Espíritu de Fortaleza

Ultima actualización: 12 Abr, 2013 - 14:47:13
El Espíritu Santo, al mismo tiempo que instruye al cristiano sobre sus deberes de hijo de Dios, le da también fuerza para cumplirlos. “Recibirás la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros mis testigos” (He 1, 8), dijo Jesús a sus discípulos momentos antes de subir al cielo.



Espíritu de Fortaleza

El Espíritu Santo, al mismo tiempo que instruye al cristiano sobre sus deberes de hijo de Dios, le da también fuerza para cumplirlos. “Recibirás la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros mis testigos” (He 1, 8), dijo Jesús a sus discípulos momentos antes de subir al cielo.


https://www.deguate.com/artman/uploads/26/espiritu1.gifEl Espíritu Santo, al mismo tiempo que instruye al cristiano sobre sus deberes de hijo de Dios, le da también fuerza para cumplirlos. “Recibirás la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros mis testigos” (He 1, 8), dijo Jesús a sus discípulos momentos antes de subir al cielo. No se trata de la virtud de la fortaleza otorgada al bautizado junto con las demás virtudes infusas, sino de un don particular del Espíritu Santo que supera el modo humano de obrar, sobrepujando las limitaciones y debilidades que persisten aun en el hombre más virtuoso. Después de Pentecostés los Apóstoles, revestidos de este don, aparecieron completamente transformados. Si, cuando la captura de Jesús habían huido y después de su muerte se habían encerrado en casa “por miedo a los judíos” (Jn 20, 19), recibiendo el Espíritu Santo se presentaron al pueblo y sin temor alguno comenzaron la predicación. La fuerza del Espíritu Santo obraba en ellos.
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San Pablo pide a Dios que los creyentes sean “robustecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior” (Ef 3, 16). El hombre interior es el hombre nuevo regenerado por el bautismo, debe crecer y desarrollarse, y como su nacimiento fue por virtud del Espíritu Santo, así su crecimiento se efectúa por su poder. El hombre interior debe ser “robustecido”, fortalecido, y corroborado por el Espíritu para alcanzar la edad perfecta, la “estatura de la plenitud de Cristo” (Ef 4, 13). Toda la acción del Espíritu Santo mira, en efecto, a plasmar al cristiano perfecto, al hijo adoptivo de Dios, conforme “a la imagen de su Hijo… primogénito entre muchos hermanos” (Rm 8, 29). Es necesario, por eso, que el creyente se deje asir y poseer por el Espíritu, que se deje formar y reformar según su beneplácito. El mismo Espíritu le dará la fuerza de decir siempre sí a sus inspiraciones y seguir de continuo sus llamamientos.
 
https://www.deguate.com/artman/uploads/26/espiritu4.gifHace falta coraje para ser fiel a toda costa a la ley de Dios y para soportar valerosamente todas las tribulaciones de la vida, y hace falta más aún para secundar esa acción interior del Paráclito y no retroceder ante las pruebas con que él purifica y robustece a los que en él se confían. Es un maestro dulce y suave, pero también exigente, porque no puede llevar al cristiano a la plena conformidad con Cristo, sin hacerlo pasar por el camino de la cruz y sin pedirlo todo. Justamente es en este campo donde el hombre espiritual experimenta su flaqueza: intuye lo que Dios quiere de él, a veces lo ve con claridad, pero no tiene fuerza para realizarlo al menos cabalmente. Es el gran momento del hombre de buena voluntad pero inmaduro todavía. Se precisa pedir muy humildemente el auxilio del Espíritu Santo y al mismo tiempo no desistir de las tentativas personales. Los esfuerzos repetidos con constancia son una tácita pero eficaz invocación del don de fortaleza. En el momento oportuno intervendrá el Espíritu Santo con su poder para robustecer lo que es débil y pusilánime.
 
Oh Espíritu Santo, alma de mi alma, yo te adoro. Ilumíname, guíame, fortaléceme, consuélame, enséñame lo que debo hacer, dame tus órdenes: te prometo someterme a todo lo que desees de mí y aceptar todo lo que permitas que suceda (D. Mercier)
Oh Espíritu Santo, rompe mi rigidez interior, la inquietud y la turbación que me impide reposar en ti… Lo que tú quieres de mí es una franca, dulce, sencilla y pacífica adhesión a tu voluntad, es un dejar hacer, un estar pasivamente en tus manos como cera blanda: es un no inquietarme ni atormentarme como si todo lo que sucede no dependiese de mí sino de ti. (L. de Grandmaison)

Publicado por:   Elsa Robles

Fuente:   Deguate.com
              P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D.
              Pequeñas Semillitas

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Este artículo se publicó originalmente el 09 Abr, 2013 - 17:32:19

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