No todas las ciudades se desarrollaron al mismo tiempo. En los inicios de la cultura maya, las tierras altas edificaron las primeras construcciones. En el apogeo de la Época Clásica, entre los años 250 y 900 de nuestra era, las tierras bajas vieron florecer grandes ciudades, como Tikal, localizada en el corazón del Petén guatemalteco. Después de esto, el impulso creador se movió a las planicies y mesetas del sur de la península de Yucatán, en donde las ciudades Puuc tuvieron su momento de gloria.
Cada ciudad maya mantiene un estilo propio, aunque diferentes regiones y épocas presentan similitudes que se extienden a los centros ceremoniales dentro de ellas. Cuando visitamos las ruinas que aparecen de pronto entre la selva, no podemos menos que admirar las obras de ingeniería que garantizaban el abasto de agua y alimentos a los habitantes; los finos decorados de estuco; las estelas de piedra, mudos testigos del sistema calendárico más avanzado del mundo de entonces; la amplia red de carreteras que cruzaba todo el territorio, y que unía a las ciudades en el comercio y el intercambio.
Los nombres de las viejas ciudades fueron olvidados. Los que usamos hoy fueron inventados por exploradores y misioneros, viajeros y arqueólogos. Uno de los pocos nombres prehispánicos que ha llegado hasta nosotros es el de la ciudad de los brujos del agua, Chichén Itzá
TIKAL
La Gran Plaza
Los templos que emergen airosos de la selva, de paredes casi verticales, tienen la base moldeada y las esquinas compuestas, para acentuar aún más la impresión de altura. Sobre los muros posteriores se aprecian las típicas cresterías de Tikal. Las escaleras suben por el frente y no tienen ningún punto de apoyo en los costados, lo cual imprime una sensación de mayor verticalidad todavía al cuerpo del edificio.
Altos edificios
Los templos que emergen airosos de la selva, de paredes casi verticales, tienen la base moldeada y las esquinas compuestas, para acentuar aún más la impresión de altura. Sobre los muros posteriores se aprecian las típicas cresterías de Tikal. Las escaleras suben por el frente y no tienen ningún punto de apoyo en los costados, lo cual imprime una sensación de mayor verticalidad todavía al cuerpo del edificio.
Muchos de los palacios contienen una o dos hileras de habitaciones, en un solo piso, pero en Tikal también son comunes los edificios de dos, tres y hasta cinco pisos. El énfasis puesto en la altura y la verticalidad le da un toque imponente a la ciudad. Tal parece que los constructores querían acercarse al cielo y a sus dioses de esta manera, y al hacerlo, levantaron los edificios más altos de la América antigua. Uno de los templos de Tikal llega a los 70 metros de altura.
Fuente: mexconnect.com