27 Ene, 2010 - 12:35:53
El principio de la compasión se halla en el corazón de todas las tradiciones religiosas, éticas y espirituales y nos urge a tratar siempre a los otros como queremos ser tratados nosotros mismos.
La compasión nos empuja a trabajar incansablemente para aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes, para hacernos bajar de nuestro propio ego como valor absoluto y poner allí al prójimo honrando la santidad inviolable de cada ser humano, tratando a todo el mundo, sin excepción, con total justicia, equidad y respeto.
Tanto en público como en privado, es también necesario abstenerse, con hechos e intenciones, de infligir dolor; de actuar o hablar intencionadamente de forma violenta, por desprecio, chovinismo o por cuenta propia para empobrecer, explotar o negar derechos básicos de cualquier persona, o para incitar al odio denigrando a otras personas, aunque sean nuestros enemigos. Todo esto es una negación de nuestra humanidad común.
Reconocemos que no hemos podido vivir con compasión y que los hay que incluso han agravado la miseria humana en aras de la misma religión.
Por lo tanto, suplicamos a todos los hombres y a todas las mujeres que en el centro de la moral y de la religión restauren la compasión; que devuelvan el antiguo principio que dice que cualquier interpretación de la Escritura que engendra violencia, odio o desprecio es ilegítimo; que aseguren que a los jóvenes se les da exacta y respetuosa información sobre otras tradiciones, religiones y culturas; que fomenten una valoración positiva de la diversidad cultural y religiosa; que cultiven la empatía hacia el sufrimiento que sufren todos los seres humanos, incluso quienes consideramos enemigos.
Urgentemente necesitamos hacer de la compasión una fuerza clara, luminosa y dinámica en nuestro mundo polarizado.
Arraigada en la decisión fundamental de ir más allá del egoísmo, la compasión puede romper fronteras políticas, dogmáticas, ideológicas y religiosas.
Nacida de nuestra profunda interdependencia, es esencial para las relaciones humanas y para una humanidad completa; la compasión es el camino hacia una nueva visión y es indispensable para la creación de una economía justa y una comunidad mundial que viva en paz.
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias
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