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Las Estructura PolÃticas y Sociales 06 Abr, 2004 - 14:53:00Pocas décadas después de la llegada de Colón, el gobierno español ya tenÃa una jerarquÃa muy organizada en Las Indias.
que se consideraban parte del territorio nacional. El rey delegaba directamente su autoridad a un noble español con el tÃtulo de virrey. Durante el siglo XVI se establecieron dos virreinatos: el de Nueva España, creado en 1535 con capital en la ciudad de México, incluÃa todo el territorio del antiguo México (desde Nuevo México, Texas, California hasta lo que hoy es Guatemala) y el de Nueva Castilla, establecido en 1543, cuya capital era Lima, que reemplazó al Imperio Incaico (hoy Ecuador, Perú y Bolivia). Con menor jerarquÃa polÃtica, habÃa territorios más militarizados, gobernados por capitanes: las capitanÃas de Guatemala (hasta lo que hoy es Panamá), de Cuba (que incluÃa La Española y Puerto Rico), de Venezuela y de Chile. En el siglo XVIII se crearon otros dos virreinatos: La Nueva Granada, con capital en Bogotá (1739), y Buenos Aires, con capital en La Plata (1776).
Además de los virreyes, existÃa en América una institución judicial llamada la Audiencia, constituida por unos ocho oidores que controlaban a las autoridades polÃticas. Los virreyes, además, eran visitados con frecuencia por representantes del rey para supervisar su fidelidad a la Corona. Este complicado aparato polÃtico respondÃa, en parte, a la preocupación constante de la Corona española por controlar sus territorios en América. Pero también reflejaba los debates internos del gobierno español, que por un lado fomentaba el afán de lucro y el trabajo forzado de indÃgenas y de africanos, pero por otro lado expedÃa leyes para proteger los derechos cristianos de los indÃgenas y prevenir los abusos. La autoridad era contradictoria y difusa. Un dicho común en las colonias era: “la ley se acata pero no se cumple”, es decir, se reconocÃa el mandato del rey, pero sus leyes tenÃan poco impacto en la práctica. Por ejemplo, por razones religiosas y polÃticas, en todos los territorios españoles estaba prohibido el tráfico de esclavos –los traficantes de esclavos eran ingleses, franceses, portugueses y holandeses–, pero en realidad la compra y venta de esclavos africanos fue una parte fundamental de la economÃa colonial.

La pirámide social de las colonias ibéricas era bastante fija, y estaba basada en una clara distribución desigual de la riqueza, el trabajo y la raza. En la cima de la pirámide, con el mayor poder polÃtico y económico, estaban los españoles venidos de Europa. Junto a ellos, pero con menor influencia polÃtica, estaban los criollos: americanos de "pura sangre" española que generalmente eran latifundistas y tenÃan pleno acceso a la educación. En el estrato medio, generalmente artesanos o pequeños propietarios de tierras, estaban los mestizos: estos eran una mezcla de indÃgena y español. En escala descendiente habÃa un gran número de otras "castas" o mezclas raciales: mulatos (negro y español), zambos (negro e indÃgena), etc. Por fin, en la base de la pirámide y destinados a los trabajos más duros en las minas y la agricultura, estaban los indÃgenas y los esclavos africanos.

Estas estructuras polÃticas y sociales también se expresaban en el desarrollo urbanÃstico. Las ciudades se organizaban alrededor de una plaza mayor central, donde se hacÃa el mercado semanal, y donde se encontraba el palacio de gobierno y la iglesia principal o catedral. Cerca de la plaza vivÃan las personalidades más influyentes –autoridades, familias adineradas de españoles o de criollos–, y estaban los conventos y las universidades. En la periferia vivÃan los ciudadanos de menor categorÃa: mestizos, mulatos, indÃgenas. AsÃ, las ciudades reflejaban la estratificación de la colonia, basada en la “pureza” de sangre española, y con muy pocas posibilidades para ascender en la escala social. Pero esta estructura expresa también el continuo contacto entre clases y grupos diferentes en la plaza mayor, para el mercado, las Audiencias, y las festividades religiosas que, además del contacto sexual entre las distintas castas, creó el sincretismo cultural y racial que hoy caracteriza a América Latina.
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