Siglos antes de que Europa tuviera noticias de un Nuevo Mundo,
la civilización Maya iniciaba en él su poderoso desarrollo cultural. Desde el siglo IV de nuestra era, los Mayas elevaron majestuosos monumentos cuajados de relieves, establecieron un calendario exacto, cultivaron las artes y desarrollaron la agricultura. Habitantes de lo que es ahora Guatemala, Honduras y El Salvador, habían alcanzado un alto grado de civilización, como así lo prueban sus manifestaciones artísticas, su forma de gobierno, y, sobre todo, los libros que escribieron durante los primeros años de la dominación española.

Los libros indígenas más relevantes son el Memorial de Tecpán Atitlán y, sobre todo, el Popol Vuh. Importante no sólo por la belleza de su prosa, sino porque narra con precisión las tradiciones, leyendas y costumbres de los indios mayas.
Cuando llegaron los españoles en 1524, hacía ya muchos años que las ciudades mayas de Centroamérica estaban en ruinas sus habitantes las habían abandonado para marcharse al Norte las causas exactas de esta emigración no son conocidas. No eran los Mayas, sin embargo, los únicos pueblos de Centroamérica. En Costa Rica vivieron unos cuantos miles de indígenas pertenecientes a varios grupos étnicos: los Huétares se distinguieron por su arte en labrar la piedra los Bruncas explotaron los yacimientos de oro de la región y fueron los mejores orfebres del país, pero trabajaron también la cerámica y la piedra los Chorotegas trabajaron la cerámica polícroma y las piedras duras como el jade.

Nicaragua, toma su nombre del cacique que dominaba el territorio antes de la llegada de los pioneros conquistadores: Nicarao. Cabe señalar que los Nicaraos habían llegado desde tierras mexicanas a raíz de la caída de Teotihuacán. Según la tradición, por consejo de sus sacerdotes, debían marchar hacia el Sur y no parar hasta llegar a un lago con dos volcanes. En la costa atlántica, entre selvas, pantanos, lagunas y ríos, vivían las tribus de los Miskitos, Sumus y Ramas, de filiación caribeña. La prueba más antigua y más clara de la presencia del ser humano en la región de los lagos de Nicaragua es, sin duda, las Huellas de Acalhualinca, cerca de la actual costa del lago de Managua. Estas huellas fueron impresas sobre barro fresco e inmediatamente cubiertas y preservadas por cenizas volcánicas. Este descubrimiento señala un éxodo forzado por alguna erupción volcánica, hace ya más de 10.000 años.