24 Ago, 2009 - 12:04:05
De su arquitectura, sólo quedan montículos cubiertos por tierra y grama rodeados de un marco de vegetación, aire fresco y el canto de guardabarrancos y cenzontles
Una ciudad que, aunque fue destruida por los españoles después de quemar a los gobernantes Oxib´ Kej (Tres Venados) y B’elejeb’ Tz’i’ (nueve perros), en la primera mitad del Siglo XVI, sigue siendo un sitio atractivo para los guías espirituales, el pueblo k’iché y los turistas.
Algunos textos explican el nombre de Gumarkaaj como cielo quemado, en recuerdo del incendio ocasionado por los conquistadores. Pero Apolinario Racancoj Morales, el trabajador más antiguo del sitio arqueológico e investigador empírico, aporta otra versión que forma parte de la tradición oral.
Según Racancoj, el nombre Gumarkaaj se origina en las construcciones de estuco y madera de la época. Con el tiempo, la madera se deterioraba y a esos pedazos se les denomina q’uma’r (madera podrida) y por estar arriba, le llamaban Kaj (cielo) de allí proviene el nombre Q’uma’r Kaj (cielo podrido).
Gumarkaaj fue fundada originalmente en Pasmachí, a tres kilómetros del sitio actual, alrededor del año 1225, D.C, por los cuatro grandes hombres: B’alam Kitze’, Balam Aq’ab, Maju Kutaj e Iq’ B’alam, dice Racancoj.
Los cuatro fundadores representan los cuatro puntos cardinales. Posteriormente se reporta el arribo del guerrero azteca Quetzalcoalt, quien adquirió el nombre de Q’uq’ kumatz (hombre-serpiente emplumada o la serpiente en forma de quetzal).
Según la mitología, este guerrero se transformaba siete días en hombre, siete en serpiente y siete en jaguar. Al estar en su condición de hombre, tuvo una visión que le adelantó la invasión de los españoles. Por ello, planificó el traslado de la ciudad a un lugar más seguro y estratégico. En el año 1400 D.C. se trasladó al sitio actual.
El diseño de Gumarkaaj se basa en el“Cholq’ij” (calendario maya) y está bajo las influencias de los gobernantes Oxib’ kej y B’elejeb’ Tzi’. Ambos, para perpetuar su memoria, le dieron a la ciudad la forma de tres animales.
Dependiendo del lugar donde se ubique el visitante, se puede apreciar la figura de un venado, en honor al primer gobernante. Desde otra perspectiva, se divisa a un perro, en honor al segundo. La tercera figura es la de un quetzal, en honor al fundador, Q’uq’kumatz. Las tres se visualizan bien en la maqueta del museo local.
En las mismas instalaciones hay osamentas humanas, que podrían ser de gobernantes, identificados hace 35 años por la antropóloga Raquel Macario, originaria de Chichicastenango.
Entre los principales atractivos del sitio está la plaza central, utilizada para ceremonias religiosas, así mismo, el templo Tojil, su construcción más alta y varios montículos.
Varias cuevas del lugar han generado leyendas locales. Algunos aseguran que están conectadas con otros sitios arqueológicos. Una de ellas, usada por guías espirituales para ceremonias, tiene ramificaciones que según la tradición, conecta con Quetzaltenango.
Apolinario Racancoj se tomó la tarea de recopilar la tradición oral relacionada con la ciudad directamente de los ancianos más importantes de la región. Uno de ellos, fue Miguel Morales, el primer gobernador departamental de Quiché en el período de Jorge Ubico.
Es necesario que la municipalidad de Santa Cruz del Quiché, promocione el sitio para el que los turistas aprecien este lugar histórico, indica Racancoj, quien ha solicitado al gobierno edil proveerle de los servicios básicos.
Los visitantes pueden tomar un autobús que parte del parque central de Santa Cruz del Quiché, hasta el sitio arqueológico, cada 15 minutos. La ruta está asfaltada y el costo de admisión es Q5 para los nacionales y Q20 para los extranjeros. Los guías espirituales están exentos, previa identificación.
Fuente: dca.gob.gt
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