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Espiritualidad > Testimonios  

¡Ya basta!
16 Ene, 2008 - 09:54:35
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Entiendo que el mundo evangélico no admite que un ministro confiese que esta cansado.

      

Entiendo que el mundo evangélico no admite que un ministro confiese que esta cansado.


Rafael Porras
Siervo de Jesucristo…
Rafaplevi54@gmail.com

Pues muchos pasajes de la Biblia prometen restaurar a los cansados, el profeta  Isaías enseña que Dios restaura las fuerzas de aquel que ha perdido el vigor; también se que nuestro buen Jesús da alivio a los cansados y trabajados.

Por eso, ya me preparo para las censuras de aquellos que van a escandalizarse ahora que confieso que “me canse. Y, me preparo sin duda para el alud de censuras de aquellos que van a escandalizarse con mi confesión, aquellos que se darán por aludidos y considerarán que soy un crítico derrotista y envidioso, debo decir que ellos siempre lo hacen.

Sin embargo, no puedo callar más…

Me encuentro cansado, exhausto y por eso digo ya basta.

Y, no me cansé de Dios o de mi vocación. Continúo entusiasmado y muy feliz con lo que hago. Con el ministerio que mi buen Dios me ha dado. –Sanar al enfermo- . Sigo amando a mi Dios y a su palabra, como también amo a mi familia, a mis discípulos, a mis amigos e incluso a mis enemigos. Y, aún continúo creyendo esperanzado.

Mi enojo y mi cansancio tienen otros orígenes…

Me cansé  del discurso traslativo, repetitivo y absurdo de aquellos que mercadean con la Palabra de Dios, ya no aguanto más que se tomen versículos sacados de la ley mosaica, que se aplicaban a Israel y de un pacto envejecido y caduco. Para vender ilusiones a quienes llenan las iglesias buscando con sinceridad alivio y esperanza eterna. Esa supuesta posibilidad mágica de revertir una realidad cruel que me destruye, porque se que es pura propaganda engañosa.

Me cansé  de los programas radiales donde los pastores no anuncian más los verdaderos propósitos del evangelio y mucho menos enseñan el verdadero camino al Reino de Dios. Solo las interminables supuestas necesidades de sus ministerios que solo esconden sus ambiciosos deseos de poseer más y más, pues nunca se sacian.

Me cansé de los ministros vanidosos que aparentan humildad, que siempre se predican ellos mismos. Porque gastan el tiempo alardeando de las virtudes de sus propias instituciones, sus propios logros y que les gusta ser idolatrados por sus miembros aunque lo disfracen diciendo que es amor.

Me cansé  de ver la realidad de la vida de la iglesia de nuestro país, miles y miles de miembros estereotipados y etiquetaos como líderes. Todos ellos sumidos en la ignorancia y el abandono pastoral, confortados por el engaño de las enseñanzas supersticiosas de sus líderes, que solo los ven como gente a quien utilizar y presionar para llenar sus reuniones y bolsillos. Con la mal vendida idea de que sirven a Dios, sin realmente preocuparse por sus vidas y el futuro que les espera.

Me cansé  de los llamados seminarios explosivos de iglecrecimiento y avivamiento, donde enseñan a los llamados líderes que la forma de llegar a ser fructíferos y discípulos es ganando almas, cuando en realidad su verdadero deseo es que sean instrumentos para llenar sus iglesias,  muy diferente a lo que la palabra de Dios nos enseña acerca de lo que es ser un verdadero discípulo.

Me cansé   de  escuchar tanto mensaje predicado con tendencias proselitistas que tanto gustan ala gente, porque los colocan dentro de una elite evangélica privilegiada excluyente y de moda, que de cierto ellos ya tienen su premio.

Me cansé  de la enseñanza y predicación  terrenal de los pastores modernos, donde solo guían el alma del hombre a correr tras las añadiduras y a desear más y más y más, para supuestamente ofrendar y diezmar más, que de cierto les digo que ellos ya tienen su premio.

Me cansé hasta el hastío saber de las infinitas campañas de milagros y reuniones de oración sanadora, todas con el evidente y exclusivo propósito de abarrotar sus templos. Ofreciendo esos horribles y pecaminosos amuletos evangélicos.

Me cansé de escuchar información sobre evangelistas que tienden a soplar sobre las personas y multitudes. Me desaniman, porque sé  que de esa manera incitan e influencian a las personas a prestarse fanáticamente a “caer bajo el poder de Dios”. Con el único objetivo de sacar fotografías o filmar el acontecimiento y después hacerse ricos y famosos en otros países.

Me cansé de la gente que necesita bozales, que no sabe ni quiere ser libre y no logran caminar por si mismos y con principios, gente que no vive una vida propia sino la vida de sus pastores o ministros. Considero intolerable convivir con aquellos que se conforman con una existencia bajo el dominio del hombre y de la ley y no bajo el dominio del inmenso amor de Dios, cuyo único propósito es introducirnos en su reino.
Me cansé, de tener que estar explicando la profunda diferencia que existe entre la verdadera fe bíblica y las creencias populares supersticiosas basadas en un revoltijo de versos bíblicos fuera de contexto y estimuladas por falsas profecías.

Me cansé, además de igual manera de la injusticia administrativa que opera dentro de muchas iglesias donde se gastan miles y millónes en construir edificios, colegios, emisoras de radio y hasta canales de televisión, aún a costillas de los más pobres, de los huérfanos y las viudas a los cuales estamos obligados a ayudar según la palabra.  En lugar de desperdiciar los recursos en edificios y templos que se convierten en herencias pastorales.  ¡Que gran diferencia con los ejemplos bíblicos de justicia y amor al prójimo demostrado, donde el fin último es que nadie tenga necesidad de nada!  Hoy eluden su responsabilidad bajo humanismos mezquinos de solo orar y enseñar a dar diezmos y ofrendas en lugar de ayudar al necesitado.

Me cansé, y no aguanto más cultos para atar demonios y vuelos en aviones para ungir y para quebrar maldiciones que están sobre mi país, y sobre el mundo y que hasta hoy ningún resultado es palpable, al contrario, la pobreza, la corrupción, la degeneración y la violencia y herejías satánicas crecen en  todo el territorio nacional y en  cualquier ámbito social  de nuestro país.

Me cansa, la aburrida repetición de las teologías sin creatividad ni riqueza poética. Me dan lástima los teólogos que se contentan reproduciendo lo que otros escribieron hace siglos.  Presos de los moldes que les imponen sus escuelas teológicas, no logran  admitir, que existe el punto de vista de Dios en la lectura de las sagradas Escrituras y no la interpretación antojadiza de los hombres. Conviven con una teología prefabricada. No alcanzan a ver su pobreza porque creen que basta profundizar en el conocimiento “científico” de la Biblia y que gracias a ello develarán los grandes misterios de Dios.

Me cansa, la lectura simplista que algunos sectores evangélicos hacen de la realidad; me siento triste cuando percibo que la injusticia social es vista como algo místico y satánico, como una conspiración. Y, no como fruto de una construcción social perversa. No se consideran los siglos de preconceptos, ni que existe una economía perversa que opera privilegiando injustamente a las elites desde hace siglos, dentro de la misma iglesia.

Me cansan los estereotipos pentecostales. Que doloroso es observarlos no hay una visitación real del Espíritu Santo. Solo buscan crear ambientes espirituales con gritos, lloros forzados y manifestaciones emocionales, pero sin AMOR A LAS ESCRITURAS. No hay nada más infecundo que un culto pentecostal con una coreografía cuidadosamente estudiada  y decorada, pero sin fuerza espiritual.

Me cansé de las preguntas que me hacen sobre la conducta cristiana y el legalismo, me cansa esa mentalidad pequeña, que no sale de las insignificancias, que no concibe un ejercicio de culto más hecho con el corazón, que con rituales fuera de contexto. Que no piensan en los grandes temas del reino.  Recibo todos los días mensajes electrónicos de personas que me preguntan si pueden beber vino o si el vino que bebía nuestro señor era vino o jugo de uva. Que si pueden usar piercing, hacerse tatuajes, recibir tratamiento de acupuntura, velas, aromaterapia o practicar  tai chi y un sin número de preguntas banales cuya lista es enorme y parece interminable.

Me cansan los libros evangélicos traducidos a nuestro idioma, no tanto por las traducciones mal realizadas, ni tampoco por los ejemplos tomados del béisbol, que nada tiene que ver con nuestra realidad latinoamericana.   Ya no aguanto más todos esos libros con diez leyes o veintiún  pasos para cualquier cosa. No logro entender como una iglesia tan vibrante como la nuestra necesita copiar ejemplos del norte, donde la abundancia de ignorancia es tanta que los profetas mismos anuncian el pecado de la complacencia terrenal entre los creyentes, diciendo “traiga y recibirá lo que siempre a querido y esperado Dios me lo dijo.”

Me cansa oír a pequeños pastores expresar sus sueños de comprar terrenos y edificar edificios mal llamados “templos” como la meta y el sueño de su vida, olvidándose de edificar el verdadero templo. Lo cual me muestra que el concepto de éxito ministerial lo toman de los grandes empresarios mal llamados “ministros de éxito” y no del concepto bíblico de construir o edificar el verdadero templo, la verdadera iglesia, la casa de Dios o Cuerpo de Cristo nosotros mismos.

Me cansé de tener que opinar de nuevo si estoy de acuerdo o no con otro nuevo modelo de iglecrecimiento copiado y que está siendo adoptado aquí para continuar el círculo vicioso.

Me cansa, la falta de belleza artística de los evangélicos. Recientemente asistí a un concierto de música evangélica, solo para salir de allí totalmente desolado. La música era la misma, repetitivas baladas.  Con una música mediocre, con una poesía ordinaria y corriente  y  lo peor, se percibía el interés comercial  tras el evento con  el “! Diga no a la piratería, compre solo discos originales”…

Me cansé de tener que dar explicaciones todas las veces que haga cualquier negocio en nombre de nuestro ministerio. Al extremo de tener que demostrar que nuestra iglesia no tiene ninguna deuda impagada, que no es rica y que vivimos con un presupuesto ajustado pues trabajamos para mantenernos. No existe nada más extenuante que ser obligado a demostrar, a nuestros familiares y amigos no evangélicos, que los escándalos que los periódicos publican sobre ministros corruptos, pederastas o adúlteros de tal o cual iglesia, no representan a la gran mayoría de ministros humildes y dedicados a su ministerio que viven dignamente y temerosos de Dios no son todos.


Me cansan las evidentes vanidades religiosas, los títulos que se auto imponen y los honores humanistas. Es agobiante observar a los líderes que adoran los títulos y los cargos pomposos.

Me cansé de las vanidades académicas, con maestrías y doctorados en divinidades. Que solo sirven para enriquecer currículos y que generan auténticos pavos reales, llenos de soberbia, prepotencia y orgullo auto idolátrico, mitómanos que se alimentan del servilismo de sus seguidores.

Me cansé y no soporto más escuchar que otro pastor o líder más se autoproclamó “apóstol” aún y cuando nunca en su vida ha hecho la más mínima obra apostólica, me molesta que se autoproclamen “profetas” ha sabiendas que dice la palabra de Dios que profetas hasta Juan. Me molestan sinceramente, pues deberían actuar como siervos. Ellos se proclaman y predican así mismos como patrones, amos y señores de sus iglesias.  Muy lejos del principio bíblico establecido por nuestro Señor de que el mayor sea nuestro servidor (siervo).

Se que estoy cansado

Sin embargo, no permitiré que mi cansancio me vuelva cínico e igual a ellos. Ni mucho menos un amargado. He decidido luchar para no torcer, contaminar ni atrofiar mi corazón.

Por eso, elijo no participar de esa máquina religiosa que fabrica iconos humanos con nombres rimbombantes.

No pelearé por los primeros lugares en las fiestas solemnes patrocinadas por gente importante.

Jamás ofreceré mi nombre para integrar la lista de oradores de cualquier conferencia promotora de mercantilismo eclesiástico.

Renuncio a querer adornar mi nombre con títulos de cualquier especie, solamente usaré el titulo  de SIERVO DEL SEÑOR,  ese que Él mismo me ha dado.

No deseo ganar aplausos de masivos y famosos auditorios, diciendo a los demás lo que ellos quieren oír. Asistiré si a aquellas conferencias donde se promueva la verdad y el amor de Dios que beneficie eternamente al Cuerpo de Cristo y nos lleven a heredar el reino de Dios.

Buscaré la convivencia de los pequeños grupos, en donde la grey ame de corazón a mi Señor y  seguiré extendiendo mi mano al menesteroso. 
Mi refugio será al lado de personas simples, pues quiero aprender a valorar los momentos sencillos de la vida que Jesús vivió y que gracias a Él puedo vivirlos ahora.

Leeré más poesía bíblica para entender el alma humana, para continuar soñando que algún día veremos a los llamados grandes sentarse junto a nosotros, para dar vida a los demás.

Deseo meditar en la palabra, tantas veces como pueda al ponerse el sol, para en silencio agradecer a Dios por su fidelidad.

Quiero volver cada mañana a orar en lo secreto de mi cuarto, donde mi padre seguramente está. Y, quiero leer las escrituras, como si fuera una carta de amor de mi padre.

Seguramente existen otros que se encuentran tan cansados como yo.

Sí, ese es tu caso, te invito a cambiar de agenda;  a romper con los paradigmas religiosos que absorben tus energías y la vida que Dios nuestro Padre nos dio a través de Jesucristo; a amar las escrituras y estudiarlas con profundo entusiasmo, responsabilidad y dedicación. Y, volver a avivar el fuego que había en ti.

Jesús afirmó que de nada sirve ganar el mundo entero si perdemos nuestra alma.  Por ellos déjame recordarte que todavía hay tiempo de salvar la nuestra…


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