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Epoca Contemporanea
Historia de la catedral de Guatemala
30 Mar, 2007 - 14:13:00

Como la misma ciudad de Guatemala, fundada el 27 de julio de 1524, también la Iglesia Catedral conoció varios traslados y reconstrucciones.

Para 1527 se ubicaba en el valle de Almolonga, donde hoy está San Miguel Escobar, donde se edificó un templo dedicado al señor Santiago, a quien tomaron como “patrón y abogado”. Ya para 1536-37, la modesta iglesia mayor de Santiago se convierte en Catedral por la designación del primer obispo de Guatemala. Ya para 1539, el propio obispo Marroquín escribe: “procuré hacer un templo el mejor que yo pudiese… está edificada la casa, retablo, coro, rejas, campanas, ornamentos, cruces de plata y cálices, lámpara...”. Esta Catedral duró poco en Almolonga, pues un deslave destruyó la ciudad la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541. La Catedral sufrió pocos daños, pero inmediatamente se decidió el traslado de la ciudad al valle de Panchoy.

Catedral

El diseño de la segunda Catedral estuvo a cargo del cantero Rodrigo Martínez Garnica, quien es contratado para construirla en 1542. Desarrollando un diseño que sigue el modelo catedralicio español, tenía nave central, dos laterales, dos de capillas, y coro situado en el tercero y cuarto tramos de la nave central para formar un eje con el altar mayor.

En 1543 se realiza el traslado a esta nueva Iglesia, el día de la celebración de Corpus Christi, pues previamente funcionaba en lo que hoy es la Ermita de Santa Lucía. Pronto se señalan reformas al proyecto original. El obispo Marroquín se preocupa y trabaja en la construcción pero muere en 1563 sin ver concluida la obra. Aunque los trabajos son lentos, se continúan las mejoras y la construcción de sus capillas. En octubre de 1620 se termina la capilla de la Virgen del Socorro; la del Sagrario, iniciada en 1638, se inaugura el 9 de septiembre de 1659. Poco a poco van surgiendo las demás.

En 1617 se acuerda que el gran escultor Quirio Cataño concluya el altar mayor de madera iniciado por Pedro Brizuela. En 1659 se construye una nueva capilla y bóveda para el altar del Cristo de los Reyes, lo cual va mostrando la necesidad de hacer cambios más profundos al templo que, hasta ese momento, tenía un techo de madera y tejas. Llego, entonces, el momento de decidir la demolición de este templo y construir otro, mejor diseñado y realizado. Esta decisión fue tomada en 1667 por el Ilmo. Dn. Juan de Santo Mathía Sáenz de Mañosca y Murillo, iniciándose la demolición en 1679 y prolongándose hasta 1671.

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La tercera catedral en el valle de Panchoy
La tercera Catedral ocupa un lugar importantísimo en la historia de la Iglesia de Guatemala por varias razones, especialmente porque fue construida en el momento en que las artes llegaron a su máxima expresión en la época colonial y también porque algunos de sus restos se conservan aún en la hermosa ciudad de Antigua Guatemala. Se inició su construcción el 30 de noviembre de 1671, cuando se colocó la primera piedra sin estar totalmente demolida la anterior. Al principio, se nombró maestro mayor de la obra al español Martín de Andujar y como maestro menor a Joseph de Porres. Ambos contribuyeron a la realización del conjunto.

La construcción avanzó con rapidez, incluso tras la muerte del obispo Sáenz de Mañosca en 1675. El obispo Juan de Ortega Montañés continúa la obra, hasta su dedicación y el traslado del Santísimo desde la iglesia de San Pedro, el 5 y 6 de noviembre de 1680. Juarros describe la ceremonia y la califica como: “la más solemne, suntuosa y completa que se ha visto en Guatemala”. De 1681 a 1684 se terminan todavía algunos trabajos menores. Ya para 1689 esta completamente terminada.

Sin embargo, en 1717, los terremotos del 29 de septiembre le ocasionan daños mayores. Entre 1718 y 1722 es necesario botar y reconstruir el cimborrio, la mitad de la portada y macizar todos los arcos que se hallen abiertos. También fue necesario demoler la torre de las campanas.

En 1743 se eleva la Catedral a la categoría de metropolitana por la erección del arzobispado de Santiago de Guatemala. Para 1751, el edificio sufre nuevos daños por otros terremotos: de nuevo cae el cimborrio, así como el remate de la portada, ocurren grietas en bóvedas, paredes y pilastras. El 29 de julio de 1773, la Catedral vuelve a resultar gravemente dañada por los terremotos de Santa Marta. Quedaron arruinadas enteramente sus bóvedas, cuarteadas sus paredes y amenazando una ruina total su conjunto completo. En cambio, la casa del sacristán mayor apenas se dañó. Sin embargo, se desalojó completamente todo el conjunto, guardando todos los bienes que poseía en los corredores del claustro de la Universidad de San Carlos.

A pesar del traslado de la ciudad y del todos los bienes que pudieran utilizarse para la nueva Catedral, parte del edificio permaneció y allí se trasladó la parroquia de San José, que funcionaba en el viejo salón mayor de la universidad. Actualmente la parroquia de San José ocupa el lugar de la antigua Capilla del Santísimo de la tercera Catedral, pero pueden contemplarse las hermosas ruinas del conjunto monumental, que se conservan magníficamente gracias al trabajo del párroco y rector del templo, P. Juan Carlos Córdova Sierra, quien durante las últimas dos décadas se ha dedicado a conservar el conjunto para la posteridad.

El traslado de la ciudad al valle de la Ermita
Cuando llegó a la corte española la noticia de la catástrofe que había asolado gran parte de Guatemala, y en especial su bella capital, la ciudad de Santiago, el general Sabatini, Director de las Reales Obras encomendó al ingeniero Díez de Navarro el levantamiento de los planos para edificar una nueva capital, a la que se pudieran trasladar las autoridades y vecinos en su totalidad.

Díez de Navarro presentó sus planos el 1 de marzo de 1776, remitiéndolos al Ministerio de Indias, donde el General Sabatini los consideró inapropiados, poniéndoles una serie de objeciones, entre las que figuraba el poco espacio de la Plaza Mayor donde se alzarían los principales edificios públicos y la Catedral Metropolitana, por lo que rechazó el citado proyecto y presentó petición de nuevos planos, que fueran hechos por un arquitecto adecuado que fuera hombre de ciencia, conciencia y experiencia en quien se pudiese confiar la mejor disposición de la Nueva Guatemala.

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Entre tanto, en Santiago de Guatemala muchos vecinos empezaron a alojarse en las propiedades que tenían en los cercanos pueblos de Alotenango, Dueñas y San Juan del Obispo, con la esperanza de que pronto podrían regresar a la destruida ciudad. Los vecinos de Santiago de Guatemala, en su mayoría, figurando como líder de la oposición terronista el Arzobispo Cortés y Larraz, tenían frecuentes reuniones públicas en que manifestaban su descontento por la decisión de trasladar la ciudad. Entraron en franca oposición al traslado, pues sus casas no habían quedado tan maltrechas que no pudieran ser reparadas y con lógica calculaban que serían menores los gastos de reparación que tener que hacer casas totalmente nuevas. Comenzaron sus juntas en la plaza; luego desde octubre de 1773 hasta enero de 1774, se reunieron en la Sala Capitular de la Catedral, que como obreros sin paga y sin contrato, habían logrado parcialmente reparar; sin embargo, los nuevos temblores obligaron al Arzobispo a abandonar el Palacio Arzobispal retirándose al sitio llamado de La Chácara, a donde llegó el 18 de julio de 1774.

El Arzobispo se negaba a trasladarse al nuevo establecimiento del Valle de la Ermita, donde era público y notorio que además de las penalidades de un lugar donde todo escaseaba, se había enseñoreado la peste del tifus que, en menos de dos meses, llevó a la muerte a más de 14 vecinos, a pesar de los esfuerzos de higiene y salubridad que trató de imponer el Capitán General Don Martín de Mayorga y su junta de sanidad. Entre alborotos, enfermedades, protestas y órdenes terminantes de las autoridades civiles, finalizó 1774 y pasó 1775, sin que se llevase a cabo la trasladación formal al nuevo sitio de La Ermita.

El 2 de diciembre de 1775, don Martín de Mayorga recibió plenos poderes para que efectuara el traslado de la ciudad. No obstante, ni los mismos miembros del Ayuntamiento se dieron prisa alguna por emigrar. El 24 de diciembre, Mayorga sumamente contrariado, ordenó que todos los capitulares salieran el día 29 de diciembre hacia La Ermita.

CatedralEl 2 de enero de 1776, se realizó el primer Cabildo en el establecimiento provisional de La Ermita, donde los Alcaldes Ordinarios por Depósito de Vara, don Manuel de Batres, don Ventura Náxera, Regidor, el Alguacil Mayor don Basilio Romá, don Juan Fermín de Aycinena, Depositario General, y otros ilustres señores, establecieron que ninguno de los individuos del Noble Ayuntamiento podrían salir del citado lugar. Nombraron dos regidores para hacerse cargo de la introducción del agua potable, y otros dos para que se encargaran del aprovisionamiento de víveres, el mercado de su venta y el sitio donde se construiría la nueva ciudad.



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