25 Abr, 2008 - 11:39:44
¡Cuántas expectativas y cuántos cambios hermosos presenta la adolescencia en la vida de una niña que está convirtiéndose en adulta! Sin embargo, este perÃodo que siempre deberÃa recordarse como uno de los más felices en la vida de toda mujer, puede verse ensombrecido por ciertas situaciones tormentosas y desagradables a falta de un sostén relacional.
En esta etapa en la que se produce el desarrollo fÃsico sexual y psicológico de la niña en mujer, es el momento en el que se producen los cambios más rápidos y profundos. Y esto suele presentar ciertas reacciones adversas en muchas adolescentes. Entre los 11 y los 18 años se suscitan cambios hormonales profundos que podrÃan llegar a general inquietud y mal humor en muchas adolescentes: aunque esto no es una prerrogativa del sexo femenino las niñas acusan estos cambios mucho más que los varones, y al presentarse la regla las niñas comienzan a pensar y a sentir de una manera diferente.
AsÃ, surgen los primeros intercambios de palabras, fruto de los primeros desacuerdos con los adultos que las rodean, y el deseo de cada nueva mujer de afirmarse como un sujeto distinto del yo de su madre se acrecienta dÃa tras dÃa. En realidad, esta nueva mujer se está esforzando por ser independiente, desea probar nuevas sensaciones, vivir nuevas experiencias y asumir nuevos riesgos.
Y es aquà donde entra en el cuadro una vez más el amor y la dedicación de los padres que, sin evitar a toda costa que su hija se lance a tener esas nuevas experiencias, la prepararán desde el punto de vista fÃsico, emocional, intelectual y social para hacer frente de la mejor manera a sus propios cambios. Las primeras experiencias con el sexo, con la bebida, con el cigarrillo y hasta con las drogas usualmente tienen lugar de manera social, es decir, en compañÃa con otros jóvenes, y ellos lo consideran normal e imprescindible para aprender y evolucionar. Es deber y una tarea algo complicada apuntalar y acompañar a las hijas en esta etapa, sin sofocar su autonomÃa, pero sin olvidar que todavÃa son jóvenes y necesitan un mÃnimo de supervisión y apoyo.
Como en todas sus etapas de su sexualidad, la mujer necesita diálogo. Necesita la oportunidad de poner en palabras sus sentimientos y para eso cuenta con su ‘mejor amiga’. Pero si madres, abuelas, primas y tÃas conservan la aconsejada apertura mental, se podrán convertir también en las confidentas favoritas de esta nueva mujer, siempre y cuando brinden un espacio real para la experimentación de la adolescente.
La tristeza, las ganas de llorar, el aislamiento y hasta una leve depresión son cambios tÃpicos relacionados con la sexualidad de la mujer en esta etapa. Sin duda la contención de la familia puede mucho, pero, si no es suficiente, podrÃa recurrirse a la orientación de un profesional de la psicologÃa especializado en Adolescencia para que el pasaje a la adultez se realice de la mejor manera.
Fuente: consejos-de-salud.com