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Curiosidades
El deseo de aprender
11 Oct, 2009 - 09:22:19

El afán por saber es innato al ser humano desde que nace. En los primeros años de nuestras vidas todas las cosas que acontecen a nuestro alrededor son nuevas para nosotros, por lo tanto el deseo de conocer es una necesidad que tiene el pequeño para poder desenvolverse en el mundo.

La curiosidad es una de las características más evidentes de los niños, que constantemente someten a un interrogatorio a los mayores con preguntas del tipo de: ¿Esto qué es?, ¿Por qué pasa esto?, etc. En un principio se contentan con cualquier respuesta, pero poco a poco empezarán a ser más exigentes en las contestaciones a sus preguntas.

Posteriormente, cuando los niños empiezan a ir al colegio y entran en el mundo académico, la necesidad de aprender se convierte también en una obligación. Los niños aprenden no sólo para adquirir un mayor conocimiento, sino también por una necesidad más inmediata, la de sacar unas buenas notas o aprobar las asignaturas.

No obstante, todas las personas nos hacemos constantemente preguntas sobre lo que nos rodea, hacemos o hacen los demás, cuestionamos todo lo que nos acontece y sentimos curiosidad por las cosas. La sagacidad de nuestras preguntas y lo que ahondemos en ellas o lo insistentes que seamos en encontrar la respuesta que nos satisfaga, denotará un carácter más o menos curioso por los hechos o acontecimientos.

Esta curiosidad puede ser el indicio de un desarrollado afán de aprender, que lejos de estar refiriéndonos a personas cotillas o curiosas por la vida cotidiana de los demás, nos estamos refiriendo a personas con verdaderas inquietudes por saber o aprender sobre temas que le aportan más sabiduría y conocimiento.

Hay personas que observando y reflexionando aprenden de todo lo que les rodea y de todos. Son personas lo suficientemente humildes como para saber que todas las personas y todas las circunstancias de nuestra vida pueden enseñarnos algo nuevo; los niños, los mayores, quienes consideramos más preparados que nosotros y a quienes consideramos intelectualmente inferiores a nosotros, absolutamente todos pueden enseñarnos algo nuevo que desconocemos y nos aporta sabiduría.

No sólo nos enseñan las actitudes positivas de los demás o los acontecimientos positivos, también podemos hacerlo de los hechos o acontecimientos negativos como el desprecio, el desengaño, la enfermedad o el dolor. En general, forman parte de la escuela de la vida y de nosotros depende lo mucho o poco que aprendamos de esos acontecimientos.

Resulta muy beneficioso para nosotros aprender de los fracasos, aprovechándolos favorablemente. El fracaso no se debe convertir en una fuerza destructiva, sino que deberíamos aprovechar la rabia que sentimos cuando algo no sale como esperamos y convertirla en una fuerza positiva que nos ayuda a seguir luchando. Del fracaso se aprende, nuestros errores son una oportunidad para aprender, es una forma de observar en qué fallamos y corregirnos.

Las personas con afán de saber son personas con grandes inquietudes, que continuamente están deseando saber más sobre algo en concreto o sobre algo nuevo, conocer otros lugares o tratar a fondo a otras personas. En general, son entusiastas y curiosas por la vida y lo que ésta les ofrece.

Hay personas con grandes inquietudes sobre temas específicos, leen sobre ellos y continuamente están recibiendo información sobre ese tema concreto. A unos les apasiona la música y se afanan por saber más sobre ella, otros es la literatura y a otros los diferentes países y costumbres de sus habitantes. Hay temas tan variados como gustos y costumbres.

Las personas que tienen verdadera inquietud por saber no se muestran pasivos ante aquello que les gusta, se esfuerzan por aprender y le dedican esfuerzo y tiempo. Tener conciencia de que están aumentando su conocimiento sobre ese tema les resulta placentero y obtienen gran satisfacción, se sienten motivados y disfrutan haciéndolo.

Fuente: Sonia Marroquín Rojas/DeGuate.com

 


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