e inmortal”.
El descubrimiento de la agricultura había hecho cambiar radicalmente la concepción de la vida humana, que se revela frágil y efímera como la de las plantas.
El hombre comparte el ciclo de la vegetación: nacimiento, vida, muerte y renacimiento. Se fecunda a la madre tierra penetrándola profundamente para depositar en su seno la semilla.
Las creencias neolíticas florecieron entre el 8.000 y el 3.000 a . C., a partir de la revolución originada por la domesticación de animales y plantas, la invención de la cerámica y el progresivo sedentarismo.
Incluían un centro de referencia en la sacralidad de la naturaleza, el ciclo de las estaciones y la diosa Madre Tierra.
En las nueve civilizaciones neolíticas reconocidas, destaca el culto a los antepasados, los ritos de fertilidad, enterramientos rituales, divinidades del hogar, monumentos megalíticos y el arte rupestre.
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias
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