PolÃtica 05 Abr, 2004 - 17:34:00España efectuó dos importantes empresas pobladoras durante el siglo XVIII...
el reforzamiento de muchas fronteras, inseguras y abandonadas, y la colonización de diversas áreas, en su mayorÃa interiores, que se encontraban despobladas. De ambas iniciativas, que se realizaron a escala continental y con empeño coordinado, existÃan ejemplos en España. En los dos casos, el americano y el español, la ciudad fue un elemento clave, tanto para vigorizar los espacios vacÃos interiores, como para reforzar la larga frontera hispanoamericana.
Tal polÃtica tuvo claros objetivos estratégicos y fue dirigida, unitariamente, desde el lejano Consejo de Indias. Resulta importante conocer los alcances y resultados de dichos ensayos para evaluar sus rasgos en Guatemala. El Reino de Guatemala, también tierra de frontera y espacios marginales o de pobre rendimiento, fue tomado muy en cuenta en la estrategia de dicho Consejo, tanto asÃ, que se consideró elevarlo a la categorÃa de Virreinato, lo cual no se efectuó por causas coyunturales.
Una de las grandes preocupaciones de la Administración durante el siglo XVIII fue la de definir las fronteras españolas para impedir el expansionismo de otras potencias. Hasta 1689, en los territorios continentales ocupados por Gran Bretaña, Francia, Holanda y España, existÃan amplias zonas que no constituÃan motivo de preocupación, ni ocasionaban graves problemas al Consejo de Indias. Sólo por el Mato Grosso español se producÃa, peligrosamente, el expansionismo portugués, y Brasil resultó con unas dimensiones que no estuvieron contempladas en el Tratado de Tordesillas. Pero desde entonces los espacios entre España y las otras potencias se habÃan reducido, en algunos casos a extremos exagerados, como entre Haità y Santo Domingo, lo cual generaba dificultades en América del Norte, en Guayana y en Darién. Esas fronteras indefensas permitieron la ocupación francesa del sureste de América del Norte (Luisiana), en un área importante con fachada privilegiada frente al Golfo de México, en un afán expansivo parecido al del Caribe, que estaba prácticamente internacionalizado. Dicha intención fue imitada por Gran Bretaña en la tierra firme, en las costas del Mar Caribe, por medio de penetraciones en Yucatán, Belice, Honduras y Darién, asà como lo hizo Holanda en la Guayana y las otras dos mencionadas potencias en otras regiones.
En el siglo XVII se emprendió la gran defensa de las Indias, para lo cual se amurallaron puertos y ciudades costeras y se multiplicaron bastiones, fuertes, fortines, baluartes y castillos en todos los puntos estratégicos. Durante el siglo siguiente, en cambio, la geopolÃtica se orientó a eliminar la vaguedad de las lÃneas fronterizas, y se trató de asegurar los lÃmites por medio de la fundación de nuevos poblados a lo largo de las fronteras, lo cual sólo se consiguió tras complicadas y nada fáciles operaciones organizativas. Se fomentaron asà los asentamientos humanos, generalmente con urgencias estratégicas, como el presidio, que se tuvo como una solución cÃvico-militar, ejemplar en las fronteras del Norte y del Sur del mundo hispánico. Esta situación se produjo en contacto directo con terrenos de otras potencias (Luisiana, Florida, Venezuela, Paraguay), asà como frente a indios belicosos y nómadas (Nueva Vizcaya, Sonora, Sinaloa, Nuevo México, Texas en el Norte, Chile en el Sur).
El Reino de Guatemala fue escenario igualmente de estos afanes, pues también tuvo, con trazas poco más o menos marcadas, una frontera que proteger o recuperar: los enclaves ingleses de Belice (1714), la Isla de Roatán (1742) y la Costa de los Mosquitos. Los tres casos se habÃan originado por el vacÃo poblacional que padecÃa la región, a pesar de sus potenciales recursos económicos basados en la explotación del palo de Campeche y otras maderas preciosas.
La segunda gran operación colonizadora se orientó a la repoblación de los espacios abandonados en las regiones interiores, y si bien se inició desde los primeros años del siglo XVIII, adquirió más relieve en la segunda mitad de dicha centuria. Se efectuó tanto por el Estado como por la iniciativa privada, aunque siempre sostenida por aquél. En el primer caso, las empresas siguieron fielmente los lineamientos de 1573, avalados por las Nuevas Ordenanzas de Población, en las cuales se incluyeron las pautas de las nuevas fundaciones: respuestas para la promoción social de los pobladores, para realizar asentamientos agrarios frente al desarrollo desmedido de la ganaderÃa, la mesta y la gran propiedad. Estos nuevos pueblos se formaron con población hispanoamericana motivada con incentivos económicos (solares, tierras, etcétera) y sociales (hidalguÃa). Para los promotores y empresarios implicaban un importante negocio, además de conllevar recompensas sociales (autoridad en la zona, tÃtulo de nobleza, etcétera).
La iniciativa estatal también se ocupó de la fundación de nuevos estable-cimientos poblacionales en Europa, una de las promociones más queridas de la Ilustración. En España se realizaron varias, de las cuales la más importante y conocida fue la colonización de Sierra Morena y AndalucÃa (1767-1775). Allà se crearon, con población católica alemana y suiza, 54 núcleos de diferente tamaño, planificados por un Fuero de Población, el cual buscaba una cierta homogeneidad en cuanto a tipologÃa, sistema de cultivos, casas, administración y extracción social de los colonos. También se trató de utilizar las experiencias colonizadoras hispanoamericanas, además de las normativas urbanÃsticas de 1573.
Con semejantes propósitos e iniciativas se hicieron colonizaciones en diferentes regiones americanas, motivadas por una polÃtica de repoblación acelerada, según las coyunturas. Fundamentalmente a partir de 1775, es decir, desde el acceso al poder de la burguesÃa ilustrada, se multiplicaron las acciones defensivas y pobladoras, todas ellas con marcado carácter nacionalista. Estas promociones no siguieron con fidelidad las Ordenanzas de 1573, pero sà las orientaciones urbanÃsticas de éstas. Como algo novedoso, la mayor parte de los pobladores provenÃan de España, pues se habÃan efectuado intensas campañas en Galicia, Canarias, Asturias, Castilla y Cataluña, donde se localizaron familias completas de pobladores que fueron trasladadas a los lugares precisados de repoblación. Con estos contingentes humanos se fundaron núcleos urbanos en Luisiana (Galveston, Valenzuela, Nueva Iberia, Barataria, Concepción), y en Santo Domingo (San Fernando, Montechristi, Dajabón, Bani, Sabana del Mar, San Miguel de la Atalaya). Todos ellos eficazmente afianzaron espacios ante el mundo inglés de América del Norte y el poder francés en Haità en la Isla La Española, pero igualmente desarrollaron colonizaciones agrarias. En Venezuela, Nueva Granada, el RÃo de la Plata, etcétera, se fundaron numerosos nuevos colonatos, hasta hacer del siglo XVIII otro gran siglo de expansión poblacional.
No todos los núcleos urbanos mencionados tuvieron una existencia prometedora, ya que algunos se trasladaron a distintos lugares y otros sólo alcanzaron una vida efÃmera los habitantes fueron distribuidos entre los pueblos vecinos, o no llegaron a consolidarse colectivamente, como ocurrió con la media docena de poblados programados en Patagonia. Los intentos poblacionales durante los gobiernos de los monarcas ilustrados se acometieron de todas maneras como una estrategia eficaz y necesaria, parecida a la empleada por la diplomacia en los obligados intervalos durante los perÃodos de guerra.
El Proyecto del Virreinato de Guatemala La organización espacial hispanoamericana se inició a mediados del siglo XVI, cuando la enorme área geográfica se dividió en dos grandes virreinatos, uno para América del Norte y otro para el Sur del continente. Cada uno tenÃa subdivisiones menores, como audiencias, gobernaciones, capitanÃas generales, etcétera. Se trataba de una estructura que parecÃa destinada a mantenerse inalterable, sobre todo porque fue incorporada a la Recopilación de las Leyes de los Reinos de Indias (1680). No obstante, en 1739 se creó el Virreinato del Nuevo Reino de Granada y, en 1776, se organizó como cuarto Virreinato, el del RÃo de la Plata. Estas dos unidades polÃticas fueron justificadas por razones estratégicas: en el caso de Nueva Granada para finalizar con el permanente comercio ilegal promovido desde islas no españolas del Caribe, como Jamaica, Aruba, Curaçao, Guadalupe, etcétera, y también por el peligro latente de nuevas ocupaciones territoriales. El Virreinato del RÃo de la Plata se trató de justificar por la importancia estratégica que habÃa adquirido la zona: aumento del tráfico marÃtimo a través del Cabo de Hornos, defensa de las Malvinas (recuperadas en 1771), amenaza de ocupación extranjera por un escaso o nulo poblamiento, sobre todo en Patagonia, que resultaba fundamental para el funcionamiento de bases navales de aprovisionamiento y apoyo.
Un quinto Virreinato (el cuarto en orden cronológico, ya que ocurrió en 1761, antes de fundarse el del RÃo de la Plata) fue propuesto para Guatemala, por tener idénticas razones estratégicas: necesidad de suprimir los enclaves extranjeros, vigilancia sobre los dos océanos y fomento de las actividades agropecuarias y de exportación. Esta última estaba orientada tanto al mercado siempre rentable de Panamá, aunque su feria habÃa sido eliminada desde 1735, como hacia La Habana o Cádiz. Asimismo, el contrabando (cacao, tabaco, negros), sobre todo en los puertos del Caribe, era objeto de permanente preocupación, más por el temor a una acción bélica sorpresiva, que por las pérdidas fiscales que suponÃa.
En 1761, según Demetrio Ramos, el mismo Capitán General y Presidente de la Audiencia de Guatemala, Alonso Fernández de Heredia, propuso al Rey y a su Consejo de Indias importantes razonamientos para que el Reino se convirtiera en Virreinato,particularmente por el alto grado de desarrollo urbano y económico alcanzado por el paÃs.
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