Don Luis González Chavajay, cuando era joven comerciaba mucho, salía y entraba a otros municipios, en esa época transitaba mucho sobre el lago de Atitlan.
Una vez el referido señor González, se levantó de muy noche para ir de viaje, tenía que ir a traer a otro señor quien era encargado de transportar la venta en un cayuco, en eso vio un personaje blanco, tenía una altura como de ocho brazadas y sus pies posaban sobre los muros de cada uno de los lados del camino.
Entonces al ver esto don Luis se asusto mucho, pero al rato se le vino en mente lo que le habían contado sus compañeros cuando eran niños, que cuando vieran algún espanto.
Lo primero que debían hacer era coger cuatro cigarros y cuatro cerillos entrelazados y tirarlos encima del espanto.
Esto era suficiente para liberarse y entonces el inmediatamente recogió cuatro cigarros, los entrelazo y los echo encima del espanto este al rato cayo como si se hubiera derrumbado el muro de piedra y al instante desapareció, de allí don Luis continuó su camino.
Al llegar con el señor su compañero de viaje, le preguntaron porque había tardado, entonces contó lo sucedido en la calle.
Don Luis actualmente tiene 71 años, confirma la existencia de los espantos y que estos no son ninguna mentira ni broma, porque el mismo lo ha vivido.
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